Cultura

Andrea Palma: Dama de lánguido mirar (4)

Pobre corazón (1950). Andrea Palma y Guillermina Grin. Still.

Cuando lleva el traje de negro terciopelo, en (falta texto), toma el aspecto de una gran dama del Renacimiento Italiano; y como la mujer italiana es romántica y vehemente y lánguida: a veces parece desfallecer de angustia y de pronto se alza impetuosa y febril. No camina, parece que se desliza, en un disimulo de alas. Va ligera sobre su presa para sorprenderla con un beso o con un zarpazo de sus garras diminutas de felina.

Nunca deja de ser mujer, la mujer multánime, amorosa y cruel y sincera y engañadora…

La otra tarde la vi en el momento en que ella sorbía con verdadera fruición, un helado, y me trajo a la mente el recuerdo de una Duquesa, precisamente italiana, quien exclamó al paladear un sorbete: ¡Lástima que esto no sea un pecado!

Un pecado sin importancia, pero al fin un pecado, para contradecir la vulgaridad de las cosas de la vida…

La voz de Andrea Palma es de seda y de cristal; es como susurro dulcísimo de fuente que le brota del fondo del corazón.”17

 La Cía. de don Fernando Soler estaba formada por grandes nombres del teatro nacional: Sagra del Río, Blanca Erbeya, Matilde Cires Sánchez, Domingo Soler, Carlos López Moctezuma, Martínez Casado y Antonio Bravo entre otros.

Y el martes 19 de enero de 1937, Andrea fue objeto de un “beneficio” como era la costumbre de la época. En esta ocasión fue Juvencio quien al día siguiente, miércoles 20 de enero dio fe de este acontecimiento teatral:

 “ FUE UN ÉXITO EL BENEFICIO DE ANDREA PALMA

Eugenia Grandet (1952). Cartel.

Fue un éxito artístico y pecuniario la función de gracia de la dilecta primera actriz de la Compañía de Fernando Soler, Andrea Palma, efectuada anoche en el Colonial.

El público admiró nuevamente “Romance”, el hermoso drama de Sheldon en el que Andrea logra una de sus más notables creaciones, y una escenificación de la popular película “La Mujer del Puerto”, que marca el ápice de la carrera cinematográfica de la talentosa actriz. Al presentarse en escena la beneficiada fue saludada con cariñosos aplausos y gentilmente obsequiada. Falta de espacio y de tiempo nos impiden ser más explícitos como quisiéramos. Réstenos solamente felicitarla, lamentando que tan breve hubiera sido su actuación entre nosotros, que deja un recuerdo hondo y difícil de borrar.” 18

AVE SIN RUMBO

Eugenia Grandet (1952). Marga López, Julio Villarreal y Andrea Palma.

 Antes de viajar a Hollywood, Andrea rodó en México con el galán de galanes Arturo de Córdova Ave sin rumbo (1937). Como dato curioso diremos que es aquí donde hace su primera aparición en pantalla Meche Barba: es la niña que baila El Jibarito al compás de la marimba.

 Una de las “innovaciones” de esta cinta es la contratación de Julio Bracho para “poner” los diálogos a los actores:

“Julio Bracho, director de diálogos.

Por primera vez en México va a haber entre los elementos cinematográficos un director de diálogos. Como se recordará, este personaje era ya bien conocido en Hollywood, allá cuando se empezaban a hacer las primeras producciones en español, pues contando los estudios solamente con directores norteamericanos que desconocían el idioma, se imponía absolutamente un segundo director que supervisara los diálogos. De esa manera se corregía la pronunciación de los actores, se vigilaba la entonación y la dicción en general y el director norteamericano encontraba una gran ayuda para realizar una buena labor; si bien, hemos de admitir que no siempre la selección de estos directores de diálogos era de lo mejor y llegó a darse el caso de que actrices consumadas como nuestra Virginia Fábregas que, por otra parte, dominaba el idioma, tuvo que doblegarse a las órdenes de un catalán quien, por serlo, pronunciaba mal.

 Parecerá raro que en México se haya creado este puesto, ya que la mayor parte de nuestros directores son mexicanos o, cuando menos, de habla española. El caso a que nos referimos, en que Julio Bracho, director escénico, periodista y estudiante dedicadísimo a todo lo que se refiere al arte teatral y cinematográfico, hará su debut como director de diálogos, es distinto, sin embargo. Sucede que la próxima película del productor don José Luis Bueno será dirigida por un norteamericano, el megafonista, escritor y adaptador Bob Quigley, a quien se recordará por el trabajo de adaptación de Mater Nostra y por el de director en Cielito lindo. Quigley no habla el castellano y, aunque ha dado muestras de tener conocimientos como director cinematográfico, fallaría en lo que respecta al diálogo de los actores. Quizá por eso, su primera película Cielito lindo estuvo falta de emotividad […]

La cinta con que hace su entrada al cine Julio Bracho es la que el productor Bueno ha venido preparando desde hace algunos meses para la actriz Andrea Palma y que probablemente llevará el título de Ave sin rumbo.

No dudamos que Bracho hará una buena labor en ésta su iniciación cinematográfica, ya que además de tener conocimientos en la materia, de ser un muchacho culto y estudioso, es hermano de la estrella Andrea Palma y seguramente por esa razón pondrá cariño y dedicación en su trabajo para que la obra resulte un triunfo.

Padre nuestro (1953). Evita Muñoz y Andrea Palma.

Andrea llegó de Yucatán la semana pasada, de donde la llamó el productor Bueno para empezar a filmar. Un poco triste por tener que abandonar la compañía teatral de Fernando Soler, en donde actuaba con mucho éxito, se muestra a la vez satisfecha de que la película que se le ha asignado sea, como dice ella, algo que vale la pena. Se trata de un asunto dramático, su especialidad, y un poco al estilo de La mujer del puerto, que tanto prestigio le dio, y los actores que tendrá ‘El cine en México’.

 Andrea a su lado serán, entre otros, Arturo de Córdova y Carlos López Chaflán.

Esperamos poder visitarla en el ‘set’ la semana entrante cuando principie el rodaje […]” 19

 Xavier Villaurrutia, entrañable amigo de Andrea escribió en la revista Hoy:

 “Esta película tiene, desde luego, el mérito de apartarse del género híbrido que a partir del éxito de Allá en el Rancho Grande parece ser la preocupación mayor y casi única de nuestros productores. Tiene Ave sin rumbo un argumento con interés cinematográfico, y no hay en ella abuso de canciones y números de revista teatral. De ella puede decirse, también, que no desmiente el progreso en la técnica que gradualmente ha alcanzado el cine nacional.

No sería honesto de parte del crítico dejar de señalar las deficiencias más notables de Ave sin rumbo, cumpliendo así, naturalmente, la función moralizadora que consciente o inconscientemente lleva consigo cualquier apreciación crítica. El argumento de la película tiene evidentes cualidades de interés, pero es reminiscente no de una sino de varias películas. Le falta pues, originalidad y le sobra ser un a modo de mosaico en el que se mezclan y a menudo se estorban recuerdos cinematográficos que el argumentista no logró unir armoniosa y simplemente. El diálogo adolece, como en la mayoría de las películas mexicanas, de un gran defecto: falta de sustancia y falta de gusto. Si se une a ello que hay momentos en que obliga a los actores a decir largos y anticinematográficos monólogos, su poca eficacia se hace evidente. ¿Por qué del mismo modo que se encargó a Julio Bracho de la dirección del diálogo, no se encargó a un escritor de la revisión de la parte literaria? Gracias a la colaboración del director de diálogo, éste resulta mejor dicho que pensado y escrito.

 Tuvo Andrea Palma en Ave sin rumbo una nueva oportunidad de acusar su capacidad y sus posibilidades aún no agotadas por los directores de cine. Su papel es el núcleo de la película y la verdad es que, si se tiene en cuenta que el director Robert O´Quigley no demuestra tener un gran temperamento, hace un trabajo que la distingue de nuestras prematuras estrellas. Su interesante figura y, sobre todo, su personalidad –que por momentos la obliga a salirse del papel- se imponen. Para realizarse por entero en el cine, Andrea Palma necesita mayor flexibilidad y un abandono de lleno en el personaje que representa. Mientras no exista un director que la obligue a esta difícil prueba, es Andrea Palma quien ha de realizar el esfuerzo.

(…)

 En lo general Ave sin rumbo representa una contribución apreciable en el progreso del cine mexicano. Tienen las producciones Bueno un sello de modestia inteligente. El día que logren armonizar los elementos con que cuentan y, sobre todo, el día que tengan en las manos un argumento cinematográfico simple, intenso y bien dialogado, pueden darnos una valiosa, agradable sorpresa.

AMAPOLA DEL CAMINO

Andrea Palma. Foto publicitaria.

 Ojalá el director Bustillo Oro, que por su seriedad y conciencia ha obtenido la confianza de los productores y el aplauso no sólo del público sino también de la crítica, realice, paralelamente a las obras que el mercado nacional le exige ahora, obras con verdadera acción dramática y cinematográfica. No hay duda que puede hacerlo. Baste considerar los momentos en que, dirigiendo a Andrea Palma –actriz muy superior, no por su belleza sino por su conciencia artística, a la generalidad de nuestras figuras femeninas -, lo demuestra ampliamente en Amapola del camino.“ 20

EL SEÑOR ALCALDE

Pobre corazón (1950). Cartel.

 ‘El regreso triunfal de Andrea Palma a la pantalla’

 En ‘El señor alcalde’ realiza una labor de mérito en la que deja atrás sus muchos defectos anteriores, especialmente su afectación.

 (México, marzo 10).- Si no tuviera esta magnífica película muchos aciertos que elogiar, la consignaríamos de todas maneras como una producción de relieve, debido al regreso triunfante de Andrea Palma a la pantalla. Su reaparición en la hoja blanca del cine nacional merece atención, porque Andrea ha dejado atrás sus muchos defectos anteriores, su afectación conocida y su absurdo deseo de imitar a actrices extranjeras, presentándose esta vez como actriz de verdad, dando de sí todo el temperamento, la personalidad y aptitud artística que posee y ha poseído siempre, cualidades que –por culpa de un errado criterio- no había querido desarrollar. Felicitamos a Andrea, mujer inteligente y estudiosa, por haber entrado en razón para beneplácito de la industria y para triunfo de ella misma.

 ‘El señor alcalde’ es una de esas cintas costumbristas, lograda con alma y veracidad. Comparándola, sobre todo, con el ‘costumbrismo’ que ha inventado José Bohr en sus cintas ‘mexicanistas’, se puede decir que –por fin- se ha hecho una copia fiel de nuestra vida pueblerina vernácula.

 El milagro se debe al megáfono de Gabriel Martínez Solares, un debutante en las lides directivas, para nuestro asombro, aunque no sin experiencia, ya que Solares, como fotógrafo, junto con su hermano Gilberto ha vivido largos años en los estudios cinematográficos. ‘El señor alcalde’ es una cinta fluida y palpitante, de impecable continuidad, de diálogos veraces y de no pocos aciertos técnicos. Quizá las escenas de Nueva York resultaron descoloridas, porque no se dio suficiente énfasis a detalles típicos de la urbe que acusaran fielmente el lugar. Pero estas escenas son las que abren la cinta y, en consecuencia, pasan rápidamente, no constituyendo un defecto medular. El acierto principal de Solares fue la fidelidad con que supo captar el alma ingenua de nuestro pueblo, sin exageraciones ni estridencias nacionalistas. Tipos todos reales los de ‘El señor alcalde’, situaciones verídicas, hacen de esta cinta un verdadero documento folklórico. El argumento de Jorge Ferretis es ingenuo, como ingenuo es el lugar y los personajes que pinta. Pero hay fuerza dramática, precisamente en esa sencillez pueblerina que permite el engaño de todas aquellas almas crédulas y buenas ante la incitante insinuación de dos aventureras. Si acaso, parecerá precipitada la conversión de la protagonista, pero todavía más el cambio de su cómplice, que no tenía siquiera un interés sentimental para transformarla. Tal vez pudo lograrse más vigor en el argumento y en la adaptación, si se hubieran establecido los contrastes entre la protagonista aventurera que se regenera por amor y la decisión de su compañera, que prefiere seguir su vida de fraudes y de engaños.

 Los actores cumplen con creces en sus diversos papeles, empezando por Andrea Palma, de quien ya hablamos. Andrea hasta se corrige de un defecto que antes le censuráramos: abusar de su buen gusto y elegancia en el vestir, llevando indumentarias impropias para el personaje que representa. En la cinta que reseñamos, Andrea se mostró discreta, sin dejar de ser elegante, porque lo es innatamente, y vistió con toda propiedad y distinción, siempre de acuerdo con el personaje que interpreta. Pudo, no obstante, haber suprimido el atrevido peinado que usa cuando acompaña al ‘alcalde’ a la ciudad de México.

Fernando Muñoz Castillo

Escritor, hacedor de libros objeto, dramaturgo y director de teatro. investigador e historiador de teatro y cine. curador y museógrafo. periodista cultural. ha publicado varios libros.

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