Cultura

Amigo Juan

Amigo Juan

Ocasiones hay en las que se me viene a la mente el recuerdo de mi amigo Juan, enorme guitarrista fallecido hace algunos años.

En el año que llegó, vi a Mike Manzur, el verdadero hardrock, aquel originado en San Francisco, California. Inicialmente, el único grupo que ejecutaba aquella música correctamente fue lidereado por Manzur y del que formaba parte un servidor, en el bajo (todos son mejores bajistas, pero el que mejor bajeaba soy yo).

Probamos varios bateristas hasta tener uno de planta: el “judío Ocampo” y de cantante, el “Mazapán”. A partir de entonces comenzaron a surgir, a muy mala imagen y semejanza, varias agrupaciones que pasaron con más pena que gloria. Por ejemplo, los tres hermanos León, “Los Hijos de la Naturaleza”, Mario Molina y su “cátsup”, él, muy buena persona y un regular guitarrista; sin embargo, lo mejor que tenía su grupo era la mansión de su propiedad, ensayaban en la “La Casa Cámara”, en el Paseo Montejo. En la ‘casa gemela’. “La Familia”, etc. Hasta que surgió una banda que sonaba bastante regular, gracias a mi amigo Juanito Cárdenas, quien daba sabor al grupo, ‘filing’ y el más cercano (después de Mike, nadie. Después de Juan Cárdenas). Sin embargo, todos, incluyendo a estos con el clásico sonido huaye, se llamaba “El sonido del eco”, en el que brillaba el requinto de Juan. Fusilaba a la perfección a Erick Clapton, Jimmy Page y Ritchie Blackmore, y no estoy exagerando.

Un buen día, el líder del grupo, al “Teclado” Jorge Carlos Castro se le ocurre salirse del rock. Decía “ya superé esa etapa” y así, todos los demás, autocultivados lo apoyaron, a excepción de Cárdenas, a quien se le notaba el terrible aburrimiento tocando bossa-nova. Castro, apoyado nada menos que por don Andrés García Lavín, hombre muy influyente, fue lanzado como solista a la capital… Un rotundo fracaso.

Juan Cárdenas formó con las sobras del sonido un grupo llamado “Cuatro más cero”, de corta duración. En ese entonces, mi añorado amigo, siempre hubo gran empatía entre ambos, sufre un severo trastorno mental. Hablaba solo, se reía por nada, tenía alucinaciones, en pocas palabras, no coordinaba muy bien su mente con la realidad, pero al tomar una guitarra era el hombre más cuerdo del mundo. Por supuesto, sus “ex compañeros” se olvidaron y lo rechazaron rotundamente. En aquel mundo de brumas cerebrales, él, en la soledad de su casa, continuaba requinteando, rodeado de sus adorados cincuenta gatos. “Es mi ganadería”, bromeaba.

En ocasiones acudía a su casa, por el ADO, y tocábamos sabrosas Jam sesiones. Lo que más recuerdo fueron varias rolas, en especial una que él grababa, en algún lugar deben estar esas cintas, que pasaron del asombro al pasmo, ya que cuando tocamos “Crossroads”, “Spoonful”, del grupo “Cream”; “What’s Going On”, de Taste, que confieso sonó mejor que las ocasiones que las toqué con Manzur. Al término de estas rolas, ambos simplemente sonreímos, pero sorprendido quedé cuando comenzó la introducción de “Words if love”, de “Buddyhol”. Sencillísima y vieja canción que, de tan sencilla, resultaba una grandiosa y elemental manera de tocar el auténtico rock.

Después de pasar en aquellos ‘moloch’ conjuntos que tocaban tributos, tres sobrevivientes del “Sonido del eco” se juntaron para un reencuentro. Juanito comenzó a ensayar con ellos y días antes de la función, inesperadamente falleció de un mal fulminante en los riñones.

Honor a quien honor merece, Juanito Cárdenas y Mike Manzur, auténticos salvadores del rock, cuando este declinaba. Vaya esto como un homenaje a un enorme músico.

Deja un comentario

Mira también
Cerrar
Botón volver arriba
error: Este contenido está protegido. Gracias.