Bienestar Espiritual

«¿Hallaste esposa? ¡Has hallado el bien! ¡Has alcanzado el favor del señor!» (Proverbios 18:22)

Padre Benignísimo: Muy de mañana he despertado junto a mi esposa y asalta a mi mente estas sabias palabras del Espíritu Santo: “¿Hallaste ESPOSA? ¡Has hallado EL BIEN! ¡Has alcanzado el favor del Señor! “(Pr. 18:22). ¡Qué alegría proporciona a mi espíritu esta gran verdad! Ahora me atrevo a despertar a mi amada esposa y le digo al oído: ¡Amor mío! ¡Despierta! ¡Vamos a orar a una sola voz! Quiero agradecerle al Señor en tu presencia en este amanecer lleno de esperanza, porque, ¡TÚ ERES MI BIEN Y CONTIGO HE ALCANZADO EL FAVOR DIVINO! ¡HE SIDO INMENSAMENTE DICHOSO PORQUE MI ESPOSA NO ES COMO MUCHAS QUE NO SABEN VALORAR, NI COMPRENDER NI AMAR A SUS ESPOSOS!

Puestos de rodillas, a Ti, oh Padre Amoroso, clamo: ¡Muchísimas gracias, Padre, ¡porque Tú me has dado a esta mujer que tengo orgulloso a mi lado! Ella me ama y yo la amo. Ella me comprende y yo también; ella me inspira, me embelesa, me apasiona, me llena de gozo, me da alegría y no problemas; cuida a mis hijos, nuestro hogar y nuestro patrimonio con sabiduría proverbial; ella hace de nuestro hogar un pedacito de cielo; ella con poquito hace que nada falte; ella me ha soportado carencias, pobrezas y lo que ahora tenemos, se lo debo a su hábito del ahorro, porque ella, de lo que le doy, sabe guardar para las oportunidades o para remediar las necesidades emergentes; ella siempre está solícita en atenderme cuando llego del trabajo, para ella soy su rey y me honra complaciéndome, cosa que ante Ti le agradezco.

Santísimo Padre: Tal vez yo no he sido el marido solícito, talentoso, cariñoso y atento que ella se merece. Pero a partir de hoy, me esmeraré en ser más responsable y eficiente en el trato que ella se merece. ¡A ella y a Ti, pido perdón por todas mis descortesías, mis faltas de atención en demostrarle cuánto la amo! Con mucho orgullo puedo exclamar que yo soy el afortunado que he encontrado “LA MUJER EJEMPLAR Y ESTOY CONVENCIDO QUE SU VALOR EXCEDE AL DE LAS PIEDRAS PRECIOSAS” (Pr.31:10).

¡Gracias, Padre Bendito, ¡porque esta mujer que me has dado vino a enriquecerme, eliminando mi soledad y a confortarme en la tristeza! ¡Por ella fui capaz de dejar la casa de mis padres, unir mi vida y mi destino al de ella!
¡Muchísimas gracias, oh Padre de amor!

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