Cultura

Conciertos (35)

El jueves 16 de mayo, Filiberto Romero Díaz ofreció una audición musical en la casa de Olegario Molina Solís ante una escogida concurrencia. En la reseña de este evento, Alberto González Narváez, que firmaba con el seudónimo de York, aseguró que las audiciones musicales en Mérida no solo eran muy raras, sino que incluso se les negaba importancia alguna. Sin embargo, gracias a los esfuerzos […] de nuestros pocos artistas, se ha triunfado contra esa lastimosa indiferencia, y ya se está palpando el desarrollo del gusto por el arte de una manera por extremo satisfactoria […] (1)

Para respaldar sus aseveraciones, York resaltó los afanes del recién fallecido pianista Ricardo Río para impulsar la difusión de la música entre nosotros:

            […] Ricardo Río Díaz, el infortunado artista cuya sentida muerte no acabamos de lamentar, fue uno de los paladines que más esfuerzos hizo para que el verdadero arte, tal como es y como él lo entendía, fuera comprendido y encontrara adeptos. En esa labor meritísima, ¡cuántos desengaños sufrió el artista! Pero él, como todo noble propagandista de un principio, no cejó jamás en su empeño, y ahora, como hemos dicho, recogemos el fruto que tantos sinsabores le costara. ¡Pobre Ricardo Río! No hace muchos días que desapareció del mundo terreno; está latente su recuerdo entre sus buenos amigos, vive entre los homenajes de la admiración y los resplandores de la gloria, con una vida que lo vencerá todo… Esa noche, en la velada, al vibrar los primeros acordes del piano, sentimos presente su espíritu que se estremecía y escuchaba silencioso a los artistas, derramando sobre ellos su portentosa inspiración […] (2)

González Narváez informó que la audición musical había tenido lugar en el fondo de un amplio corredor de la elegante casa de Molina Solís, donde se había levantado un estrado, en el que destacaba un magnífico piano de media cola marca Bechstein.

            […] A las nueve en punto principió la audición, ejecutando Romero un Allegro del concierto de Godard con acompañamiento de orquesta. Este concierto es de gran efecto que el artista supo aprovechar. Del trabajo de la orquesta, la mayor alabanza que podemos hacer es que estuvo encomendado a la dirección del maestro José Cuevas. La Srita. Sarah Sauri Zetina cantó dos preciosas romanzas acompañadas al piano por Romero. La dulce y atinada voz de Sara y la belleza de las obras nos hicieron pasar un momento delicioso. La orquesta ejecutó una serenata de Haydn, joya clásica que fue bien ejecutada, y la Gavota en mi menor de José Cuevas, obra de depurado gusto artístico y excelente instrumentación. Ambos números arrancaron aplausos.

            Chonita Sauri causó delirio esa noche tocando con notable maestría una Romanza de Svensen, de gran dificultad en la expresión; pero Chonita, como siempre, con la poderosa inspiración que posee y su perfecta ejecución, arrebató al auditorio que la aplaudió frenéticamente. También ejecutó en la segunda parte del programa una Mazurka de Wieniawski y la Danza Húngara de Brahms, en las que hizo derroche de primores, a pesar de las dificultades de que están erizadas esas dos obras […] (3)

Por su parte, Cayetano Cuevas, Jacinto Cuevas y Filiberto Romero ejecutaron la Serenata para violín, violoncello y piano de Charles-Marie Widor, en tanto que Francisco Heredia, Jacinto Cuevas, Julio Río y Filiberto Romero interpretaron una hermosa composición para violín, violoncello, viola y piano, obra del último; la “Rapsodia Húngara” de Liszt para piano estuvo a cargo de las Sritas. Josefina Ferrer y Dolores Molina, una de las hijas del anfitrión.

            […] La derecha del piano fue ocupada por la Srita. Molina. Lolita nos sorprendió agradablemente por la limpieza en la ejecución, la gracia y soltura de sus movimientos y la intención artística que posee, dones que ha sabido aprovechar bajo la hábil dirección de su profesora, la Srita. Ferrer. Filiberto Romero estuvo bastante feliz esa noche. “El canto de amor” de Liszt, “La Lisonjera”, de Chaminade y una “Polonesa” de Chopin, constituyeron su mejor trabajo.

            Ya en otra ocasión hemos dicho que Romero es un artista que posee el don incomparable del sentimiento, Filiberto, cuando toca, se posesiona profundamente de las obras y sabe sacarles excelente partido.

            Debe estar satisfecho el artista por la buena aceptación que han tenido sus trabajos. Joven todavía, de positivo e incuestionable mérito, vemos en él una legítima esperanza para gloria y orgullo del arte […] (4)

Finalmente, el cronista vertió elogios a Molina Solís, no únicamente por el tacto exquisito que prodigó a los concurrentes, sino por su carácter de protector munificente de las artes y amante de todo lo que significaba progreso.

Como don Olegario estaba en campaña, a finales de octubre organizó otra audición musical en su residencia, con las actuaciones del cuarteto que dirigía Filiberto Romero y discípulas de la profesora de canto Mercedes Rodríguez de Arjona. Pero de ese evento nos ocuparemos en la entrega siguiente (5). (Continuará)

Referencias

(1).- York. (1901, 19 de mayo). Nota de arte. El Eco del Comercio, p. 2.

(2).- Íbid.

(3).- Ibídem.

(4).- Ídem.

(5).- Audición musical. (1901, 20 de octubre. El Eco del Comercio, p. 2.

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