Opiniones

¡Ay, Dios! Dos Mil Veintidós

¡Ay, Dios! Dos Mil Veintidós

31 de enero, tiempo conclusivo del año dos mil veintidós. Echado para atrás, definitivamente, con todo y una serie de acontecimientos que pudieron afectarnos o no, pero que allí estuvieron, al margen de nuestra realidad individual,  dibujándose; sin embargo, en nuestra conciencia, como parte de la cognición que nos llega de por sí, igual que el viento, la noche, la escarcha o la humedad o el musgo que brota de él, y las noticias de la comunicación digital.

En esa temporalidad quedarán enmarcadas la muerte del Papa emérito Benedicto XVI, el inicio del conflicto bélico entre Rusia y Ucrania, el fracaso de la relación de Isabel Presyler y Mario Vargas Llosa, pero sobre todo por el absolutismo verbal e ideológico desarrollado en México, en voces de ciertos comunicadores, lo que significa apropiarse, de manera total e indivisible, de la verdad. Esas voces absolutistas vienen en un paquete muy pequeño de comunicadores, atrincherados en las redes sociales, Radio Fórmula y en algunos  medios  impresos, desde donde describen, minuto a minuto, un México “dividido”, “polarizado”, “destrozado” y “sumido en la peor tragedia de su historia”. Y son los mismos en todos los medios.

A lo largo de todo el año que ahora mismo despedimos, sectores políticos de la llamada oposición, también decidieron convertir en propiedad individual, en propiedad suya, toda la realidad perteneciente a los millones de mexicanos que caminamos a diario para el trabajo y la vida.

Nunca antes habíamos visto ejercer el poder de la palabra informativa sin ninguna limitación, excluyendo cualquier relación con la realidad objetiva. Vimos a la palabra usada como señuelo para cazar voluntades y ponerlas en los canales del disentir con el gobierno actual. En ese sentido, Chumel Torres decía, en una entrevista, que el director de Radio Fórmula le dijo que él se iría hasta que se aburra, pero nunca por algo que hubiera dicho de la representatividad presidencial. O sea, que podía decir todas las sandeces del mundo, sin censura alguna. Libertad total para la pendejez.

Esa estrategia de la irreal realidad, de la fantasía social y la mórbida política, implementada por un pequeño sector de comunicadores, va dirigida a un solo hombre, un solo individuo, una sola persona, al presidente Andrés Manuel López Obrador, a quien defenestran para minimizarle sus logros, arrebatarle sus trabajos, y todo su empeño para poner a nuestro país en el  rumbo de modernidad laboral, salarial y de reivindicación a la senectud, los minusválidos y los desposeídos.

¿Cuál ha sido el resultado de toda esa estrategia puesta en práctica a lo largo del año que ahora concluye? El hartazgo. Hartan, porque es la misma mala cantaleta en voz de un tenor, una tiple, una soprano o una contralto.

Ellos son: Claudio González, Alazraky, La Micha, la María Amparo, Héctor “aguilita” Aguilar Camín, Castañeda, Loret de Mola, Heroles, Gustavo de Hoyos, Krauze, La Pagés, Tello Macías, y otros más.

Le damos la bienvenida al 2023. Lo hacemos con alegría, con esperanza, esa con que se ha sostenido la vida muchos compatriotas.

¿A partir del primer día del primer mes del año nuevo, seguiremos escuchando las mismas notas periodísticas surgidas del absolutismo informativo reunido en redes sociales y distintos medios de comunicación?

Si es así, significaría que comienzan a oler como la podrición de un cadáver. 

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