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Nuestros recuerdos juveniles de la Plaza Grande

Nuestros recuerdos juveniles de la Plaza Grande

También llamada Plaza Mayor o Plaza de la Constitución. El primer parque de Mérida data de la época de la Conquista y ha sido escenario de cientos de hechos, de reuniones de personajes, de intelectuales, de fervientes católicos y curiosos que no faltan a la Catedral; también han ocurrido hondas tragedias y ejecuciones como eso de colgar a los sospechosos de algún crimen de los árboles que la adornaban (ejemplo de ejecución, la del rebelde maya Jacinto Canek, cuyo martirio sonó fuerte un 14 de diciembre de 1761 en toda la América Colonial).

Sin embargo, nosotros sólo nos concretaremos a nuestra época juvenil, cuando acudíamos los mediodías a adquirir el diario capitalino ESTO para informarnos de la suerte de nuestros equipos de béisbol favoritos, si bien el dicho diario perteneciente a la Cadena García Valseca aludía todos los deportes, incluyendo el futbol (a nosotros nunca nos ha entusiasmado el futbol, deporte del cual Jorge Luis Borges abominaba)

Nuestra Plaza ha sufrido diversos cambios desde que por los años 40 y 50 del pasado siglo pocos automóviles pasaban por ahí, pero no autobuses, coches-calesas y un corto número de taxis, entonces llamados “libres”, que rodeaban toda la Plaza. Entonces el Palacio del Ejecutivo (cuya portada no ha variado en absoluto) no se ornaba todavía con los espléndidos murales de Castro Pacheco y la segunda planta era sólo un gran salón que servía para actos oficiales, banquetes y cenas para invitados especiales.

Recordamos -éramos adolescentes de 15 o 16 años entonces- que justo a un costado del Palacio, cruzando la calle 60 se ubicaba la cantina llamada precisamente El Palacio, de don Eugenio Fernández. No mucho tiempo después, su hijo Eugenio inauguró su propio bar bajo el curioso nombres de El Palacito, que entonces gozó de notable éxito; por las noches servía cenas no tan concurridas.

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