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No veas esta serie de Netflix si buscas desconectar

‘Fiebre cerebral’, crítica: no veas esta serie de Netflix si buscas desconectar

Uno de los primeros aspectos que destaca de Fiebre Cerebral es el idioma original en el que está grabada, el turco. A oídos latinos, parece un lenguaje duro, tosco y áspero, quizá complejo en cuanto a estructuras gramaticales y códigos infinitos. En la serie, disponible en Netflix, cada palabra retumba como un martillazo para comunidades que no lo hablan. 

Esa cualidad distintiva no es un aspecto negativo, ni para la cultura, ni para Fiebre Cerebral. Por el contrario, dentro del relato, se incorpora como un factor útil en la trama que plantea la serie: un hombre atravesado por distintos fantasmas y la ilusión de un mejor futuro. Ese último escenario es, también, por lo que resulta atractivo a fuerzas de seguridad: al parecer, es la cura para una enfermedad.

El protagonista de esta serie se llama Murat Siyavus, interpretado por Osman Sonant. Él es el vehículo que se usa para que la historia describa una trama en la que se mezcla el amor, el espionaje y un toco fantástico que en ocasiones la convierte en un relato psicológico. Sí, se trata de una serie que se mueve en distintos planos, a partir de un virus que afecta a toda la población dentro de esta distopía.

Mucho de lo que se observa en Fiebre cerebral es grato a la vista. Las imágenes, por la paleta de colores, los encuadres, el manejo de luz y la postproducción, sirven para generar una suerte de placer visual. En ocasiones, esa estética le permite a la historia componer imágenes oníricas, en oposición a otras más oscuras. 

Puede ser una manera simbólica de recrear los universos en los que se mueve el protagonista, luz y oscuridad, tranquilidad y vértigo. Murat Siyavus es presentado como alguien que se siente atraído por una mujer para luego ser alguien perseguido por hombres armados. Esa contraposición describe parte de las luchas de este ser.

Entonces, el relato, que se presenta como una historia intimista, de pronto muta a una trama compleja en la que se mueven distintas fuerzas y se encuentran escenas de acción con relativa frecuencia. Como si se tratara de agrupar en una misma producción diversos géneros con el fin de agradar al espectador.

Murat Siyavus, en su viaje narrativo, va pasando por diversas situaciones y conociendo a otros personajes en Fiebre cerebral con el objetivo de resolver un enigma. El más importante de ellos es Sule, interpretada por Hazal Subaşı. Esta mujer se presenta como un interés amoroso y, también, como una suerte de espejo en el que el protagonista se ve. Esa transición entre géneros y la entrada y salida de algunos personajes, diversifica tanto la trama que en ocasiones puede que sea complejo definirla. 

Por otro lado, su condición médica, en algún punto del relato, habilita la sospecha de que algunas situaciones están en un lado ficticio antes que en el plano real. Es un juego que se permite la historia, mezclándolo con excentricidad y secuencias propias de películas de espionaje. Fiebre cerebral es un collage de historias que en ocasiones puede parecer un Frankenstein y, en otras, una interesante pieza con aires artesanales. 

Quizá le sería útil a la producción que sus capítulos no fueran tan extensos, sino mejor distribuidos, con tramos de reflexión y explicación, en oposición con otros de mayor ritmo. Cuando se procura que cada entrega tenga un poco de todo, lo normal es que no resulte por completo satisfactoria. Por otro lado, para públicos no acostumbrados a las narrativas turcas, puede ser una interesante aproximación a su forma de entender las historias.

Con información de Hipertextual

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