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El caso de Ciro Gómez Leyva, un pretexto más para la denostación a la 4T

El caso de Ciro Gómez Leyva, un pretexto más para la denostación a la 4T

Si el gobierno sabe que él no fue el autor, ni intelectual ni material, del susto que le dieron al periodista Ciro Gómez Leyva, tiene que saber, entonces, que este fue un plan organizado por sus contrarios, para tener tema, como ha sido desde entonces y lo sigue siendo hasta ahora, de culpar y echarle reclamos al presidente de la república.

Todas esas mismas voces que desde hace algunos años le echan la culpa al gobierno de fantasiosas situaciones nacionales catastróficas, al día de hoy han encontrado, en la agresión al conductor de radio y televisión, un nuevo tema para culpar al presidente López Obrador de “sembrar el odio hacía los periodistas, y de dividir a los mexicanos, desde sus ‘Mañaneras’”.

¿Por qué se eligió para un atentado a Ciro Gómez Leyva? ¿Por qué no a Carlos Loret de Mola, al payaso Brozo el escabroso? ¿Por qué no a Oscar Mario Beteta, a Pedro Ferriz o a algún otro de la comunidad periodística antilopezobradorista?

Es reprobable, ¡por supuesto!, el susto que le dieron al comunicador del Grupo Radio Fórmula, y parece claro que la intención de los atacantes no era segar su vida, porque las condiciones materiales para llevar a cabo tal atrocidad las tenían de todas-todas. Veamos el escenario: un vehículo delante de Ciro, conducido lentamente que le tapaba el paso, calles solitarias, baja densidad vehicular y coches estacionados a un costado del suyo, que facilitarían una encerrona a la camioneta que conducía el periodista”.

Ciro declaró que no culparía a nadie. No tenía necesidad de ello. De echar las culpas necesarias era trabajo de los otros, Adela, Denisse, Oscar Mario, Joaquín y todos los del coro, especializados en desbaratar cualquier detalle relacionado con la política obradorista. “Los periodistas” tuvieron un nuevo tema para seguir con su táctica de confrontación con el gobierno.

Este acto, tiene, ¡sí!, un claro aumento en el nivel de agresión de los opositores, quienes, en su desesperación por conseguir alterar, de manera concreta, al gobierno, parecen llegar a medidas semejantes a las utilizadas por los drogadictos, quienes comienzan pidiendo monedas para su droga, continúan con robos, luego con asaltos, le siguen con las agresiones y concluyen con el asesinato para conseguir el dinero para comprar sus drogas.

“Hago responsable al gobierno de cualquier agresión que yo sufra”, han dicho esos comunicólogos, en un momento dado. ¿Y, si la sociedad hiciera lo mismo? Es decir, advertir que cualquier agresión a ciudadanos es culpa de la oposición.

¿Históricamente, no son los opositores los que han dado los golpes de estado?

¿No es la derecha la que crea grupos clandestinos para el exterminio y la desestabilización de gobiernos y gobernantes? Recordar la Triple A en Argentina, durante la dictadura de Videla, o la Triple K (Ku Kux Klan), en el propio Estados Unidos.

Se acercan las elecciones mayores de 2023, esas que determinarán las del 24, y la oposición quiere obtener el triunfo electoral de ese año. Para conseguirlo, no le importará nada, aunque de asesinar se trate.

En medio del escenario verbal catastrófico de los periodistas, uno anda por las calles de la ciudad y solo ve luces navideñas por todas partes, música, cantos, abrazos, felicitaciones, alegría y un marcado ambiente de optimismo y bienestar. ¡Es más!, ellos mismos son las máscaras de la felicidad, al presentarse bien trajeados, perfumados, mejor peinados, rodeados de luces, ambientes caseros caros y buenos muebles. ¿Cómo creer en sus palabras que hablan de ambientes destrozados, sufrimientos de la población y ambientes de terror?

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