Bienestar Espiritual

“El temor destruye toda esperanza”

¡OREMOS AL SEÑOR! ¡SEÑOR, TEN PIEDAD!

¡Muy buenos días, Padre Santísimo! Después de convivir 12 días con mis hermanos yucatecos, al despedirlos, me sentí muy débil, muy poca cosa y hasta mi resfriado arreció y mi apatito se esfumó. Ya en mi pueblo, me dirigí al nororiente para poder respirar a pulmón abierto y, ya en contacto con la naturaleza y teniendo por escenario los cerros de Salinas y Tlacopan; en esa soledad que parecía esperarme y en ese ambiente campirano inicié mi oración que inició con un dejo de tristeza, pero con la frescura de la montaña me alegré y pude entrar en comunión contigo, Padre Bendito. Padre Santo: ¡Cuántas cosas están por suceder! Pero lo más hermoso es que Te tengo por mi aliado. Yo estoy consciente más que nunca de vivir para hacer de mi existencia una vivencia de Tu Divina Palabra. Quiero vivir Tu mensaje divino todos los días que Tú me concedas de manera ininterrumpida, sin darme tregua ni vacaciones. ¡Anhelo vivir estos últimos años de manera tan intensa y tan ferviente que cuando me llames, me encuentres ocupado, pero jamás preocupado!

Padre Bendito: Mis labios ya tartamudean, mi pronunciación es deficiente, pero yo sé que a quienes escuchan este mensaje les agudizarás su oído. Yo sé que así lo hiciste con Tu siervo Moisés, quien fue escuchado por el Faraón.

Padre Amado: En esta fresca mañana, quiero sentirme fuerte, valiente y capaz de honrar con mis labios indignos el inmenso poder del Santo Nombre de Tu Hijo Amado, de enfrentarme a todo poder maligno y rescatar a muchos que ya tiene en el poder de sus garras. Sé muy bien lo que digo y sé muy bien lo que hago, porque quien vive en mi interior es inmensamente superior a todas las fuerzas del maligno.

¡Gracias, Señor, Santísimo! ¡Gracias, oh Padre Amado! Tu presencia divina me invita a estar unido siempre a Ti. Tu Divina Palabra me hace confiar totalmente en Ti, cuando el mismo Espíritu Santo me hace exclamar: “¡Pongo toda mi confianza en Ti! ¡Confío en Dios y alabo su promesa!” (Salmo 53:6). ¡Es tan grande mi confianza que de antemano surge de mi interior UNA ALABANZA DE GRATITUD A SU PROMESA QUE PRONTO VERÉ CUMPLIDA!

¡Señor, bendice a todos los que nos atrevemos a soñar en un futuro, saludarlo con toda confianza y disfrutarlo desde el día de hoy! Yo pertenezco a ese grupo de soñadores empedernidos que desde hoy saludamos y nos deleitamos de lo que está a punto de realizarse, porque hemos hecho de nuestra vida UN SUEÑO MARAVILLOSO E INCREÍBLEMENTE MISTERIOSO, PORQUE TE HEMOS CREÍDO. AMÉN.

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