Bienestar Espiritual

“¡Qué asombroso es este lugar! Es nada menos que la casa de Dios; ¡es la puerta del cielo!” (Génesis 18:27)

¡Oremos al Señor! ¡Señor, ten piedad!

¡Bendita sea Tu maravillosa eternidad, oh Padre Incomparable!

Estar contigo desde la madrugada, escuchar Tu voz tan tierna, oh Padre increíblemente amoroso, nos hace entrar en plena confianza porque no te vemos como un ser a quien debamos temer, sino AMAR, porque en Ti solo experimentamos UN AMOR INCOMPARABLE.

Hemos transitado por caminos pedregosos y difíciles, que han hecho de nuestro vivir UN TORMENTO DOLOROSO Y AMARGO, pero a la vez, han resultado altamente benéficos, que a la par de JACOR, Tu siervo, al tener por almohada una piedra dura, esa misma piedra de sufrimiento, nos ha hecho ver que es en realidad LA MISMA PUERTA DEL CIELO que nos abre de par en par Tu divina morada celestial.

Padre Santísimo: ¡Qué hermoso es pasar por el umbral del dolor donde nos sentimos tan solos, tan abandonados y con mil carencias, pero, finalmente, nos encontramos contigo y de inmediato nos envuelve el gozo que nos brinda una maravillosa seguridad! Después de ello, bendecimos ese dolor del ayer que imprimió en nosotros un carácter extraordinario y nos hizo pasar al gozo de Tu bendita presencia. Es ahora que valoramos esas mil dificultades del ayer. Gracias a ellas, ahora gozamos y nos regocijamos como nunca y las dimensionamos porque gracias a ellas, ahora comprendemos EL GRAN VALOR que nos dio este bendito encuentro contigo, Padre incomparable.

Padre Santísimo: Después de andar en valles de sombras de muerte, en donde los peligros, la maldad y la misma muerte estaban al acecho, pero por Tu mano invisible fuimos protegidos, no nos resta más que exclamar con Jacob, Tu siervo amado: ¡Qué asombroso es este lugar! Es nada menos que la casa de Dios; ¡es la puerta del cielo!”

Padre bendito: ¡Derrama Tu gracia para que muchos valoren el sufrimiento y las penas de la vida! ¡Hazles ver que Tu encuentro es de liberación, de prosperidad, de gozo y de esperanza!

Padre colosal: ¡Bendito y alabado seas! Amén.

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