Cultura

50 aniversario de la Academia de Danza Miriam Cazola

En el teatro Armando Manzanero, el sábado 15 de este mes, la maestra Miriam Cazola celebró sus primeros 50 años dedicados a la enseñanza de la danza, en distintas variantes. Para esa celebración, repuso algunas de las obras que había montado, años atrás, para graduaciones. Fui invitado y ahí estuve en la primera parte del evento ya que, por compromiso adquirido previamente, me retiré para asistir a otro evento artístico.

Desde mi butaca veía dos escenas, una concreta y objetiva. Y otra, en mi imaginación, en la casa de los recuerdos. Bailan Cats un nutrido grupo de ejecutantes y vuela mi mente al principio de las cosas, cuando las academias en Mérida se podían contar con los dedos de las manos. Asomaban las academias de Lupita Peraza, Socorro Cerón, Gilda Gamboa y una maestra de apellido Urcelay. Después se asomaría a ese fardo dancístico, la propia Miriam Cazola con una escuela pequeña en la colonia Alemán.

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En Cats las chicas lucen bien, a gusto en sus papeles de gatitos. La obra es extraordinaria en si misma. Es un clásico que se presta para el lucimiento de las bailarinas. Simultáneamente, al avance de la coreografía, me viene el recuerdo de una nochecita que visite a la maestra Cazola en la casa materna, que era el lugar de la academia.

En ese entonces, una exalumna de la maestra acababa de abrir su propio estudio en la Jesús Carranza, dándose, entonces, la expansión de las academias con alumnas egresadas de las mismas academias.

Cats, capta el placer del teatro lleno a plenitud, porque también es noche de graduantes y de celebración del aniversario de la academia.

Inmediatamente después, viene una escena de El corsario, mostrando al público otra faceta de la danza, el ballet Clásico. Entonces, recuerdo que la maestra Cazola dedicó tiempo a conocer y experimentar con otras propuestas técnicas, como las de la maestra Sonia Castañeda, quien censuraba la rotación de los pies abiertos en la técnica del ballet y pedía la desaparición de la cuarta posición de pies, “por antinatural”.

De cerca, muy de cerca, conocí el montaje que hiciera de Lago de los Cisnes y Paquita. Me acordé de cuando montó Napoli de Augusto Bournonville, con un claro éxito.

Antiguamente las academias particulares presentaban funciones anuales de fin de curso. Ello era un trabajo bestial, por la cantidad de participantes, vestuario, costo de las zapatillas de puntas y hacer un repertorio para el lucimiento de cada grupo. Recordé, que a ella le escuché decir, por primera vez, que haría función, cada dos años. Me parece que así ha sido y tomado el ejemplo, otras escuelas del género.

Cincuenta años hablan de evolución en todo lo escénico y tener el privilegio de haber sido testigo, de gran parte de ello, se convierte en una experiencia única.

En tiempos más recientes, la fundadora de la escuela homónima, se hizo naturista y comenzó la labor de transmitir a su alumnado los beneficios de una alimentación alejada de la carne y cercana a las frutas y los vegetales. Además, realizó estudios de naturopatía y con esos conocimientos, brinda ayuda a sus estudiantes cuando se sienten fatigadas o se lesionan en un ensayo.

Con positiva terquedad, les habla a los papás para llevar una dieta sana, que ayuda a la carrera de las alumnas de ballet.

En fin, Miriam Cazola y su escuela arriban a los 50 años, con una plausible evolución en lo dancístico y en lo humano; sabiendo ella hermanar ambas tareas.

Desde EstamosAqui.MX le externamos nuestras felicitaciones, por tan placentera vida.

No puedo poner de lado, que las presentaciones, desde antes que iniciara el evento de ballet, estuvo a cargo de la exquisita presentadora de radio y televisión, Isis Amor, quien manejó de manera estupenda, con gran vivacidad y contagiando alegría, el desarrollo de la función. 

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