Cultura

La imprenta en la península de Yucatán en el siglo XIX (y 2)

Jorge Cortés Ancona, Laura Machuca Gallegos, Marcela González Calderón y Luis Millet Cámara.

Varios de los impresores de la península de Yucatán expandieron sus negocios con giros conexos como el de la edición de libros. Siempre tiene uno que explicar a los que administran el dinero la diferencia que hay entre imprimir y editar y que ambas actividades a su vez se diferencian de la venta al menudeo de los libros. Aquí algunos fueron solamente impresores, pero varios derivaron hacia la edición y luego a ser también libreros. Por eso la autora los llama impresores-editores-libreros

            A la vez estos empresarios fueron tejiendo redes de parentesco y sus negocios se transmitieron por generaciones, como ocurrió con las familias Espinosa y Gamboa Guzmán. Aparecen, aunque en poco número, unas cuantas mujeres ligadas a esta actividad, que entendemos lo estarían más en lo intelectual, en sentido estricto, y en lo administrativo, ya que en su parte operativa se trataba de una actividad manual y, por tanto, estereotipada como de un estrato social bajo, además de muy fatigante debido a factores como la posición corporal, el clima y la paciencia obligada por razones de la impresión continua de los pliegos. La autora, siguiendo a Ambrosio Fornet, destaca que el trabajo de impresor podía considerarse como de un artesano-letrado, por las cualidades requeridas para algunas de las etapas del proceso como la de cajista y la de corrector de pruebas.

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            Marcela González Calderón presenta las genealogías de Francisco Seguí, de la familia Gamboa Guzmán y de Espinosa de los Monteros, con lo cual se puede entresacar un panorama del paso del tiempo en cuanto a las diversas labores que emprendieron y también su vinculación a la historia de nuestras artes visuales. En ese sentido, otra innovación de uso extendido en los impresos es el de la litografía, que llegará tardíamente a Yucatán, primero por encargos a Cuba, luego por algunos intentos aislados en Mérida y ya de manera permanente gracias a José Dolores Espinosa Rendón.

            También aparecerá un nombre ilustre en la pintura: Juan Gamboa Guzmán. Y todavía en el siglo XXI nos encontramos con pintores que llevan los apellidos Espinosa y Gamboa, descendientes de aquellos impresores. Asimismo, otros miembros de esas familias aparecen en la historia de la fotografía, la cual en el siglo XIX se empleó muy poco en cuestión de impresos en Yucatán. Además, se menciona a dos descendientes vivos de los Espinosa, uno de ellos dedicado a ser impresor y el otro boticario como lo fueron sus ancestros, que comercializaron productos medicinales como la Saravia Espinosa.

            En la obra no se habla de los problemas de almacenamiento y conservación de los insumos y productos y tengo claro que es porque Marcela no se topó con ningún dato al respecto, ya que lo hubiera incluido: ¿cómo podían conservar el papel ante el calor y la humedad? Ahora que contamos con aparatos de aire acondicionado los impresores tienen serios problemas de conservación del papel y en aquellos tiempos tenían que enfrentarse también a las plagas, como nuestros destructores insectos, además de roedores y pequeños reptiles, que quizá eran las únicas que podían ser controlados por medio de gatos y perros, pues ignoro qué otro control de plagas habría, más que el humo de algún tipo de resina, con el consiguiente riesgo de un incendio.

            En el libro se habla acerca de los libros editados y los recibidos del exterior, los cuales se ofrecían a la venta en tiendas misceláneas como una mercancía más entre otras, y poco a poco fueron buscando su acomodo aparte y aparecen sólo junto a materiales de oficina y se crean las primeras librerías propiamente dichas, si bien con un número de títulos que ahora nos parece irrisorio, unos cuantos cientos si acaso, en comparación con los miles que se ofrecen en las sucursales de las cadenas de librerías que hay en Mérida.

La autora del libro, Dra. Marcela González Calderón.

            Vemos el germen de algo que todavía existe, aunque reducido, que es el de las librerías que en realidad son papelerías, que tienen un pequeño lote de libros, principalmente de uso escolar, algo que al parecer ha sido común en Hispanoamérica.

            Se nos informa acerca de qué se leía en Yucatán, qué libros se recibían de otras regiones de México y del extranjero. El valor que tenían para sus propietarios, que daba pie a publicar anuncios en la prensa por el extravío de algún volumen, sobre todo si formaba parte de un conjunto. También la difusión prolongada en el tiempo que alcanzaron publicaciones periódicas del siglo XIX como el calendario de Espinosa, que llegó a publicarse casi siglo y medio hasta 1974.

            Entre tantas cosas que Marcela hace notar aparece algo que se ha vuelto común en la historia de Yucatán, que es el de los supuestos vínculos honrosos con el extranjero, de los cuales los investigadores no han encontrado pruebas fehacientes. Tenemos la duda de si Picheta estudió de veras en Italia; el de una publicación cubana del Dr. Ignacio Vado Lugo, que no se ha encontrado ni en uba ni en México ni en ningún lado; o el de la presunta primera odontóloga yucateca, sin pruebas de que se haya desempeñado como tal. Aquí el caso de referencia es el de que José Dolores Espinosa Rendón haya sido director principal de la Litografía del Gobierno y Sociedad Económica de La Habana, pues la autora no encontró en Cuba ningún registro de ello. Lo que sí es cierto es que –aunque tal vez de manera puramente empírica- aprendió la técnica litográfica y la puso en marcha de manera continua en Yucatán.

            Marcela ha efectuado un acucioso trabajo de organización y sistematización de datos provenientes de múltiples fuentes, recurriendo a diferentes tipos de documentos, varios de ellos por cierto manuscritos, como sería el caso de los de tipo legal. Es un trabajo de aprovechamiento de los repositorios públicos y privados que existen, aquí donde hemos tenido tanta destrucción y saqueo de nuestro patrimonio impreso. Por ello constituye un homenaje a quienes han elaborado los productos impresos y los documentos y a quienes los han conservado, así como a muchos de nuestros historiadores.

            Este libro se presenta en estos tiempos de encarecimiento del papel debido a la escasa producción mexicana destinada a la impresión y a la guerra Rusia-Ucrania, que ha hecho que ese fundamental insumo haya subido de precio el año pasado cuando menos cinco veces. Para más paradoja, ahora que hay más escritores, artistas visuales e investigadores que nunca antes, ahora que contamos con medios para reducir costos y entre otras opciones poder producir libros electrónicos, estamos viviendo uno de los períodos de mayor pobreza editorial de Yucatán, incluso con poco aprovechamiento de los recursos que las nuevas tecnologías permiten. Para colmo no está disponible en su totalidad el acervo digitalizado de la Biblioteca Virtual de Yucatán; lo avanzado quedó atrás. Esta historia de la imprenta es un recordatorio de tiempos mejores, de algo que fue y que debería servir de ejemplo.

            Ya este libro es una de las obras de referencia obligada, de recorrido amplio, abarcador y con abundancia de datos. Ofrece pautas para relacionarlo con temas de todas las ramas de nuestra historia. Bien que propondría, yo soñador, una adaptación para un público general, con ilustraciones a color.

            Una felicitación a Marcela González Calderón por esta exhaustiva investigación y al Ciesas por haber hecho posible su edición impresa, luego de tantos años de pasar por la burocracia institucional. Qué bueno que al fin se materializó en congruencia con su tema.

González Calderón, Marcela: La imprenta en la Península de Yucatán en el siglo XIX, Ciesas, Col. Publicaciones de la Casa Chata, Cd. de México, 2023, 440 págs.  

             [El libro fue presentado la tarde del jueves 7 de septiembre en la Casa Lol-Bé del Cephcis UNAM, con la participación de Luis Millet Cámara, Jorge Cortés Ancona, Laura Machuca Gallegos (moderadora) y la autora].

Jorge Cortés Ancona

Licenciado en Derecho, con Maestría en Cultura y Literatura Contemporáneas de Hispanoamérica. Es egresado del Doctorado en Literatura de la Universidad de Sevilla con una tesis sobre teatro y boxeo, y cuenta con un DEA (equivalente de maestría) de la misma institución. Ha impartido clases y cursos en diversas instituciones educativas y culturales sobre literatura e historia de las artes visuales. Ha escrito numerosos artículos y entrevistas sobre temas culturales y figura en varias antologías de poesía.

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