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Pinocho, una historia humana sobre la pérdida con el realismo stop-motion

El cineasta Guillermo del Toro reinventa el cuento clásico de Carlo Collodi para ofrecer una historia que viaja hasta la conciencia y el alma de sus personajes humanizándolos y rompiendo con la “lección” que impuso Disney, en Pinocho, una producción de Netflix.

Desde hace 15 años el proyecto, en que Del Toro veía la oportunidad de convertir en una “herramienta para hablar sobre lo preciosos y frágiles que somos como humanos y cuánto nos necesitamos unos a otros”, llegó a él, pero no fue hasta hace 10 que realmente concentró su atención para poner manos a la obra junto a Mark Gustafson (Dos colgados muy fumados en Navidad) en la dirección y con Patrick McHale (Más allá del jardín) en el guión.

Esta nueva versión de Pinocho relata la manera en que una traviesa e inquieta marioneta de madera mágicamente cobra vida para reparar el corazón roto de un carpintero llamado Geppetto, y la vez, encontrar su lugar en el mundo.

“Diría que la mayoría de las demás historias de Pinocho tratan sobre la obediencia. La nuestra es sobre la desobediencia. La desobediencia es un factor primordial para convertirse en humano y cómo convertirse en humano no significa cambiarse a sí mismo o a los demás, sino comprender. Sabes, creo que el primer paso hacia la conciencia y el alma, para mí, es la desobediencia”, cuenta Guillermo del Toro en un encuentro con medios donde SinEmbargo estuvo presente.

Del Toro no titubea y marca la importancia que radica en la diferencia entre las ideas e ideología, la misma que hacen de su cinta algo distinto a las anteriores versiones.

“Una idea es una idea que construyes a partir de la experiencia, la compasión y la comprensión. Y una ideología es algo que se te da y te dicen que la obedezcas ciegamente”, destaca.

Pinocho junto a Frankenstein han sido dos fábulas esenciales que marcaron la niñez y adolescencia del cineasta tapatío de 58 años de edad, dos relatos que reflexionan sobre la relación padre-hijo en la que deseaba profundizar.

“Esto puede decirte algo sobre mi relación con mi papá [Ríe]. Pero es esta idea de que te lanzan a un mundo que apenas entiendes y tratas de darle sentido a medida que creces. Definitivamente son padre e hijo o son historias que tratan de ese vínculo y ese lazo y esa sombra de [¿algo antes que ellos?]”.

“Fueron de primordial importancia para mí. Y siempre sentí, ya sabes, Pinocho es uno de esos pocos personajes, tal vez hay 10 personajes en la historia de la narración humana, que son capaces de ser universales y completamente adaptables a cualquier cosa. Están Frankenstein, Pinocho, Tarzán, Sherlock Holmes. Son personajes que, aunque no hayas leído la historia, la conoces, o crees que la conoces”.

El director de El laberinto del fauno (2006), La forma del agua (2017) El callejón de las almas perdidas (2021) tomó de su misma experiencia de vida, en su “yo soy padre y yo soy hijo”, para contar esta historia desde un punto de vista más honesto tanto para Geppetto como para Pinocho.

“Tengo una gran experiencia en ambos campos. Y sé lo desgarrador que es, esta idea, quería presentar tres figuras paternas, como dije: Geppetto que aprende. Esta es una gran diferencia con nuestro Pinocho”.

“Normalmente en Pinocho, él aprende a obedecer y aprende a ser un buen chico, y luego se convierte en carne y hueso. Lo que yo quería mucho es que todos aprendieran de Pinocho. El Cricket es pesado y extraño, y tiene una foto de Schopenhauer en la pared. Hace grandes pronunciaciones y aprende humildad, fragilidad y falibilidad de Pinocho”.

“Todo el mundo quiere a Geppetto porque Geppetto hace lo que todo el mundo quiere. Cuando su hijo se reencarna en Pinocho, no puede verlo. Y lo que he aprendido como padre y como hijo es que el mayor tesoro para un hijo o un padre es ser visto, poder ser visto por el otro”.

En Pinocho encontramos a un Geppetto más humano, un hombre que carga con el gran dolor por la pérdida de su hijo y que también puede cometer errores. Para nada es un hombre perfecto. Del Toro desea ofrecer con esta historia un relato “elocuente y conmovedor” en donde Geppetto aprende a amar a Pinocho.

“Rastreamos a Geppetto. Es su dolor, su pérdida, su comprensión, su cambio. Lo rastreamos mucho más. No es solo un vehículo para funcionar como una figura paterna y traer a Pinocho, es realmente muy diferente el peso que tiene Geppetto y necesitábamos que los títeres fueran actores. Y ese es uno de mis actores favoritos en la película, Geppetto”, destaca.

De forma personal, la muerte del padre del director, Federico del Toro, el 25 de julio de 2018, fue también un acontecimiento que marcó su cinta, como él mismo lo destaca:

“Eso informó mucho sobre la profundidad de la emoción de esta película para mí, y la importancia temática de cuán breve es la vida, y cuán importante es, y cómo nos tenemos el uno al otro por un momento tan precioso, ¿sabes? Y creo que esa profundidad, y el hecho de que el material se dicta solo”.

Con información de SinEmbargo

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