Cultura

Un solo de flauta de Felipe Carrillo Puerto

Han pasado noventa y nueve años desde que el Gobernador Constitucional de Yucatán, y Presidente del Partido Socialista del Sureste, Felipe Carrillo Puerto, fue asesinado por la reacción junto a sus correligionarios. Un magnicidio que ha quedado impune. Uno lee con estupor las crónicas, reseñas, testimonios y diversos textos de aquel fatídico 3 de enero de 1924, y es difícil comprender por qué nadie impidió lo que a todas luces se fraguaba.

Decía el profesor Ariel Avilés Marín, en el homenaje luctuoso realizado en la rotonda socialista del Cementerio General que, de Felipe Carrillo Puerto, más allá de las oscuras circunstancias de su trágica muerte, habría que rescatar su obra y sus ideales. Y es que Felipe Carrillo Puerto, como Gobernador Constitucional de Yucatán, impulsó varias transformaciones en los breves años de su gobierno socialista, cambios rotundos para la vida de los yucatecos y los diversos sectores que lo conforman.

En este sentido, un texto relevante para conocer la vida de Felipe Carrillo Puerto, es de la autoría del profesor normalista Edmundo Bolio Ontiveros, titulado “De la cuna al paredón: anecdotario de la vida, muerte y gloria de Felipe Carrillo Puerto”, libro que fue reimpreso en 1974 en ocasión del 50 aniversario de su fatídica muerte. El profesor Bolio Ontiveros, no sólo colaboró durante el gobierno de Carrillo Puerto en la implementación de la educación racionalista en el estado, sino que también fungió un papel preponderante en la Liga de Maestros Racionalistas. Sin embargo, su amistad con Felipe Carrillo Puerto data de años anteriores, cuando en Motul, fue director de la escuela Roque Jacinto Campos.

El anecdotario “De la cuna al paredón…”, refiere datos interesantes de la infancia, adolescencia y juventud de Felipe Carrillo Puerto. Desde temprana edad podemos entrever un espíritu inquieto, preocupado ante las injusticias sociales, siempre a favor de los desposeídos. También encontramos a un Felipe Carrillo Puerto dispuesto al trabajo y, sobre todo, sensible a la actividad cultural y artística. Ricardo Mimenza Castillo señala en el proemio del libro que “Carrillo Puerto amaba la música, creía en la finalidad de la elocuencia y adoraba los ritmos de la palabra y del verso”.

Es el caso de una anécdota vertida en el anecdotario de Edmundo Bolio donde narra la historia de un militar desertor del Batallón 22 destacado en la entidad para la guerra que en aquel entonces se libraba contra la población de Chan Santa Cruz. El desertor, de nombre José Gerónimo Ramírez, era el primer clarinetista de la banda de música del batallón, y entabló una amistad con Felipe Carrillo Puerto, quien de inmediato se entusiasmó del conocimiento musical del militar. A los pocos meses, y como parte de ese mismo entusiasmo, Felipe Carrillo Puerto y sus amigos, bajo la tutela de aquel militar, formaron la nueva orquesta en Motul, que lejos de competir con la ya establecida bajo la tutela de Valerio Lara, fueron alternando sus presentaciones en la ciudad que se realizaban los jueves y domingos.

La población motuleña conocía desde aquel entonces la personalidad entusiasta de Felipe Carrillo Puerto, por lo que ovacionaba cada uno de los números del programa que se presentaba. Sin embargo, Carrillo Puerto, deseaba ejecutar piezas musicales más complejas, por lo que había cierto descontento y aflicción, según cuenta la anécdota. Narra Edmundo Bolio “Oyendo el maestro Ramírez su anhelo, le ofreció que escribiría un ´solo de flauta´ de gran ejecución, ofrecimiento que fue cumplido por el maestro. […] Llegó el momento deseado. La orquesta comenzó los preludios de la obra anunciada, y cuando le tocó entrar a la flauta, todos enmudecieron y el silencio era tan intenso que podía escucharse el latir de los corazones que seguían con vivísimo interés las ejecuciones de Felipe en su flauta que parecía realmente estar encantada, porque demostraba de una manera armónica, clara y precisa la viveza de su carácter”.

Pareciera que todo proyecto emprendido por Felipe Carrillo Puerto, desde sus primeros años, irían impregnados precisamente de esa “viveza de carácter” que advierte Bolio Ontiveros, la misma que, desde aquel entonces, la granjeó simpatías, pero también enemistades y adversidades muy intensas, que le costaron pisar la cárcel motuleña desde aquellos primeros años de formación, y a la postre, su muerte.

Manuel Tejada Loría

Escritor, Gestor cultural, Licenciado en Literatura Latinoamericana por la Universidad Autónoma de Yucatán. Premio Internacional de Poesía Mérida (2016) con el poemario "Inmóvil en el viento", y Premio Estatal de Poesía "José Díaz Bolio (2015). Autor del libro "Inmóvil en el viento" (Ayuntamiento de Mérida, 2018). Coautor del libro "El éter de las esferas (Ayuntamiento de Mérida, 2006).

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