Bienestar Espiritual

«¡Provoquemos que el Espíritu Santo derrame su lluvia!»

¡Oremos al Señor!¡Señor, ten piedad!

Padre Maravilloso: ¡Feliz y bendita madrugada!

Hoy estamos ante Tu presencia porque cual tierra seca, árida y sin agua, anhelamos vehementemente que derrames la lluvia vivificante del Espíritu Santo. Hoy y en este momento, quienes formamos este equipo de madrugadores que postrados Te suplican piedad, misericordia y compasión, queremos que la gracia del Espíritu Santo se derrame en abundancia que exclamemos desde lo más profundo de nuestro corazón: “El espíritu del Señor DIOS es sobre mí, porque me ungió el SEÑOR; me envió a predicar a los abatidos, a atar las llagas de los quebrantados de corazón; a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel.” (Isaías 61:1).

Sí, bendito Padre, estamos bien dispuestos a recibir ese Divino Espíritu de la Verdad, para que ungidos, iluminados y fortalecidos, vayamos en busca de tantos hermanos nuestros sumidos en la depresión; a los postrados por la enfermedad, por el dolor, por la desesperación y por la angustia; a los atados en cadenas de miseria y para sanar las llagas de los que sufren. Es nuestro deseo ardiente proclamar la libertad de todos los cautivos de la maldad para liberar a todos los prisioneros, abriendo las cárceles inhumanas que les han impedido gozar de la bendita libertad de Tus hijos, oh Dios Altísimo.

Tú sabes, Padre Bendito, ¡cuánto sufre nuestra humanidad! ¡Cuánto dolor padecen tantas personas debido a que NO TE CONOCEN e ignoran que solo en Ti pueden encontrar amparo, refugio, protección, amor, fortaleza y liberación plena!

¡Permítenos que con esta lluvia espiritual de Tu Espíritu Santo logremos hacer que nosotros seamos la extensión de las Tuyas a fin de llevar aliento de vida, esperanza ante lo imposible, paz y alegría a los corazones e inspiración a muchos que decaídos no encuentran ni qué hacer ante tanta miseria y tanta maldad!

Padre Bendito: sabemos que solo Tú nos puedes conceder esta gracia maravillosa en el Nombre de Tu Hijo Amado, a fin de que Él sea glorificado y la acción del Espíritu Santo nos revista de ese poder celestial para poder ser exitosos en todo cuanto nos proponemos realizar, en el Nombre de Cristo, nuestro divino Salvador y Amante único de nuestra humanidad.

Padre Bendito: ¡Gracias por escucharnos! Hoy solo esperamos que esa lluvia haga fecunda nuestra tierra y así podamos ofrecer los mejores frutos para aliviar las penas de nuestra pobre humanidad. Amén.

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