Cultura

“Un vecino gruñón”, film maravilloso de Marc Forster

“Un vecino gruñón”, film maravilloso de Marc Forster

Tom Hanks es un intérprete fuera de serie. Su voz tiene una carga emocional e interpretativa que hace de sus personajes algo real al drama ficcioso interpretado.

Ahora, en este día uno del 2023, en la pantalla grande, este actor nos ofrece la recreación de un hombre grande llamado Otto Anderson, retirado de las labores productivas de su país, pero apegado maniáticamente al deber, a las reglas, al respeto, al orden y la limpieza. Ese sentido del deber ciudadano lo convierte en un hombre huraño y, además, solitario. Es decir, sin esposa y prole.

Vive en, lo que llamaríamos en México, una calle cerrada, a la cual llega una familia mexicana comandada por la esposa que tiene dos hijas y tiene en la panza a un tercer vástago. Esa mujer mexicana es interpretada por Mariana Treviño, cuya actuación es fresca, regocijante, divertida, conmovedora y convincente en toda escena y ocasión del filme. Su marido es un actor también mexicano -jalisciense, para mayor dato-, Manuel García Rulfo.

Para mí, lo esencial de la película se encuentra en el reconocimiento que se le hace a la idiosincrasia mexicana, esa metiche, solidaria, preocupada del vecino y capaz de dar todo, sin buscar pagos de ningún tipo.

Ese reconocimiento a nuestra manera de ser lo habíamos visto en otra vertiente en la película animada COCO, donde se destaca el valor del amor que tenemos a nuestros familiares muertos.

“Un vecino gruñón”, film maravilloso de Marc Forster

En síntesis, ya van dos películas de Hollywood donde nos quitan el estigma del huarache y el tequila, el mariachi y la irresponsabilidad y nos ubican en la dimensión humana de calidad mayor, de irrebatibles buenos sentimientos. En especial, a la mujer, a la madre mexicana que es capaz de todo.

La película tiene una cantidad de subtemas de gran actualidad que la convierten en una cajita de sorpresas. Y lo más importante, nos muestra el otro mundo americano, lejos de los edificios de Chicago o New York, de la brillantez de las autopistas y nos ubica en un invierno cruel, con realidades oxidadas, donde la vida laboral tiene que suceder con la normalidad de cualquier otra estación del año.

Nuestros ojos bailan entre una acuosidad que se niega a surcar la piel de nuestro rostro y con un nudo en la garganta que seca la saliva. Pero afortunadamente, no todo es dramático, las risas también abundan y la suspicacia anida en nuestro cerebro, buscando los desenlaces de cada escena.

Marc Forster, el director del film, se nos antoja un gran conocedor de la sensibilidad humana y ha sabido escudriñar en los sentimientos de una raza amorosa, como la nuestra.

Muy buena película. Guardada ya, en el corazón.    

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