Opiniones

El denuedo intelectual

Hay decepciones que nacen de la derrota. Y otras que surgen de algo todavía más profundo como la ruptura de la confianza. La primera se supera con trabajo, mientras que la segunda obliga a una reflexión más dolorosa sobre el valor de la palabra empeñada y el significado de la amistad.

En la vida pública, como en la privada, los compromisos no se sostienen únicamente por documentos o acuerdos formales. Se sostienen, sobre todo, por la credibilidad de quienes los asumen. Cuando una promesa relevante es ofrecida y posteriormente incumplida, no solo se afecta un proyecto o una expectativa, sino que corrompe el vínculo de confianza que permitió construirla.

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Sin embargo, es precisamente en esos momentos cuando cobra importancia el denuedo intelectual. Persistir en el análisis sereno de los hechos, resistirse a la tentación del resentimiento y mantener la fidelidad a las propias convicciones exige un esfuerzo mayor que el simple reproche. El denuedo intelectual consiste en no permitir que la deslealtad ajena determine la calidad de nuestros principios. Los mismos que hemos descubierto sobre la marcha de nuestra formación individual y no por decreto.

La falta de palabra es una traición a la amistad y deja cicatrices duraderas. Pero ninguna de ellas debe conducir al abandono de las causas que se consideran justas ni a la renuncia de los valores que les dieron origen. La integridad no depende del comportamiento de los demás, sino de la coherencia con la que cada persona decide actuar.

Quienes confunden la amistad con la conveniencia suelen olvidar que la memoria de los hechos permanece. Quienes incumplen su palabra pueden obtener ventajas momentáneas y fugaces, pero sacrifican un capital mucho más valioso: la confianza. Y una vez perdida, difícilmente puede recuperarse mediante discursos o justificaciones y pretextos.

Por ello, frente a la decepción, corresponde perseverar. Así lo hemos hecho desde siempre. No con ingenuidad, sino con la claridad que solo nos puede permitir la aurora de la razón. El verdadero denuedo intelectual no busca tener siempre la razón, pero sí conservar la honestidad de pensamiento y la dignidad de conducta aun cuando otros hayan decidido apartarse de ellas.

Desde esta certeza, nuestra lucha diaria. A través del pensamiento. Y la escritura.

Manuel Tejada Loría

Escritor, Gestor cultural, Licenciado en Literatura Latinoamericana por la Universidad Autónoma de Yucatán. Premio Internacional de Poesía Mérida (2016) con el poemario "Inmóvil en el viento", y Premio Estatal de Poesía "José Díaz Bolio (2015). Autor del libro "Inmóvil en el viento" (Ayuntamiento de Mérida, 2018). Coautor del libro "El éter de las esferas (Ayuntamiento de Mérida, 2006).

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