Cultura

“Tráfico”, fuerte obra teatral de denuncia

John Hristo como Alex en la obra Tráfico 2.

El teatro es voz de los que no tienen voz; el teatro es vehículo de denuncia de los flagelos sociales; el teatro llega hasta los últimos rincones de la sociedad; el teatro es una fuerza social sin parangones. El teatro tiene un compromiso ineludible con la sociedad y a través del tiempo lo ha cumplido con cabalidad. Nuestros días no son la excepción, el teatro sigue siendo una voz fuerte de denuncia, y esta condición se actualiza en una fuerte y magistral puesta en escena de una obra de tremenda actualidad. “Mitos Teatro” está presentado la obra de Sergio Blanco titulada “Tráfico”, que bajo la dirección de Carlos Sarmiento, se esta presentando en el Foro Alternativo “Rubén Chacón”, valioso espacio de cultura que existe y persiste por la férrea voluntad de Hortensia Sánchez y Pancho Solís (voluntad que esperamos nos dure muchos años más). La obra es fuerte, cruda en varios pasajes, nos presenta una realidad dolorosa de un amplio sector de nuestra sociedad, que vive en estas terribles condiciones en su vida diaria. La obra tiene una connotación de universalidad, pues su acción la podemos ubicar en nuestra ciudad, en CDMX, en Monterrey, Guadalajara, o cualquier medio urbano de cierta dimensión en el que, el flagelo del crimen organizado haya sentado sus reales, y en el que, sus tentáculos llegan hasta el último rincón imaginable.

La obra es un monólogo, lo cual plantea un reto mayor para el protagonista, pues de suyo, un monólogo es un reto para mantener la atención del respetable, para no cansarlo, para sostener un ritmo activo y que inclusive vaya “in creccendo”; y estas condiciones se cumplen a cabalidad en esta puesta. Es por ello que hay que abonar los créditos correspondientes. En primerísimo lugar, a la excelente actuación de John Hristo, versátil actor, al que hemos visto transitar del blanco papel de Gatillo, de “Érase una vez un Pato”, al suave amante joven de “Amado Mío», y que ahora, cobra una nueva dimensión actoral, con la fuerza arrolladora de un Alex, que va evolucionando en forma negativa, ante sus duras y adversas circunstancias de vida, para convertirse en un ente sin compasión ni piedad de ninguna clase. Esta actuación abona una tremenda calificación a su C. V. actoral.

John Hristo como Alex en la obra Tráfico.

Aplauso de pie para Miguel Ángel Canto, su rutina corporal imprimió veracidad a la metamorfosis que Alex va sufriendo al ir cambiando las circunstancias de su vida. Mención sobresaliente para Eduard Chan, la magia de su iluminación dio realce a las escenas, y en la escena final, que por su cruda naturaleza pudo caer en lo vulgar y hasta ofensivo, la estupenda y precisa iluminación de Chan, la transforma en una estampa de enorme valor estético. Aplauso de pie también para Carlos Sarmiento, por la magnífica dirección escénica, su mano segura se dejo sentir en la acción y desarrollo de la historia, así como en la actuación del único personaje en la escena. No tenemos la información de, bajo la responsabilidad de quién corrió la música incidental, pero su selección y aplicación en el desarrollo de la trama fue muy precisa y contribuyó en gran parte a crear el ambiente necesario en las diferentes escenas, así como acrecentó la intensidad de los cuadros que así lo requerían.

La historia de Alex, es la historia de miles de chicos, de las más diversas ciudades del orbe. Chicos de clase social y económicamente baja, cuyas necesidades elementales se van resolviendo de maneras prácticas, aunque no necesariamente correctas. Son almas sensibles, y muy vulnerables, como hojas secas al viento huracanado. Viven con una necesidad profunda de afecto y de encontrar alguien que les tienda la mano, y quién lo hace, no lo hace siempre con buena intención. – “Soy capricornio, cómo Cristo y también como el francés. Les cuento que estoy aquí por su culpa, él fue el que me metió en esta historia”. La necesidad de Alex lo lleva a las calles, y éstas lo llevan a la salida más fácil para resolver sus necesidades elementales: La prostitución. – “Mi trabajo, es vender mi cuerpo. Si quieren este cuerpito, tienen que pagar por él”, es el sentido que le ha dado a su vida. En ese mundo obscuro y un tanto secreto, aparece en su vida el francés, y Alex cree encontrar en él un rayo de afecto y esperanza. Él le ha regalado la motocicleta, que forma ya parte esencial de su vida y su modus vivendi. La vida nocturna de Alex, y la acción de la obra, giran alrededor de la motocicleta.

John Hristo como Alex en la obra Tráfico 3.

La relación de Alex con el francés, no es precisamente placentera, está llena de choques y desencuentros. Basta un pequeño empujón para pasar al siguiente paso: Entrar al sórdido mundo del crimen organizado, el de los sicarios. Cada vez, Alex va haciendo cosas peores, hasta llegar a lo más terrible: Matar a su novia, porque así se lo exige el terrible personaje, que no se ve en la obra, pero que esta presente en toda la acción, y determina el trágico desenlace de la historia. Alex le llama sencillamente: La Comunidad. Con una naturalidad terrible, Alex va narrando sus cada vez peores crímenes. Sin tener conciencia clara de ello, va entrando a un callejón cuya única salida, es su propia muerte. Su ejecutor le hace saber la orden de la Comunidad que él tiene que llevar a cabo. – “Toma la moto, monta en ella y disfruta la velocidad. Lo voy a hacer de la mejor manera, que ni siquiera te des cuenta del momento”, le dice. Y así sucede, Alex se aleja a gran velocidad, seguido por el coche del ejecutor. En un momento, con esa magia maravillosa del teatro, Alex trasciende y se libera al fin de su triste vida, y lo hace con un cuadro de una gran belleza estética.

“Tráfico”, es una obra teatral dura, de un teatro de denuncia social que viene a cumplir una misión necesaria, indispensable, en la violenta vida social de estos días que nos está tocando vivir. “Tráfico” va a tener unas fechas más de presentación. Aún tienen la oportunidad de verla. ¡No se la deben perder!

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