Cultura

Libro “El Lucero del Alba”, remembranzas y anécdotas (1975-1995)

Libro “El Lucero del Alba”, remembranzas y anécdotas (1975-1995)

A través de un buen amigo tuve a bien recibir un libro que me resultó muy ameno, ya que conocí muchas de las partes de dicho libro, desde sus inicios y descripción del barrio de Santa Ana, ya que un servidor nació, se desarrolló y creció por el mismo rumbo, calle sesenta y dos, número trescientos setenta y ocho, entre las calles cuarenta y tres y cuarenta y cinco, a media cuadra de la tienda “El Tívoli” y lo que hoy es el Instituto Comercial Bancario, pero que en mi niñez y primera adolescencia era una antigua casona que perteneció a un viejo hacendado de apellido Manzanilla, pero que para entonces se rentaba cuartos y en uno de ellos había un hermoso cenote de caverna, que por el módico precio de un peso a la familia que habitaba esa área, se convirtió en la piscina pública de todo el vecindario, casi todos los días acudíamos a darnos un buen chapuzón.

El libro del que hablo se llama “El lucero del Alba” y fue escrito por Javier Jesús Cervantes Centurión, hijo del encargado de esa famosa cantina de entre los años 1975 a 1995: el popular “Cremas”. El joven Cervantes describe muy bien lo que el “Lucero del Alba” fue desde que lo atendía el señor Ruz, con su hijo ‘Ruzito’. Mismo con el que estudie en la Escuela de Comercio y Administración. Debo presumir que yo fui un joven con muchas facultades (comercio y administración, jurisprudencia, economía, y hasta odontología, evidentemente no terminé ninguna de las carreras de dichas facultades).

El “Lucero del Alba” forma parte de la historia y leyenda de las esquinas más famosas de Mérida. Era la clásica cantina, de esas a las que hoy añaden la palabra “tradicional”. Muchísimas veces acudí a tomar las cervezas a esa cantina con diferentes amigos. Recuerdo también que todos los sábados acudía con Rolando Zapata Bello, Diego de la Rosa y Hortensia Sánchez a tomarse una cervecita y también otro grupo, el de “amigos, libros, arte, y tradiciones”, que encabezaba Raúl Maldonado. En ese grupo estábamos Roldan Peniche, Paulo Sánchez, Joaquín Bestard, Benario Garrido y otros.

En el libro en cuestión se enumera a muchísimos clientes, a bastantes de los cuales conocí y algunos eran mis amigos. Pasaré a comentarles una anécdota que me sucedió con el gran pintor, ya fallecido, Eduardo Ortegón. Nos sentamos en la barra a tomarnos unos tragos que nos servía el “Cremas”. Ya anocheciendo, con medio estoque entre pecho y espalda nos dirigimos cada uno a nuestras respectivas casas. Unos días después regresamos al Lucero y nos dice el “Cremas” que porqué había dejado el ‘Flaco’ Ortegón su carro en el estacionamiento. Se le había olvidado.

Salimos, nos subimos a su coche y rolábamos por el Paseo de Montejo, cuando se nos atraviesa un carro repleto de judiciales, que a punta de pistola bajan al ‘Flaco’ y a un servidor y nos llevan al DAP. Ya que había denunciado el robo de su auto. Los judiciales nada más se reían y decían “sí, si allá lo dices”.

Estuvimos detenidos varias horas, él, protestando, diciendo que ese era su carro. El “Cremas” observó la detención y le avisó a la esposa de Ortegón, que llevó la factura del coche, comprobando que éste era en realidad el dueño. Con un “usted dispense”, lo dejaron en libertad, pero el susto y la inesperada madriza nadie nos los quitó. Y, así como esta, podría contar otras aventuras y desventuras ocurridas en el “Lucero del Alba”. El libro es de magnifica presentación y de mejor papel y tinta, con fotografías y caricaturas de mi amigo Jorge Rivas Cantillo.

Felicidades, Javier Jesús Cervantes por estas agradables añoranzas que plasmas en tu libro.

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