Cultura

El ‘corta nalgas’ (mitos y realidades yucatecas I)

El ‘corta nalgas’ (mitos y rumores yucatecos I)

La primera mitad de la década de 1950 corrió por la ciudad de Mérida el rumor de un hombre joven, que desde una bicicleta tenía una extraña manera de atacar a las mujeres, como más adelante explicaremos. Por aquella época, las féminas usaban ropas muy recamaras, faldas anchas y a la mitad de la pantorrilla, así como blusas que no permitían ver sus hombros. Y cuidado si a alguna chica se le salía descuidadamente una mínima parte del tirante de su brasier (hoy en día de lo más normal que se les mire el brasier completo). Por entonces comenzaron a llegar a México películas norteamericanas y europeas en donde las actrices mostraban su sensualidad a través de faldas apretadas y blusas con manga sisada (Sophia Loren, Brigitte Bardot, Marilyn Monroe, y en México, por ejemplo, la sensualísima Lilia Prado, conocida como el trasero más hermoso del país).

Entonces las muchachas meridianas, todas comenzaron a imitar dicha moda de la falda, cada vez más ceñidas al cuerpo. Cierta ocasión, una de ellas tuvo que ser llevada a un hospital,ya que contó que un sujeto, cuando ella caminaba, pasó velozmente en su bicicleta y con un bisturí le cortó una parte de la nalga, causándole una gran herida. Pocos días después, otra chica con una falda súper ceñida recibió la misma agresión por parte de un joven en bicicleta. Y así surgieron varios casos más. Como una marea, aquel rumor se esparció por toda la Ciudad, incluso la prensa ya le había bautizado como el “corta nalgas”. A alguna de ellas le pareció reconocerlo.

Toda la ciudad, en especial las jóvenes estaban aterrorizadas, se comentó que se trataba de un estudiante de medicina, muy conocido, que parecía una persona normal, pero que por lo visto era un psicópata de mente retorcida. Un puritano que veía en aquellas mujeres la encarnación de satanás, incitando a los hombres al pecado. De pronto, los ataques cesaron, se dice, se cometa, se chismea, que su padre lo mandó a una institución psiquiátrica en los Estados Unidos, en donde, al parecer, le quitaron aquellas horrendas telarañas de la mente enferma y retornó a Mérida, terminando sus estudios de medicina sin retornar a aquella desviación sexual. Del que se sospechaba iba a misa todos los días y hasta el día de hoy ejerce como un prestigiado médico.

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