Cultura

Emilio Said: sobre lo infinito

Fragmento de un sueño, 2022

“No hay nada más abstracto que la puntería”, esto fue, y es, el pensamiento que arribó a mi cabeza después de ver la exposición “Sobre lo infinito” de Emilio Said, en la Galería Secreta. Vamos a empezar.

A la exposición de Emilio Said hay que llegar con convicción. Con ganas de verla. Con vocación de devorarla. Con intención. Lo casual queda en paralelos de la suerte. ¿Por qué de esta forma habrá que sumergirse en esta exposición? Resulta de esta forma por el hecho de que visitarla simplemente representa un primer reto, es decir, contactar a la Galería Secreta para poder presenciarla. Una vez que uno contacta a la galería Secreta, Mario Torre, su director, te escribe con precisión sobre a qué hora—y dónde— te estarán esperando. Yo, puntual a esta metodología que me parece arriesgada y por lo tal interesante, llegué puntualmente a la cita.

Al conocer a Mario, bajo su guía, fui entrando a la galería, la cual se abre en un sitio gigantesco que parece un casco industrial. Todo lo que hay en las paredes, techos y pisos es trabajo. Testimonio de tiempos pasados de sudor, grasa y cal. Y ahí se abre camino la obra de Emilio Said. En un punto de partida hay un texto. Un texto que reafirma lo no casual de lo que estamos por ver. Christian Núñez, el autor del texto de sala, abre con una frase de Hamlet, de Shakespeare. Y define, en sus propias palabras, “como el gato de Schrödinger. Sus postulados afirman una cosa y la contraria. Juegan con el concepto de verdad, esa bola de estambre.  Todo es relativo”. Y concluye “este arsenal de flechas. Esta jauría frenética de dardos. Tiroteo de abstracciones radicales”. Una vez terminado el texto nos disponemos a ver las treinta obras de Emilio, con una curaduría impecable de Samia Farah y Omar Said.

Vaya epopeya abstracta: ¡treinta obras! Lo primero que me brinca en la cabeza es la impresión y la confirmación de que Emilio es una persona seria, y que es un milagro que siga cuerdo…

Las obras

Infinity Paradox, 2022

“Landscape metaphor” me lleva a muchos lados. Siento la influencia de Franz Kline pero, sobre todo, del colectivo Gutai. Estas son palabras mayores. Emilio, intencional o no, transpira en estas telas una poética que renuncia a cualquier tipo de costumbrismo. Dotado de una ambición transpacífica en un lugar—Yucatán—en donde esto es necesidad incomprendida. “Ensayo sobre meteoritos” introduce puentes y cosas que podrás ver a distancia. Prestando atención, uno podrá ver una poética de la deriva. De lo que es, y de lo que será. De la certeza de que tan infinitamente pequeños somos. Y qué hermoso y conmovedor es esto último. “Paisaje japonés” para mi es una oda a estos pintores errantes. Distinguidos y rescatados en los últimos años. Una forma de traerlos a Yucatán. Un lugar ajeno y no tan lejano al mismo tiempo. Los colores desbordan el deseo de plasmar una emoción derramada, calculada y finamente trazada.

Posteriormente, “Laberinto”, condensa una gran tradición de existencialismo. Es circular. Cercano. Nos lleva de la mano y luego nos empuja a sitios que son imposibles de describir. Ahí lo fascinante. El riesgo de perderla en el camino. La locura, el saberse perdido y encontrado en esa espiral universal. “Infinity Paradox” es un piano deconstruido. Con varias flechas incrustadas en el corazón y cuerpo del mismo. Ahí. Regresa lo que he pensado previamente: “no hay nada más abstracto que la puntería”. Ahí hay mucha fuerza. Pero también un deseo de mostrar que, a veces, es importante saber y no saber al mismo tiempo. Estas flechas están hechas de historias. Del paso por una vida que quizá explican los cincuenta años de Emilio. Muy probablemente este piano es la vida del artista. Con flechas por doquier, bien atestadas. Desempeñadas en un oficio/performance que él mismo ha decidido. Como la vida misma. Cuando uno decide a decidirse. La pieza sonora de Rafael Couto y Cello Alejandro Alfaro nos envuelve en esta pieza lúdica/existencial de valores metafísicos.

Meteorito encabronado, 2022

“Sobre lo infinito” es un ensamble de pensamientos que flotan como un universo en la galaxia de madera. Ahí pasan y siguen pasando muchas cosas. Y después, al terminar, hay un punto. Una estructura metálica circular que choca con nuestro subconsciente. “Meteorito encabronado” es el broche de oro. La joya de la corona. La confirmación del riesgo y la apuesta de Emilio—y de Mario Torre el Galero—. Ahí se entrelazan riesgos, empujones, cálculos y despliegan una seducción a través de la violencia. Riesgo y acierto. Toma y suelta. ¡Pum! esta pieza nunca la olvidaré.

Es así como llegamos al fin de una exposición que sin duda hay que visitar. Y poner una flor cósmica de tinta a un esfuerzo titánico con un trazo y riesgo desgarrador, pero también de mucha salida horizontal.

Las flechas están en el lugar que la suerte quiso lo que quiso. En una memoria del infinito que queda ensartada en el testimonio de lo que es “Sobre el infinito”.

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