Cultura

El Daguerrotipo de Stephens

El Daguerrotipo de Stephens
Foto: Alamy

           El norteamericano John Lloyd Stephens, explorador, escritor, diplomático e investigador de la civilización maya, escribió la obra “Viaje a Yucatán. 1841-1842”, traducida al castellano por Justo Sierra O´Reilly, en 1848.

            Informa que en Mérida “no era nuestro único negocio la investigación de antigüedades y que tuvimos entre manos otros asuntos en qué emplearnos”. Para ello, dice, “trajimos con nosotros un daguerrotipo, del cual solo había aparecido en Yucatán anteriormente una mala muestra, Desde entonces se habían hecho grandes mejoras en el instrumento, y teníamos motivo para creer que el nuestro era uno de los más acabados”. Así, Stephens se convirtió también en “retratista de señoras con el daguerrotipo”.

            El barón Fridrichsshal

            Stephens se refería al daguerrotipo que había traído a Yucatán el Barón Fridrichsshal, según noticia publicada en el “Museo Yucateco” (tomo primero, enero-diciembre de 1841, correspondiente al mes de abril de 1841). Fridrichsshal publicó un aviso en el referido “periódico científico y literario” de la primera mitad del siglo XIX:

            – “M.F tiene el honor de participar al respetable público de esta ciudad que por medio de la célebre invención del Daguerrotipo, sacará retratos de medio cuerpo y cuerpo entero, al moderado precio de 6 pesos unos, y 8 pesos los otros, abonándose por separado el cuadro que importará un peso. Las horas de trabajo serán de la 7 a las 9 de la mañana, y de las 4 a las 6 de la tarde. Los medios colores son los más propios para retratarse en esta máquina, y los Sres. y Sras, que gusten, pueden evitar el amarillo, negro y blanco. Las flores no perjudicarán al dibujo, sino que saldrán con más perfección. Irá a casa de las Sras, que no quieran molestarse en salir, siempre que se reúnan 3 o 4 a la vez. La exhibición de sus trabajos en la casa habitación, será todo el día, y la entrada por 2 reales”.

            En su ensayo “Pioneros del retrato en Yucatán”, Waldemaro Concha Vargas, José Fuentes Gómez y Magnolia Rosado Lugo, señalan que el “primer fotógrafo” en arribar a la península de Yucatán, fue “el barón Emanuel von Friedrichsthal en abril de 1841”. En el “Museo Yucateco” se escribe de otra forma: Fridrichsshal. Concha, Fuentes y Rosado dicen: “El barón fue el primer daguerrotipista en ofrecer comercialmente el trabajo de retratos, llegando a establecer un comercio fotográfico en la capital yucateca en tiempo tan tempranos como 1841”.

            En efecto, el primer en traer un daguerrotipo a Yucatán fue el barón Fridrichsshal, ya que Stephens arribo a la entidad en noviembre de 1841, aunque entiendo que no hay discusión sobre la primacía.

            Primer procedimiento fotográfico

            El daguerrotipo, informa Wikipedia, “fue el primer procedimiento fotográfico anunciado y difundido oficialmente en el año 1839. Fue desarrollado y perfeccionado por Louis Daguerre, a partir de las experiencias previas inéditas de Niépce (antes de 1826), y dado a conocer en París, en la Academia de Ciencias de Francia”. Agrega que se realizaron demostraciones públicas en México en 1840. Así que llegó enseguida a Yucatán, en abril de 1841.

            La Universidad Metropolitana de Monterrey apunta que “el daguerrotipo es una máquina que permite registrar imágenes a través de un procedimiento químico. A partir de una placa de cobre plateado expuesta al vapor de yodo, se lograba que la fotografía capturada fuera fotosensible, para posterior a ello, con vapores de mercurio, generaban amalgamas de plata y mercurio y así ser revelada la imagen capturada. Este novedoso invento cambió la fotografía en el mundo entero, pues antes de la llegada del daguerrotipo las imágenes eran retratadas a través de la pintura”.

            Fotografía más antigua

            La Universidad Autónoma de Tamaulipas enfatiza que “de acuerdo con Fernando Osorio Alarcón, especialista en preservación de imágenes, la panorámica del puerto de Veracruz que muestra en primer plano la iglesia del convento de San Francisco y en segundo al castillo de San Juan de Ulúa, es la fotografía más antigua que se tenga registrada de México”, y que fue “tomada por el grabador francés Jean Prelier Dudoille que capturó con su cámara fotográfica de daguerrotipo el puerto de Veracruz al llegar a México el 3 de diciembre de 1839”.

            La aventura de Stephens

            Stephens cuenta el inicio de su aventura fotográfica en Yucatán:

            – “Preparamos la casa para recibir a nuestras bellas visitantes. Despejamos la sala de las hamacas, quitamos el aguamiel del asiento en que estaba, arrinconamos todos los trastos, y tan pronto como el sol comenzó a calentar regularmente, se hizo más brillante nuestra puerta con la entrada de tres señoritas, acompañadas de sus respectivos papás y mamás. En apuros nos vimos para ofrecer asientos a todos, y al cabo nos vimos precisados a colocar juntas en una hamaca a dos de las mamás.

            – “Las señoritas estaban vestidas con su más bello traje, llevaban pendientes y cadenas y adornado el cabello de flores. Todas ellas eran bonitas, y una era mucho más bonita, no al estilo de la belleza española, con ojos y cabellos negros, sino con una delicada, simple, natural y nada afectada belleza que poseía sin conocerlo y como sin poder evitarlo. También su nombre era poético. Veóme obligado a hacer de ella especial mención, por que la noche de nuestra salida de Mérida nos envió un gran pastel como de tres pies de circunferencia y seis pulgadas de espesor y que, sea dicho de paso, estando ya todo empaquetado, tuve que aplastarlo e introducirlo en un par de cocinillas, con los cual se inutilizó parte de mi escasa ropa”.

            Stephen también fue “fotógrafo a domicilio”, pero fracasó. Pidió a unos amigos que le permitiesen “ir a sus casas para hacer sus retratos”. Cuenta que quería “retratar a  toda la familia, tíos, tías, nietos, criados indios y a todos los que quisiesen; pero el hombre ha nacido para sufrir desengaños (…) probamos plancha tras plancha, una postura tras otra, cambiando de luz, de tiempo y todas las otras circunstancias del procedimiento, pero todo fue en vano (…) el inflexible instrumento parecía decidido a confundirnos; y disimulando nuestra confusión del mejor modo que pudimos, recogimos las piezas de nuestro daguerrotipo y nos marchamos de prisa, nunca pudimos saber de cierto cuál había sido la causa de nuestra derrota (…) resolvimos a dar punto a nuestros negocios como retratistas de señoras al daguerrotipo”.

            Lástima, Stephens no publica el nombre de las tres bellas señoritas que acudieron a ser retratadas, ni el de sus amigos y sus tíos, tías, nietos y criados indios. Tampoco Fridrichsshal revela las identidades de su clientela.

            Comidas de los yucatecos

            El profesor e investigador Melchor Campos García publica en su artículo “Explorar y comer en la península de Yucatán, siglo XIX”, en la revista “Península”, número 1, enero-junio de 2021, el siguiente “horario para tomar alimentos”:

            “4 am, Desayuno, al repicar las campanas de la Iglesia Catedral. La primera taza de chocolate espumoso lévenle endulzado era acompañada con una variedad de panes dulces. Justo Sierra O´Reilly describe que el desayuno consistía en una suculenta taza o jícara de China llena de aromático, humeante y espumoso chocolate, con algunos azafates de bizcochos, hojaldres, turuletes, crepas, marqueses y otras golosinas.

            6 am. Segunda taza de chocolate para iniciar las actividades diarias.

            Entre 9 y 10 am. El almuerzo acompañado tradicionalmente con atole de maíz.

            2 pm. La comida.

            3 pm. La rigurosa siesta. Después de la comida se pasaba a la siesta yucateca. Al respecto el viajero Norman observó esta costumbre: A las tres en punto se suspenden todos los negocios para la siesta.

            4 pm. Al levantarse de la siesta, una tercera taza de chocolate.

            8 pm. La cena, con la cuarta taza de chocolate”.

            Post scriptum

            En el libro de José Deleito y Piñuela, “La mala vida en la España de Felipe IV:

            – “El caso de un don Joseph del Castillo, que vivía a expensas de su consorte; y porque ella, devota a su modo, sintió escrúpulos de prostituirse en Cuaresma, por la santidad de aquellos días, y se negó en ellos a efectuarlo, él le dio siete puñaladas, después de lo cual quiso refugiarse en la embajada de Venecia; y no admitiéndolo allí, tuvo que andar huido”.

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