Cultura

Las diversiones en el interior del Estado en 1903 (47)

Progreso

Las fiestas en honor de la Virgen de Covadonga

Entre los integrantes de la colonia española asentada en la capital yucateca era costumbre organizar actividades religiosas y profanas en honor de la Virgen de la Covadonga, cuya festividad religiosa se celebraba el 8 de septiembre. Sin embargo, en 1903 los ibéricos residentes en Mérida acordaron sumar fuerzas con sus escasos compatriotas que vivían en Progreso, con el fin de darle más esplendor y animación a los festejos. (1)

En América y especialmente en México, los españoles conmemoraban el simbolismo histórico de la virgen de la Covadonga: el inicio de la reconquista española contra los árabes, iniciada por D. Pelayo en las montañas y concluida por los reyes católicos con la toma de Granada.

Desde temprana hora llegó a Progreso un tren especial que trajo a un nutrido grupo de españolas y españoles, quienes fueron recibidos en la estación con una banda de música y se organizó una marcha hasta la plaza donde ya aguardaba la cabalgata, la cual recorrió las calles Principal, de la Libertad, de la Independencia y otras.

            […] Componíase ésta de dos carrozas que acreditan el buen gusto de la comisión organizadora de las fiestas de Progreso. Aludía una de ellas al descubrimiento de América. Los Reyes Católicos representados por preciosas niñas cuyos nombres siento no recordar, rodeadas de cuatro damas de honor y teniendo cerca de sí un indio y una india de América, todos representados por niños y niñas de las buenas familias de esta localidad.

            Inútil me parece añadir que la carroza iba convenientemente adornada con escudos, banderas y lienzos con colores de México y España.

            Daban luz a esta carroza distintos farolitos con los nombres de las provincias españolas que eran portados por obreros españoles.

            Una banda de Música, la de Mérida, precedía a la carroza alegrando el trayecto con aires nacionales y paso-dobles españoles.

            La nota saliente de esta cabalgata era la segunda carroza, tanto por el buen gusto en ella desplegado, cuanto por la belleza de las tres Sritas. que conducía.

            Representaba además un asunto hermoso: México y España precedidos del Ángel de la Fama. Sobre un elevado trono de pie y llevando sus respectivas banderas las preciosas Sritas. María González y Berta Lejeime artísticamente ataviadas eran símbolos de la unión y la fecundidad de las dos naciones y ante ellas la Fama ofreciéndoles coronas de laurel, recuerdo de la gloria de ambas y sosteniendo en la diestra la trompeta de la Fama pregonera de los altos hechos de las dos naciones hermanas.

            Si la Fama debe ser un prodigio de hermosura no puede dudarse que encontró excelente representante en la Srita. Otilia Ruz. Cuántos querrían ser cantados por aquella boca tan linda y premiados con una mirada de aquellos ojos tan bellos.

            Convenientemente adornada la carroza era también iluminada por faroles con nombres de provincias españolas. Lástima que su excesiva elevación hiciera imposible que pasara por determinados sitios impidiéndole seguir al poco rato al resto de la cabalgata, que se componía de la banda de Progreso, carruajes, jinetes y gran multitud de a pie. […] (2)

El corresponsal de El Eco del Comercio, autor de la crónica del suceso, informó que luego de la cabalgata las dos bandas de música dieron una audición en la plaza principal, a la que acudieron numerosas personas y que terminó a las diez de la mañana.

Previamente, a las seis horas, la banda de Progreso había recorrido las calles tocando diana, lo que provocó que la gente saliera de sus casas y poblara las calles. A las ocho de la mañana hubo una misa cantada. Al lado izquierdo del altar se colocó un estrado para las autoridades y directivas de Mérida y Progreso, adornado con las banderas mexicana y española.

            […] Ofició el Ilustrísimo Sr. Obispo de Tehuantepec, Sr. Mejía, que aceptó con placer la invitación que para ello se le hizo, ocupando la cátedra sagrada el padre González a quien se debe el mayor esfuerzo para la organización de las fiestas y en un elocuente discurso asoció las ideas de la patria a los de la religión, hablando en tono elevado, con imágenes y figuras brillantes que complacieron mucho al auditorio.

            El Sr. Obispo pronunció breves palabras que causaron honda emoción a la colonia española. Su corto pero magnífico discurso versó sobre los lazos de unión entre mexicanos y españoles. Si en la iglesia se admitieran los aplausos el Sr. Mejía habría sido aplaudido con entusiasmo, tanto porque refleja las ideas dominantes cuanto por su dicción elegante y persuasiva […] (3)

Como parte del programa hubo carreras de cintas en bicicleta, una novillada de aficionados, que concentró a tal multitud, que cuando, por precaución, se cerraron las puertas de la plaza de toros quedaron fuera entre 300 y 400 personas.

            […] La plaza presentaba un brillante aspecto. La presencia de la mujer en esas aglomeraciones de gente produce un pintoresco efecto; animando de colorido el cuadro, con sus adornos, sus vestidos de colores y con sus caras bonitas. Anteayer todas las localidades preferentes estaban ocupadas por señoras y señoritas, abundando los rostros lindos y las “toilettes” elegantes.

            La lidia fue una serie no interrumpida de incidentes cómicos que hicieron pasar un agradabilísimo rato a la concurrencia. Los espadas y el Corcito que les ayudó, fueron agraciados por las madrinas con bandas de colores mexicanos y españoles, hechas por sus lindas manos.

            Quien mejor quedó fue Eloy, que demostró ser valiente y no temer a los toros y mató al suyo por sí solo. Los demás espadas mataron con ayuda de vecino y gracia. […] (4)  

En el hotel Llanos se organizó un banquete de 50 cubiertos, al que asistieron el cónsul de España y José Gabriel Escalante, delegado del consulado en Progreso. El banquete fue por suscripción (es decir, pagado) y durante la comilona no faltaron los brindis por los lazos fraternales que unían a mexicanos y españoles. Luego del banquete, los comensales se trasladaron a la plaza para escuchar la retreta y ver la quema de fuegos artificiales. A las doce de la noche salió el tren especial para Mérida, con lo que concluyeron las festividades.

            […] Puede decirse que las fiestas han sido muy lucidas y animadas siendo bien recibidas por los habitantes de la localidad que más de una vez fraternizaron con los elementos españoles, siendo de celebrar el orden absoluto que reinó y los deseos mostrados por la colonia de identificarse en todo y por todo con el pueblo mexicano […] (5) (Continuará)

Referencias

(1).- Las fiestas de Covadonga en Progreso y la colonia española de Mérida. (1903, 4 de septiembre. El Eco del Comercio, p. 2.

(2).- Las fiestas de Covadonga en Progreso / Inusitada animación. (1903, 10 de septiembre). El Eco del Comercio, p. 2.

(3).- Íbid.

(4).- Ibídem.

(5).- Ídem.

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