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“Hernán Cortés. Inventor de México”

“Hernán Cortés. Inventor de México”

            La promoción del libro de Juan Miralles, “Hernán Cortés. Inventor de México”, señala: “Juan Miralles se ha dedicado durante casi treinta años a investigar sobre el personaje del conquistador y nos entrega la que tal vez sea la primera biografía exhaustiva de Cortés, la que hace un mayor acopio de los testimonios de primera mano de los cronistas y desecha los dudosos o apócrifos para trazar un retrato crítico y ponderado del personaje”. Hay otra muy interesante, “Hernán Cortés”, del historiador mexicano José Luis Martínez.

            El tamaulipeco Miralles es autor también de “Y Bernal mintió” y “La Malinche, la raíz de México”, y de varios artículos sobre la Conquista. Prologó los libros “Crónica de la nueva España”, de Francisco Cervantes de Salazar, y “La historia de la Conquista de México”, de Francisco López de Gómara. Falleció en 2011.

            Para invitar al lector de EstamosAquí.mx a la lectura de “Hernán Cortés. Inventor de México”, se reproducen a continuación algunos párrafos de la importante obra, con subtítulos del redactor de esta columna:

            Cortés

            “Fernando Cortés Monroy Pizarro Altamirano vino al mundo en Medellín, una villa extremeña, siendo sus padres Martín Cortés Monroy y Catalina Pizarro Altamirano, ambos reconocidos como hijodalgos. Gómora asegura que nació en 1485, sin precisar día ni mes.

            – “Un hecho capital en la vida de Hernán Cortés fue su matrimonio con Catalina Suárez Marcaida, una mujer que rechazaba, y con la cual tuvo que casarse. Se trató de una aventura que le salió mal”.

            – En Cuba, encontrarse casado, tuvo una hija con una india cubana (de la cual Velázquez sería padrino)”. En la nota correspondiente se dice: “Es posible que se trate de Leonor, la presunta primogénita”.

            Se dice que Cortés, “entre matrimonio y matrimonio, cohabitó con ella (Doña Isabel hija de Moctezuma), y como producto de esa relación vendría al mundo Leonor Cortés Moctezuma”.

            Otros hijos: “Juan Suárez de Peralta, quien escribía desde España entre los años 1570 a 1580, con los recuerdos muy confusos, atribuyó a Cortés seis hijos, habidos nada menos que con Malintzin, que serían: don Martín Cortés, y tres hijas, las dos monjas en la Madre de Dios, Monasterio en San Lúcar de la Barremeda, y doña Leonor Cortés, mujer que fue de de Martín de Tolosa”.

            – Con fecha 16 de abril de 1529, el Papa, como una “deferencia hacia Cortés, legitimó a sus tres hijos naturales: don Martín, don Luis y Catalina Pizarro”. Bernal apunta que Cortés “dejó dos hijos varones bastardos que se decían don Martín Cortés, que hubo en doña Marina, y don Luis Cortés, que hubo en otra señora que se decía fulana de Hermosillo; y hubo otras tres hijas, la una hubo en una india de Cuba que se decía doña fulana Pizarro, y la otra con otra india mexicana, y otra que nació contrahecha, que hubo con otra mexicana. Los hijos naturales fueron cinco, sin que proporcione los nombres de las mujeres; y por el mismo camino va Gómora, cuando además de don Martín y don Luis, agrega: y tres hijas, cada una con su madre, y todas indias”

            – Cortés reconoce como hijos suyos: dos llevan el nombre de Martín, uno el de Luis, dos Marías, dos Catalinas, una Juana y otra Leonor. Nueve, dejando aparte a los dos muertos en la cuna. Pero en el conteo parece que ha dejado fuera a una hija, a Leonor, la primogénita.

            Fallecimiento y restos de Cortés

            – El deceso se produjo en horas de la noche del dos de diciembre, que en ese año de 1547, cayó en viernes”.

            – “Tendría en ese momento sesenta y tres años cumplidos, según el cómputo que se acepta como más fiable”.

            – Sus restos fueron depositados, primero, en una “tumba frente al altar mayor de la iglesia del monasterio de la villa de Santiponce”.

            – “Vendrían luego seis enterramientos sucesivos, hasta ocupar el sitio en que hoy reposan sus restos en una pared de la iglesia de Jesús Nazareno, en la ciudad de México, cubiertos por una placa de bronce en la que únicamente aparece inscrito: Hernán Cortés, 1485-1547”.

            – “La muerte de Cortés pasó inadvertida en México. El mundo oficial lo ignoró. No hubo misas ni acto alguno en su memoria. Las campanas de la Nueva España no doblaron a muerto por él”.

            José Luis Martínez, en su obra “Hernán Cortes”, presenta un “resumen de los entierros, exhumaciones y traslados de los restos de Hernán Cortés”, que comienza en 1547 y finaliza en 1946:

            – “1547. Primer entierro en San Isidoro del Campo, Sevilla, en la cripta del duque de Medina Sidonia. 1550. Cambio en la misma iglesia, junto al alarde Santa Catarina. 1566. Traslado a la Nueva España y entierro en la iglesia de San Francisco de Tezcoco”.

            – “1629. Traslado a la capilla mayor del convento de San Francisco, de la ciudad de México. 1716. Cambio en la misma iglesia, a la parte posterior del retablo mayor. 1794. Traslado a la iglesia de Jesús Nazareno, contigua al Hospital de Jesús, en un monumento situado en el presbiterio, del lado del Evangelio”.

            – “1823. Cambio, en la misma iglesia, en el piso bajo la tarima del altar mayor. Entierro secreto. 1836. Nuevo cambio, en la misma iglesia, a un nicho en el muro del lado del Evangelio, donde estaba el monumento. Entierro secreto”.

            – “1946. La urna con los restos es descubierta, estudiada y vuelta a depositar en el mismo lugar, con una placa de bronce que dio: Hernán Cortés, 1485-1547”.

            El ejército de la conquista

            – “Un grupo lo constituían desocupados y antiguos soldados de los tercios del Gran Capitán, gente que se ganaba el pan con la espada, quienes habían venido con el propósito exclusivo de obtener un botín; aventureros que embarcaron porque no tenían mejor cosa que hacer. Por otra parte se contaban aquellos quienes ya comenzaban a tener una situación estable en Cuba, y que, movidos por la ambición o porque se aburrían, se embarcaron en la aventura”. Otro era la “facción de Velázquez, “en la que se contaban personajes de monta

            Malinche

            – “Aguilar no entendía el idioma. Y así transcurrió ese día, en intentos de comunicarse por señas, hasta que, de pronto, alguien observó que una de las esclavas, que les habían obsequiado en Tabasco, conversaba animadamente con las mujeres del lugar. Es el momento en que Malintzin entra en escena. En lo sucesivo, Cortés se dirigirá a Aguilar, quien traducirá la maya y ella, como bilingüe que era, lo vestirá al náhuatl. Una piedra Rosetta, la llave que abriría las puertas de los secretos de México. Se le conoce como Malintzin, Marina, doña Marina, o La Malinche”.

            En otra parte del libro se dice que Cortés tomó a la Malinche en Yucatán

            – “Los relatos la pintan en los días de Coyoacán, allá por la época en que nació su hijo Martín, como una matrona altamente respetada por los indígenas, quienes llegaban para presentarle sus respetos y traerle regalos. Un dato curioso en el de que le traían tabaco. Ella es la primera persona de quien se tiene referencia que fumar puros”.

            – “Malintzin dejó dos hijos: Don Martín y Doña María. Ésta se casó con don Luis de Quesada, y que del matrimonio nació un hijo, que llevó el nombre de Pedro de Quesada. Ella no llegó a conocer a su nieto”.

            La conquista religiosa

            – A los indios se les requirió reconocer a la “Iglesia por señora y superiora del universo mundo”. Se les informó: “si así lo hiciereis, sus altezas, y nos en su nombre, os recibiremos con todo amor y caridad y os dejaremos vuestras mujeres e hijos e haciendas libres y sin servidumbre… y no se os compelerá a que os hagáis cristianos, salvo si vosotros, informados de la verdad os quisieseis convertir a nuestra fe católica… Pero en caso de negarse… con la ayuda de Dios nosotros entraremos poderosamente contra vosotros y os haremos guerra por todas partes y manera que pudiéramos y os sujetaremos al yugo y obediencia de la Iglesia y de sus Majestades, y tomaremos vuestras personas y las de vuestras mujeres e hijos y les haremos esclavos y como tales los venderemos… y os tomaremos vuestros bienes y os haremos todos los males y daños que pudiéremos”.

            Motecuhzoma

            Luego de la toma del Templo Mayor, Motecuhzoma se dirigí a sus súbditos, “pero no le fue posible continuar a causa de una ensordecedora gritería y silbidos que apagaban sus palabras: ¡puto!, ¡mujerzuela!, ¡querida de los extranjeros!”.

            – “En España, el tesoro de Motecuhzoma pudo ser admirado por muchos, tanto en el Consejo de Indias como en la antecámara del monarca, y de él no hablan Las Casas, Oviedo y Pedro Mártir. Este último describe con estas palabras a las dos piezas capitales: dos muelas de molino como de brazo, una de oro y de plata la otra, macizas, de idéntica circunferencia y de 28 palmos; la primera pesaba 3880 castellanos, moneda áurea que según he dicho supera una cuarta parte al ducado. En el centro de la  misma figuraba, como rey sédenle en su trono, una imagen de a codo, vestida hasta la rodilla, parecida a un tema, y con un rostro semejante al que entre nosotros sirve para representar a los espectros nocturnos. El fondo lo constituían ramas, flores y follaje. La misma cara tenía la de plata y casi igual peso; ambas eran de metal puro”.

            – Las hijas de Motecuhzoma: Doña Isabel, “la mayor y legítima heredera de dicho señor Motecuhzoma, Doña María y Doña Marina. Cortés le asigno a Isabel el “pueblo de Tacuba, con sus habitantes, así como Yetepec, Chimalpan, Jilocingo y Ecatepec, más otras estancias, sumando en total mil doscientas cuarenta casas”. “Su título será el de Señora de Tacuba”. A Marina dice que la ha casado con el conquistador Juan Paz, asignándole Acoluacán, y Cuautitlán”. María no aparece dotada”.

            Niño en la conquista

            – “Juan Ortega, un chico de doce años. Se trata del único niño español participante en la conquista. Éste venía con su padre, un soldado veterano de las guerras de Italia”.

            – “A partir del momento en que Motecuhzoma fue detenido, se le asignó a Juan Ortega como paje, de ahí el apelativo con el que este niño entra en la historia: Orteguilla el Paje. Pronto aprendió el idioma y Motecuhzoma, quien siempre quería tenerlo a su lado, se valía de él para informarse de todo”.

            Post scriptum

            Sobre el nombre de Nueva España. en la Segunda Carta de Relación de Hernán Cortés al Emperador Carlos V, en Segura de la Frontera, el 30 de octubre de 1520:

            – “Por lo que yo he visto y comprendido cerca de la similitud que toda esta tierra tiene a España, así en la fertilidad como en la grandeza y fríos que en ella hace, y en otras muchas cosas que la equiparan a ella, me pareció que el más conveniente nombre para esta dicha tierra era llamarse la Nueva España del mar Océano; y así, en nombre de vuestra majestad se le puso acueste nombre. Humildemente suplico a vuestra alteza lo tenga por bien y mande que se nombre así”.

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