Cultura

Comenzando el año con buen humor

Comenzando el año con buen humor

            Desde que tuve uso de razón le tengo terror a las cucarachas. Lo mismo a las negras grandes que tienen como un ojo en el lomo, que a las atabacadas horrorosas, llamadas náh tzules en maya. Cuando las veo me entra un miedo cerval, que me paraliza, lo cual no impide, que previo a la parálisis, yo emita un grito espeluznante, agónico, como si alguien me estuviera apretando el gargüelo con fines previstos de estrangulamiento.

            Les platico lo anterior para que comprendan mi odisea dominguera con una cucaracha de esas atabacadas, pero casi tan grande como una de sus parientes negras.

            Como a las ocho de la noche me encontraba en la sala de la casa de ustedes, con la ventana abierta que da a la calle, plácidamente durmiendo frente al televisor, que es lo que más suelo hacer cuando estoy frente a ese aparato; cuando de pronto, me volvió a la vigilia la sensación de que algo muy grande y rasposo me subía por el tobillo y, estaba a punto de desaparecer, introduciéndose más allá del dobladillo de mi pantalón.

            Bajar la vista y notar que era una cucaracha la que se me subía, me hizo dar un salto increíble para una artrítica osteoporótica, al mismo tiempo que improvisaba una coreografía de brincos y sacudidas de la pierna derecha y aporreadas rítmicas de la pierna izquierda para sostenerme, que habría parecido a quien me hubiera visto que bailaba aquella danza rusa del “casachó”, con pandereta y todo, porque manoteaba de derecha a izquierda como loca.

            No sé en qué momento cayó de mi pierna la horrenda cucaracha y en uno de mis brincos, la aplasté. ¡Fue horroroso sentir su cuerpo en la planta del pie, aun con todo y los zapatos puestos, y escuchar el “crack” que hizo al mismo tiempo!

            La misma hipercinesia de segundos antes me hizo caer sentada en mi sillón. ¡Afortunadamente! ¡Si le hubiera caído encima a la cucaracha entonces sí me infartaba!

            Me quedé ahí, absorta, viendo el cadáver de mi enemiga y … y no sabía qué hacer con él.

            Tenía pánico de que, al moverla, resucitara; he leído en varias fuentes bibliográficas sobre la resistencia física de las cucarachas, que le han sobrevivido a cientos de otras especies que han desaparecido de la faz de la tierra; y ella aún continúa aquí, después de no sé cuántas eras geológicas, y estaba ahí, supuestamente muerta, pero enterita.

            Al fin, decidí barrerla, pero no recogerla con la palita y tirarla al bote de basura, porque era domingo y hasta el lunes pasaba el basurero, ¿y si recobraba fuerzas y volaba? Por eso únicamente la barrí y la saqué por la puerta de la calle, la cual cerré inmediatamente, me volví y fui a devolver la escoba a su lugar; de regreso a la sala, por poco me desmayo, porque ahí, a media sala, estaban los despojos fúnebres del odiado insecto.

            Me senté a contemplarlos incrédula, y medité sobre por qué el gran constructor del universo permitió que se desarrollaran estas plagas en el planeta: tarántulas, alacranes, babosas, gusanos venenosos y, por supuesto, cucarachas.

            Finalmente, aterricé de nuevo en mi horrible realidad y, aplicando la lógica, la única explicación era que las tiesas patas del bicho se habían enredado en las puntas de la escoba, que no es muy nueva y regresó con ella, aunque por no estar bien adheridas, cayó donde la encontré.

            En ese momento preciso sonó el teléfono; era una buena amiga mía invitándome a un desayuno, pero creo que me escuchó tan alterada que me preguntó el motivo. Para qué lo hizo la pobrecita, tuvo que escuchar mi odisea “de pe a pa”.

            Cuando ya la dejé hablar, me confesó que ella había estado alterada igualmente en otros días, pero por un motivo diferente. Resulta que tiene unas nuevas vecinas cuyos karmas no se identifican con el karma de ella, y discuten mucho para cualquier cosa.

            Yo no sé bien lo que es el karma, pero definitivamente, si tengo uno, no embona con el de las cucarachas… ¿Tendrán karma las cucarachas?

            Por cierto, ¡benditas sean las cadenas alimenticias, las hormigas acabaron con mi problema esa noche y el “flit” con las hormigas!

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