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El ingenio del “Vate” Correa

El ingenio del “Vate” Correa

Todo el mundo lo conocía por el “Vate”: el “Vate” Correa por aquí, el “Vate” Correa por allá, etcétera. Era un bohemio empedernido, vestido con un traje viejo y arrugado y a veces sobre la cabeza un bombín o si podía, un añejo sombrero de copa.

Odiaba el trabajo. Se pasaba las mañanas yendo y viniendo por nuestra Plaza Mayor y entrando y saliendo de las cantinas, sin importar si se trataba de un bar rascuache o de la Lonja Meridana. Y es que era apreciado por su caballerosidad y por su ingenio. Podía, si se empeñaba, componer un verso de regular medida en minutos. Y esto lo hacía en las cantinas, sobre una mesa de granito, rodeado de sus amigos y admiradores. Sobre la mesa no faltaban las copas de buen ron o de whisky y varias botellas de cerveza.

El día se alegraba cuando los clientes del bar lo veían llegar a las diez u once de la mañana, listo para sacar a patadas al mal humor y comenzar a relatar sus infinitas y curiosas aventuras a las que prestaban atención todos sus contertulios. Además, casi nunca le dejaban pagar por lo consumido, aunque, de todos modos, siempre le salía debiendo al cantinero, al que interesaba tenerlo de cliente porque bien sabía que detrás suyo, o antes, llegaba una recua de bohemios como él y borrachines que también querían divertirse a sus costas.

Eran famosos sus epigramas y toda clase de versos humorísticos. Ya hablaremos más de él en otra ocasión. Por ahora ofreceremos una cuarteta que le dirigió a una distinguida dama de Mérida en aquellos tiempos del oro verde:

Linda Paquita hechicera
tú aliviaras mi arranquera
si en vez de Paca Cervera
fueras paca de henequén.

¡Tremendo el “Vate”!

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