
(San Marcos 9:24).
¡OREMOS AL SEÑOR! ¡SEÑOR, TEN PIEDAD!
Padre Santísimo: ante el prolongado dolor de una enfermedad que nos ha mantenido postrados, parece que de nosotros ha desaparecido la fe, la esperanza y el amor. Hemos llegado a quedar como un despojo arrinconado, que tan solo desea vehementemente que sea la muerte la que ponga final y acabe de apagar esa vida disminuída y ya casi inexistente.
Quien la padece, parece no importarle el tiempo transcurrido, pero para sus padres y hermanos, esto se torna en un calvario, en una pesadilla cruel y en una suspensión de todo evento que hable de salud, de paz y de alegría. Ese hogar, más parece una isla abandonada, desolada y empobrecida, que lo que un día soñaron sus fundadores.
Padre Santísimo: ¡Envía Tu Espíritu Santo a estos lugares, a estos hogares quebrantados, donde hasta la fe ha quedado debilitada! ¡Llévanos a brindarles palabras de Vida y conviértenos en Tus colaboradores que estemos llenos de gracia, purificados nuestros labios por Tu fuego divino para que les apliquemos Tu divina unción vivificadora!
¡Por favor, Espíritu Santo, ven a habitar en nuestros corazones, purifícanos de toda mancha, para que pronunciando lo ordenado por Cristo y en Su bendito y poderoso Nombre, les demos la mano para que se levanten, queden salvos y sanos!
Cuando Tú, escuches de esos adoloridos padres el : ¡Sí, creo! ¡Ayúdame en mi falta de fe o en mi pobre y debilitada fe! Tú los fortalezcas y se levanten de sus lechos de dolor.
¡Bendito seas, oh Dios de nuestros amados padres! Amén.



