Bienestar Espiritual

“¡Habla, Señor, que tu siervo escucha!”

¡OREMOS AL SEÑOR! ¡SEÑOR, TEN PIEDAD!

¡Muy buenos días, Padre Amoroso! Nuestro equipo se ha levantado y clama a Ti, porque está ansioso de ESCUCHARTE…quiere que Tú le hables al oído porque anhela abrirte su corazón. Hoy amanecimos como el niño Samuel, quien Te ha escuchado, sin saber que Tú le hablabas y desde su infancia lo elegías como Tu profeta. ¡Sabia respuesta que puso Elí en sus labios! “Si la voz continúa, sencillamente, contesta; “¡HABLA, SEÑOR, QUE TU SIERVO ESCUCHA!” (1er.Libro de Samuel 3: 10).

Atentos nuestros oídos a la escucha de Tu voz, de pronto nos viene a la mente la potencia de Tu Palabra: “¡Clama a mí y te responderé y te daré a conocer cosas grandes y ocultas que tú no sabes!” (Jeremías 33:3).  Este mensaje nos deja perplejos y de inmediato a Ti clamamos con todas las fuerzas de nuestra alma: “!Oh Señor, a Ti clamo! ¡Escúchame, oh Señor! ¡Atiende la voz cuando a Ti clamo!” (Salmo 141:1). ¿Ves, oh Señor, con qué fuerza a Ti nos dirigimos a fin de que atiendas la voz de nuestras súplicas? ¡Mira desde Tu Santa Morada y desde este momento que a Ti clamamos, apiádate de nosotros y concédenos la gracia que de Ti imploramos! Tú, más que nadie sabes que andamos por el camino recto y estamos atentos a escuchar Tus directrices. Tú sabes que es el Espíritu Santo quien nos encamina hacia Ti y, Él mismo clama por nosotros a fin de que nos seas propicio y dispenses Tu gran bondad en nuestro favor.

Clamar a Ti, es esperar de Ti que nos distingas en Tus favores para que Tú seas glorificado, porque solo buscamos vivir EN TU REINO y ver que todo lo demás, nos llega por añadidura. Estamos muy dispuestos a escuchar de Ti, todo cuanto quieras revelarnos, queremos ver con toda nitidez la Verdad y el poder de Tu Palabra, a fin de hacer que ella en nosotros fructifique y el mismo Espíritu Santo complacido en nosotros, nos haga sobreabundar en todo.    

¡Exaltado seas sobre los cielos, oh Dios, y sobre toda la tierra sea enaltecida Tu gloria. Para que sean librados Tus amados” Salmo 108: 5- 6).

¡Gracias, Padre Amado! ¡El poder del Espíritu Santo nos está preparando para algo extraordinario! ¡Gracias por atender la voz de nuestra humilde plegaria! ¡Bendito y alabado seas! Amén.

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