Cultura

Sueños pendientes

Sueños pendientes
Francisco de Goya: El sueño de la razón produce monstruos (1799), grabado al aguafuerte y aguatinta.

            Tanto y tan contradictorio se ha escrito sobre los sueños sobre si son verdades, premoniciones, miedos o meras fantasías inocuas. Como quiera que sea, cuando son recurrentes algo quieren decir en relación a lo que estamos viviendo en el momento en que se sueña. Lo peor es que por ello a veces lo soñado y la realidad se pegan unas enredadas que generan tremendas angustias llenas de confusión.

            Cuando tengo trabajos regulares, de asistencia diaria, suele suceder que sueñe con que debo una materia de algún nivel de estudios del pasado. Que no he aprobado una materia de la licenciatura, o de la prepa o la secundaria y, peor aun, de sexto de primaria y por ello me despierto preocupadísimo, aterrado por no saber cómo resolver el problema, hasta que caigo en cuenta de que ya volví a la realidad. Jamás arrastré materias en ningún nivel, así que entiendo que la pesadilla me está indicando que tengo algún pendiente de tiempo atrás aún no resuelto. El nivel de estudios de referencia marca qué tan antiguo es ese acuciante asunto.  

            A veces el sueño recurrente es estar sin ropa o defecando en algún lugar público y entiendo bien que se trata de una cuestión de pánico escénico ante algún evento próximo. La peor pesadilla recurrente es estar perdiendo el equilibrio y cuando estoy a punto de azotarme despertar bruscamente con ansiedad. Casi siempre sintiéndome ridículo porque la caída era de una escarpa callejera de diez centímetros de altura.

            Más grave aun es cuando el sueño resulta no ser tan sueño. Una tarde que me sentía yo mal, enfermo de algo que manifestaba todos los síntomas del Covid-19, pero que no lo era, dado que éste mal no había surgido aún supuestamente, almorcé un sustancioso caldo de carnero, con sus buenas tortillas, y una limonada al tiempo. Contra mi costumbre de enjuagarme la cara después de comer comidas caldosas, que suelen embarrarse en la parte inferior de la cara, en esa ocasión me sentía desesperado por acostarme así que subí la escalera como pude y me tiré en la cama, apenas descalzo.

            Me quedé dormido enseguida pero poco después me empezó un delirio en el que un felino me escrutaba y yo trataba de alejarlo, pero se mantenía en el mismo lugar. La presencia del animal no cesaba y seguía acercando su bigotudo morro y yo en vano trataba de huir. Lo espantaba y, sin embargo, seguía sin alejarse. Era un acercamiento recurrente hasta que la pesadilla me hizo desesperar y abrí los ojos…

            Cuando desperté, el felino todavía estaba ahí, nada menos que a un milímetro de mi cara. Y pegué tal poderoso grito de ¡uaaayyyy!, que sólo porque no tengo la voz aguda no rompí los vidrios a mi alrededor. La gata empezó a retroceder de espaldas, ronroneando, casi como queriendo decir: “Tranquilo, hombre, soy yo”. “¡Qué haces!”, le reclamé. Era obvio que estaba deleitando su olfato, con lo que para ella debía de ser un exquisito aroma. Decidí levantarme, aunque fuera a duras penas, para cepillarme los dientes y lavarme muy bien la cara antes de que me fueran a rasurar a dentelladas.

            Por todo eso es imposible no tomar en serio los sueños que nos ocupan. Mientras no sueñe que estoy mutando en pezuña rebozada o en criptomoneda la cosa va tranquila.

Jorge Cortés Ancona

Licenciado en Derecho, con Maestría en Cultura y Literatura Contemporáneas de Hispanoamérica. Es egresado del Doctorado en Literatura de la Universidad de Sevilla con una tesis sobre teatro y boxeo, y cuenta con un DEA (equivalente de maestría) de la misma institución. Ha impartido clases y cursos en diversas instituciones educativas y culturales sobre literatura e historia de las artes visuales. Ha escrito numerosos artículos y entrevistas sobre temas culturales y figura en varias antologías de poesía.

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