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Los promotores de Va por México y los síndromes de Frégoli y Hubris

Los promotores de Va por México y los síndromes de Frégoli y Hubris
Foto: Rodrigo GonzálezPolemón.

Las alteraciones mentales son terribles y peligrosas. Especialmente cuando se producen por resentimiento, o por no resignarse a vivir entre causas perdidas.

Desde que André Manuel López Obrador llegó a la Presidencia de la República e impuso nuevas relaciones económicas con ciertos sectores de nuestra sociedad “gentil” (lo propongo como lo opuesto a sociedad civil), toda una horda de intelectuales, comunicadores, periodistas, politólogos, políticos de oficio, payasitos sin circos, gente de la farándula, y estridentes cantantes del bel canto, comenzó a padecer enfermedades psicológicas, como el síndrome de Frégoli, que es la confusión entre la televisión y la realidad, y el síndrome de Hubris, que es un padecimiento emparentado con la fantasía compulsiva o la ensoñación inadaptada. En otras palabras, en ambos trastornos se imaginan historias falsas.

El listado de quienes padecen estos males psicológicos es considerable y vale la pena mencionar algunos nombres: Ricardo Rocha, Carlos Alazraki, Pedro Ferriz, Pepe Cárdenas, Denise Dresser, Maricarmen Cortés, Chumel Torres, Héctor Aguilar Camín, Enrique Krauze, Beatriz Pages, Beatriz Paredes Rangel, Claudio Xicoténcatl González y, últimamente, ya excarceladas, se han agregado a la lista Rosario Robles y Elba Esther Gordillo.

Es risible (¿O, penoso?) ver y escuchar fantasear a varios de ellos, con voces gastadas por la edad, carraspeando para darle continuidad a sus diatribas en distintos canales de YouTube. En este orden de ideas, Ricardo Rocha y Carlos Alazraki se llevan las palmas en esta penosidad. Y por ahí van Pedro Ferriz o Pepe Cárdenas, Maricarmen Cortés o Elba Esther Gordillo.

En esta feria de la fantasía, resulta conmovedor ver llegar a Beatriz Paredes Rangel, de muy avanzada de edad, hacerlo en silla de ruedas o tomada de los codos por ayudantes para poder caminar y decir enfáticamente que está lista para ser candidata del 2024 a la Presidencia de México.

Se debe imaginar una heroína enfundando las armas políticas para la reconquista de México y devolverlo a los que hoy extrañan los despojos y destrozos que causaron, durante décadas, a la patria nuestra.

Los argumentos esgrimidos por toda esta horda de personas instalada en las redes sociales, son los mismos, con ligeras variantes: México se cae a pedazos, no hay medicamentos para niños con cáncer, el INSABI no funciona, la economía no funciona, se han creado conflictos internacionales, peligran las relaciones con los grandes socios del capital extranjero y estamos ante un dictador que pone en riego nuestra democracia. (¿Cómo es eso de que un dictador viva o gobierne en medio de una democracia?)

A partir de esas afirmaciones propagandísticas surge una división de la realidad entre el plano de lo fantasioso, de una parte, y el del concreto, por la otra.

En lo concreto, metro por metro, centímetro por centímetro, por ejemplo, Mérida está íntegra, no le falta nada. El Anillo Periférico, saturado; las plazas comerciales, a reventar; el turismo, en esplendor; las ventas, a la buenaventura; las iglesias, en su lugar; los creyentes, en sus oficios religiosos; las escuelas, con sus estudiantes, y así en cada renglón de lo cotidiano. ¿Cuál es el México que se cae a pedazos? El único México que se cayó a pedazos fue el de los privilegiados, el de esos que conforman la horda antilopezobradorista.

Y ahí les entra otro síndrome psicológico, el de Hubris, que es un ego desmedido con un enfoque personal exagerado. ¡Sí!, porque ellos se sienten México entero, hablan como si fueran los cientos de millones de seres humanos que somos.

Probablemente por vivir en la fantasía, o ver todo desde la imaginación televisiva, es que, después de cuatro años de machacar contra la 4T, no han logrado avanzar en sus patrañas.

Tienen que cambiar sus argumentos. Quizá ir con las temáticas del Presidente, como lo ha hecho MC, hablar de la felicidad, el amor, la justicia, el derecho a lo natural, que es el derecho al derecho.

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