Cultura

Isabel Preysler y el Nobel de Literatura ponen fin a su relación

Isabel Preysler y el Nobel de Literatura ponen fin a su relación

La noticia de la “separación definitiva” de Isabel Preysler y Mario Vargas Llosa provocó que hasta el mundo de los políticos españoles se detuviera. Nadie daba crédito a la noticia y la ubicaban en el día de los Santos Inocentes. Se tuvo que acudir a amigos de la pareja para corroborar la noticia, para enterarse de los pormenores del caso. Lo demás fueron interpretaciones, desde arriba hasta abajo, del caso.

A partir del 28 de diciembre, la prensa y la crónica rosa española se dedicó a rastrear los antecedentes, las primeras señales de la ruptura o las situaciones incomodas de la pareja, que concluyó con la declaración de Isabel Preysler: “Mario y yo hemos decidido separarnos de manera definitiva”.

Yo encuentro dos causales que, con seguridad, los medios españoles no consideraron. La primera es el deterioro de la condición física del literato, quien ya se movía con dificultad y ayudado por un bastón. Con el paso del tiempo, lo siguiente era ver a Vargas Llosa en sillas de ruedas, guiada, o por un ayudante o por una enfermera.

A la socialité, esta última etapa física del Nobel ya le resultaría una imagen inadecuada para sus apariciones públicas y posados para la prensa, porque afearían su entorno que siempre ha sido de esplendor, estética sublimada y deslumbrante belleza y salud.

Y es que Mario Vargas Llosa quería estar como lapa, junto a la Preysler. Durante años no le soltó la mano, mientras caminaban a cualquier lugar.

Vargas Llosa da muestras de poder vivir hasta los noventa años con el cerebro en su lugar, pero con las articulaciones de las piernas atoradas por la senilidad.

La verdad, no imagino fotos de Isabel a lado de un anciano en silla de ruedas.

La segunda causalidad, la encontramos en el malestar que manifestaba Vargas Llosa, cuando todos los micrófonos y cámaras se volcaban hacia Isabel Preysler, para lograr palabras suyas e imágenes de su portentosa elegancia, haciendo poco, muy poco caso, del novelista peruano, quien apresurado tomaba del brazo a su pareja y la encaminaba hacia su carro. Hubo una ocasión que la empujó de la espalda para meterla al coche y así evitar que ella siguiera hablando con los periodistas. Isabel, aún con la puerta entreabierta, prodigaba palabras, sonrisas y amables despedidas con la mano. Ella es famosa por nunca evadir a los medios de comunicación, porque “esos chicos están haciendo su tarea”.

Isabel no pisó todas las fronteras literarias de Vargas Llosa, aunque Mario se inmiscuyó, a plenitud, en las de ella, llegando a participar hasta en algunos programas de Master Chef España, en los que participaba Tamara Falcó, hija de la mujer más elegante de España.

Famosa fue la reivindicación que hizo Mario a la revista Hola con un texto que leyó, cuyo contenido elevaba a niveles insospechados a ese famoso semanario que vende millones de ejemplares en Inglaterra, EEUU, Rusia, Francia, México y muchos países más.

La pregunta que flota en los aires de España es cuál de los dos resultará más afectado en la opinión pública. Hay quienes adelantan que Isabel Preysler. Se asegura que esta última recibirá una buena andanada de opiniones adversas. Y se preguntan si volverá a tener otro hombre famoso en su Salón de la Fama sentimental.

Hay dieciocho años de diferencia entre uno y otro. Y no me cabe la menor duda que su vida hogareña estaba arreglada estrictamente. Esto significaba recámaras separadas, tiempos distintos en las actividades profesionales. Isabel hace yoga, va al gimnasio, tiene sesiones constantes de estética corporal y facial y tiene una vida social profusa. Mario lee y escribe.

Entre ellos hay poca relación hasta en los hábitos alimenticios, pues Isabel es profundamente vegetariana y Mario, excesivamente carnívoro. Debemos mantener en cuenta que, a un vegetariano le resulta repugnante ver un bistec asentado en un plato para ser engullido por un acompañante.

¿Regresará Mario con Patricia, su esposa? Me parecería natural. En los pocos años de vida útil que le quedan a Mario, le será necesaria la ayuda de una persona comprensiva y capaz de agarrar los manubrios de una silla de ruedas para conducir a un minusválido a donde le sea necesario. Patricia asumiría esa tarea sin chistar, porque “Mario es el padre de mis hijos”. Esa será una buena excusa, para la reconciliación. Los hijos de Mario nunca perdieron contacto con él. Así pues, la vida familiar del escritor podrá continuar con cierta normalidad.

Mario Vargas Llosa, cuando acudía a alguna invitación literaria, pedía que Isabel tuviera un asiento solitario, apartado de toda la audiencia y colocado frente a él. Era como una reina en su trono. Y, en cada ocasión, dedicaba palabras a la mujer “que lo hizo ser diferente”.

Mario es famoso. No cabe duda. Pero ella es mediática y esa condición la ha sabido manejar a la perfección, llegando a cobrar hasta por las palabras que pronuncia. Y se las pagan muy bien.

Se dice que las hijas de Isabel abandonarán el hogar materno por culpa de Vargas Llosa. Por lo pronto se espera que Tamara Falcó, quien ha vivido el escándalo de romper su relación previa al matrimonio, retorne al domicilio familiar, para que la felicidad de madre e hija se reencauce.

¿Sucederá lo mismo con Mario Vargas Llosa?

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