
Con la llegada del Rock and Roll a Mérida, sucedió algo inconcebible, ya que, siendo nuestra ciudad una de las más conservadoras y reaccionarias del país, a partir de ese preciso instante ya nada volvió a ser igual. Se considera a Elvis Presley como el más influyente personaje, históricamente hablando, tanto en la música como en la cultura, al grado de que al finalizar el siglo XX, entre las mentes más brillantes del planeta, científicos, filósofos y miembros de las más prestigiadas instituciones y academias a través del universo (como el título de la canción de los Beatles), se nombró a Elvis Presley como el artista del siglo, así como a Albert Einstein como el hombre del siglo.
Dicho lo anterior, pasemos de nuevo a su efecto en nuestra ciudad, aparejado con la música. En esencia, por primea ocasión se cuestionaba a los adultos, ya que se trataba de una falacia esa especie de guerra entre jóvenes y adultos (“… y aunque digan los vetarros, música infernal…” Aviéntense todos de los Locos del Ritmo… “Todos hablando de hombres ilustres y de Elvis Presley nadie habla, jamás…) presumida de los Teen Tops. Sin embargo, el 90% de las melodías hablaban básicamente de chicas y cosas de la juventud de entonces. Surgieron las famosas neverías, meeting place de los rocanroleros; Vita milk. En el Pasaje de la revolución, paradero de los camiones de “La unión”, la chufa en frente de la Escuela Normal de profesores que se encontraba en donde hoy está el mercado grande y La tropical, a lado de LA CASA DE MONTEJO, paradero de los camiones de la Alianza, el indispensable “traga-veintes” o rockola, era un ritual el que un joven vestido de “rebelde”, pantalón vaquero (jean), copete envaselinado, el cuello levantado, camisas multicolores o chamarras de cuero en invierno para escuchar la tierna “Corina” o “Anoche no dormí”, así como las salvajes “Vuelve tren” de los boppers, “ Danny Boy” de los rebeldes del rock, con el infaltable cigarro entre los labios. Zapatos de goma (hoy “tenis”) o botas. Ellas, por primera ocasión, les subieron un poquito a sus faldas “…Falda a la rodilla, ayy que pantorrillas, auuu auuu…”, como decía la canción “Chica alborotada” de los Locos del Ritmo. Colas de caballo y las más aventadas, pantalones “pescador”, manga sisada.
Los domingos, después de misa (allí también se rebelaron, las niñas se despojaron de la obligada mantilla o mascada), aguantando los regaños, desde el pulpito y el hogar, la ida al cine. Coqueteos en ambos. Las películas mexicanas tuvieron que cambiar su temática y se filmaron verdaderas porquerías, es decir, inocentes churritos, pretextos para observar a los conjuntos y cantantes de rock. Hay que mirar los títulos: “Viva la juventud”, “La juventud se impone”, “Los chiflados del rock and roll”, “Twist, locura de juventud”, etc., etc. Existían famosos bailarines, “Palangna” Elme, Lauro, “Piltrafas”, quien con su pareja ejecutaba proezas dancísticas. Les hacían “rueda”. Para enamorar a una chica había que ir a la “visita” o al cine, acompañados de la sempiterna chaperona, casi siempre la mamá. Hoy, los chavos la pasan bomba. Ellas mostrando sus esculturales cuerpos.
Con estética actúa. Salen sin lastres y acuden a los sports bar solapas, gozan de gran libertad, y todo esto es gracias al rock and roll y su posterior evolución y sus efectos colaterales que se pueden reducir en una sola palabra. Aires de libertad. En todo el mundo se reconoce la importancia e influencia total de Elvis, excepto en un lugar que no se parece a otro: Mérida, Yucatán. Es más, los que dicen que “el rock es una forma de vida”, abominan a Presley y a los pioneros. ¡Prrrrr!, sonora trompetilla para ellos.



