Opiniones

Ante los cien años de la muerte de Felipe Carrillo Puerto

Ante los cien años de la muerte de Felipe Carrillo Puerto

Como destellos muy fugaces se vivieron las diversas conmemoraciones por el 99 aniversario luctuoso de Felipe Carrillo Puerto el pasado 3 de enero del año que inicia. Lo notorio, en algunos casos, fue la impasible brevedad desde instancias gubernamentales y educativas, que parecen augurar una falta de interés por nuestra memoria histórica. No es algo nuevo. Ya advertía, hace poco más de una década, los gélidos discursos de la oficialidad entremezclados con desidia, desinformación y una seriedad mal entendida.

Recuerdo haber presenciado algunos de estos homenajes matutinos en el Cementerio General entre una aglomeración de gente, la mayoría, de trabajadores que desconocían el motivo de estar ahí, con presencia física, pero quejándose a la vez de tener que participar en dichos actos conmemorativos después de las celebraciones de año nuevo. Aquella mañana una llovizna pertinaz acompañaba el luctuoso momento mientras escuchábamos “asesinado por la reacción”. Y también, recuerdo, ese mismo 2014, escribir un poema de regreso a la oficina, un texto que titulé “Paredón”:

Una horda de paraguas no detiene
el cielo gris de los discursos. Y el corazón
a deshora, las balas del cinismo histórico.

Absorto ante un mar de estatuas
escribo una crónica del frío, hoy, 3 de enero
pero la verdad no tiene temperatura
no tiene color ni llama que la contenga.

Escribo desde un panteón de voces
donde el paisaje no es más que un viernes
sin sol en el calendario. Efeméride funesta,
piedra sobre piedra. Metal.

Alguien, un hombre que no debió morir
tuvo razón: “una sociedad desforestada
es una sociedad enferma”.

El problema mayúsculo no radica, entonces, en las lucidas o deslucidas ceremonias conmemorativas, si no más bien, en esta “sociedad desforestada” de identidad, conocimiento de nuestra historia local y, por lo tanto, de interés ante uno de los episodios más oscuros de Yucatán como lo fue el asesinato de Felipe Carrillo Puerto, siendo Gobernador Constitucional de nuestra entidad, y de Manuel Berzunza y Berzunza, entonces Presidente Municipal de Mérida, junto a sus correligionarios.

A Felipe Carrillo Puerto, junto con tres de sus hermanos y amigos, los acusaron, enjuiciaron, sentenciaron y dieron muerte, siendo civiles y sin defensa, a través de un consejo de guerra conformado por el 18° batallón de militares delahuertistas. ¿Quiénes estuvieron detrás de esta impune actuación del ejército? ¿Qué autoridades permitieron el magnicidio, ya sea con la inacción o con el silencio aprobatorio? ¿Quiénes han investigado lo que realmente sucedió en los aciagos primeros días de 1924 y que cortó de tajo una transformación sui géneris en México y Yucatán, como lo fue el gobierno socialista de Felipe Carrillo Puerto, cuyo impacto en los sectores productivos, sociales, derechos humanos, educativos y culturales fueron evidentes?

Un manto de sorna intenta cubrir todo lo relacionado con Felipe Carrillo Puerto y su funesta muerte. Basta ver las diversas publicaciones que han aparecido en los años subsecuentes, investigaciones que han ido disminuyendo, relegando al olvido un momento tan relevante de nuestra historia yucateca. He ahí la deforestación de una sociedad que permanece árida de conocimiento, en la ignorancia de un tiempo que, entre sus manos, con el celular y las redes sociales, se percibe fugaz y espontáneo. Hay un olvido por parte de esta sociedad enferma, en torno a la construcción de nuestra democracia, nuestra libertad y sus sangrientos costos.

Pero estas, son solo palabras frías dispuestas en una pantalla de computadora, tableta o celular. Hace tanta falta regresar a los archivos, documentos y libros que han analizado el tema, para estudiarlo, para divulgarlo en el ámbito escolar, universitario, y en nuestros escenarios cotidianos de trabajo y divertimento. No estoy hablando de un solo evento conmemorativo para el centenario del infame magnicidio de Felipe Carrillo Puerto en 2024, eso no bastaría. Hablo más bien de encaminarnos hacia esa simbólica fecha, con actividades culturales permanentes, de contacto con los diversos sectores sociales, actividades focalizadas que aseguren, de algún modo, una reforestación en nuestra conciencia colectiva, en nuestras identidades, para que podamos ser partícipes y estar atentos, pues la historia, en sus coyunturas trágicas, tiende a repetirse.

Porque algo es cierto: no podemos ser “cínicos” ante el más grande cinismo histórico que fue el artero crimen de Felipe Carrillo Puerto y sus correligionarios. Ojalá las voluntades se sumen para este necesario proyecto histórico cultural.

Manuel Tejada Loría

Escritor, Gestor cultural, Licenciado en Literatura Latinoamericana por la Universidad Autónoma de Yucatán. Premio Internacional de Poesía Mérida (2016) con el poemario "Inmóvil en el viento", y Premio Estatal de Poesía "José Díaz Bolio (2015). Autor del libro "Inmóvil en el viento" (Ayuntamiento de Mérida, 2018). Coautor del libro "El éter de las esferas (Ayuntamiento de Mérida, 2006).

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