Bienestar Espiritual

Libertad, es decisión (1)

Libertad, es decisión

Las decisiones que tomamos en la vida al preferir,
toman un sentido específico que puede afectar todo.

MJ

                                                          Sería muy largo, y tal vez resultaría redundante y aburrido definir la palabra libertad, ya todos nosotros tenemos un concepto de lo que esto nos significa, más si la pensamos en función a lo que está directamente relacionada, resulta inminente que es en primera instancia todo lo que tiene una relación con la parte de quienes somos y que es lo que nos motiva para la acción. Nos damos cuenta que su relatividad nos es tan severa cuando nos convencemos de que estamos en el sitio que la vida nos asignó, por alguna razón de fondo, es obvio que no todos tendremos el interés o la curiosidad de definirnos como nos ha situado el mundo, pero es un hecho que ese aspecto es importante. Una vez ahí, teniendo claro lo que nos ha tocado vivir y observarlo como una oportunidad de tomar las mejores opciones, seguiremos siendo libres en ese ámbito vital, mientras tomemos las decisiones adecuadas.

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Algunas veces los seres humanos cuando somos observadores, nos podemos dirigir mucho mejor a nosotros mismos y optar por lo que, aunque parezca que no nos define, nos inspira un interés, mismo que de alguna manera tiene todo que ver con lo que se verá afectado. Lo que nos conforma tiene una base ineludible y además está en constante transformación.

Hace poco, que releía el libro -Apuntes desde mi casa- de la escritora y apreciada amiga Paloma Bello, en donde narra cómo buena observadora que es, una experiencia que vivió en el momento que Baldemar un obrero de la construcción, les construía una casa familiar en el norte del país, en Nuevo Laredo. Cuando tuvo que quedarse en la obra a supervisar, ellos le ofrecieron un televisor, a lo que él dijo, -prefiero leer- y siendo mi amiga y su familia buenos lectores le brindaron su propia biblioteca. Ante todo, la claridad de las preferencias del trabajador fue tal, que les motivó a tomarse el tiempo para comentar los libros elegidos por él. Las opciones están… ¿Será que todos las podremos ver tan claras?

Esta parte de la libertad aunada al saber elegir, creo que es la más grandiosa y necesaria, por no dejar de decir que es la más realista.

Aunque siempre nos andemos por la azotea con algunas dudas, estoy segura que se disipan cuando los hechos hablan de bien, por sí mismos.

                                                      Muchísimo se habla hoy día de las preferencias. La palabra preferir ha sido una válvula de escape hacia lo que deseamos en realidad, mucho más allá de lo que podríamos sentir que se nos impone, siendo además un derecho ineludible de cada ser poder decidir dentro de lo que justamente nos corresponde y en lo que creemos. El modo de la sociedad en la que ya todos vivimos (no hay rincón del planeta que se escape) nos deja claro que no podemos negar que estamos ya en una globalidad más que evidente, todo esto nos obliga a tener que decidir y se abre esa puerta a las preferencias. Ya muchos humanos sabemos detectar los niveles de stress que se pueden estar dando e inevitablemente crear un tanto de confusión. No hay la necesidad de que se perpetúe ni lo confuso y mucho menos lo estresante. Los seres humanos nacemos relativamente libres, pero esa misma libertad lejos de ser encausada para aprender a preferir y ser acordes con nosotros, a veces se pierde. Optar por lo mejor (que no siempre es enemigo de lo bueno, como se decía antaño) de acuerdo a lo que somos.

Cuando pensamos que nadie va a vivir la vida que nos incumbe, y que solo nosotros mismos lo haremos, nos puede entrar el nervio, y hasta lo que en el lenguaje más juvenil del momento se ha dado por nombrar como FOMO, que viene del inglés: Fear of missing out, o lo que es lo mismo: temor de perdernos algo. Colateralmente esto puede darle entrada a la insospechada angustia (que aguarda detrás de la puerta muerta de risa) muchas veces se ha vuelto algo imperceptible, si es que no estamos nosotros también como buenos guardianes, detrás de la puerta de nuestra mente. La angustia, es sabedora de que cuando entra se vuelve dueña y señora de nuestro ánimo. ¿Por qué dejarla entrar? Si podemos dejarla fuera trabajando con buenas ideas, y mejores actitudes.

Cuando mis hijos me dijeron eso del FOMO, en verdad que me hizo sentido, porque lo percibía mucho en mí misma, en los demás, como algo que sin que ni para que se instale y nos perturba.

No hay mejor libertad que poner nombre a lo que sentimos y sacarlo al sol. Son las elecciones personales lo que rige todo lo que hacemos, las que van a abrir los caminos, y aunque de muchas personas podremos escuchar que cuando ya se avanzó mucho por una senda, no hay retorno, ¡sí que lo hay!, porque por eso disponemos de un enorme sentido de la creatividad.

                                                                  Por estas fechas que releo y me sumerjo dentro de mis propios textos de principios de siglo, todo lo que encuentro respecto a la libertad es que era bueno saber que es un concepto que nos expande la mente. Si por alguna mala jugada (de la misma mente) llegásemos sentir que la vida nos restringe la libertad, pues lo que hay que revisar de nuevo son las decisiones tomadas y las preferencias encontradas. ¿Nacieron del centro de nuestro ser y tienen todo que ver con éste? ¿O tal vez las obtuvimos por modas o por inducción de la mayoría actuante a nuestro alrededor?

Después del 11 (once) de septiembre de 2001, nadie, yo creo que ningún ser de este planeta siguió siendo la misma persona, es decir los derroteros mentales se nos cambiaron a todos. Por decirlo de una manera más moderna: un chip nuevo se nos instaló como parte de nuestra propia naturaleza. Golpeados todos (seamos o no simpatizantes de los gringos, ya con este hecho eso queda en segundo plano) nos transformamos. Algunos casos fueron para permitir más apertura de conciencia, otros para desarrollar más rabia hacia las minorías no entendibles a primera vista y que a muchos causan escozor, cada quien tuvo cambios específicos. En lo personal, como que entré de lleno al plano de la claridad de lo que no quiero ni por asomo en mi vida, y tener claro todo lo que en verdad me define, que es lo que si quiero y trabajar por eso. Habría de ser mucho más claro todo, después de un testarazo de esa índole, ese trancazo indirecto que recibimos, tendría que darnos buenos resultados.

                                                              Muchos de nosotros, quienes vivimos nuestra juventud en la década de los años 70 (setenta del siglo pasado) seguro nos interesamos en algunas de las obras de Erich Fromm. En estos momentos me encuentro cómo me tomé unos ratos y regresé a algunos de esos textos, y lo que más me interesó revisar de nuevo fue -El Miedo a la Libertad.- Si empezando el siglo XXI, nos dábamos cuenta que sería una etapa mundial muy diferente en cuanto a libertades se refiere,  el hecho mismo de que nos tocaba vivir como habitantes e inauguradores de un periodo tan importante del planeta, era muy positivo lo que algunos pensadores habrían de recordarnos o más bien qué habían dicho, propuesto, y  poder saber si eso seguía en su mayor parte vigente.

Fromm y las lecturas de sus textos, nos marcaron a muchos en nuestros primeros veinte años de vida. Muchos seguramente leímos con intención de comprender mejor que era eso del ¿amor? Tratando de encontrarlo en su texto -El Arte de Amar- y me sorprendo cuando mi sobrina que está hoy día en sus primeros veinte años también lo lee, y claro ni qué decir de los propios de casa que lo leyeron en su momento. Libros que marcan y que no están en los libreros solo de adorno.

De entrada, empezamos a saber desde el siglo pasado, que ante todo había que ejercer un sentido de preferencia claro, porque de no hacerlo estábamos condenados a la peor anti libertad, que es la ignorancia. Escuchábamos de los pueblos oprimidos, de los pueblos que vivían con un sentido trastocado de libertad, esos que, bajo opresiones de dictadores que se erguían ante poderes infinitos como si fueran dioses, hacían vivir a medias y ellos estarían haciendo de las suyas. Como Antropóloga, había leído con gran interés toda la obra de Carl Marx, (para el terror de algunos que me rodeaban) y para mí misma fue venir a descubrir lo maravilloso que es practicar el pensar, ese pensar que ayuda a comprender más aristas. Lo que nos aportan los pensadores, para proponer. Difícil es proponer lo que luego se vuelve una utopía, claro está, pero nadie nos quita la satisfacción de haber comprendido el devenir de los pensares.

 No todos estamos en el barco de las proposiciones, pero las lecturas de los pensadores nos abren la mente.

                                                                          Sorprendidos nos vimos a principios de este siglo. El país del norte, Norteamérica que se erguía ante todos como potencia en todos los sentidos, fue trastocado por las fuerzas menos imaginables, había sido atacado por congéneres que no se habían manifestado tan drásticamente y abiertamente como en franca guerra. ¿Un terror mayor? Creo que no existe. Mas, una lección mayor tampoco. Habríamos de aprender a averiguar, ya ante nuestras propias narices que la libertad se trastoca también y puede ser de un momento a otro.

                                                                  La Libertad, no siempre es como la pintan.

Erich Fromm, había venido a América, huyendo de los nazis.

No creo que fuera su mejor opción, siendo que tenía mucho que hacer en su país, pero supo optar convidado por su realidad a ir a otros sitios. Seguro notaba que esas agrupaciones estaban cohercionando el pensamiento positivo y científico.

Norteamérica se favoreció mucho de él, porque venía trayendo nuevas ideas, que fructificaron en ese momento y para siempre. Su vida intelectual encontró un buen asiento ahí. En 1950, trae las primeras menciones del Psicoanálisis a México.

 Era necesario redefinir lo que habíamos venido pensando sobre la libertad.

Ya, la industrialización era un hecho contundente, se visualizaba al consumismo y a la estandarización cultural como trampas de la civilización. ¿A que quedaría reducido el individuo ante los monstruos de lo que se mencionaba como civilizado?

Y nos dice: -La Libertad positiva implica también el principio de que no existe poder superior al del yo individual, que el ser humano representa el centro y el fin de la vida,  el desarrollo y la realización de la individualidad constituyen un fin que no puede ser nunca subordinado a propósitos a los que se atribuye una finalidad mayor- en pocas palabras nos dijo claramente: que nada, absolutamente nada puede ser más importante que el ser humano. Se veía venir ante los ojos de los científicos prominentes, que sí estábamos en este mundo era para protegernos unos a otros y no para volvernos nuestros mayores enemigos entre sí.  Esto, implicaba hacer que las masas leyeran y comprendieran los principios básicos de la vida, de la especie a la que pertenecemos. Sabemos, que esto no se logró, ni se logra en su totalidad hoy día. (Continuará)

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