Cultura

Andrea Palma: Dama de lánguido mirar (1)

Andrea Palma. Foto publicitaria 1.

“La primera gran estrella del cine mexicano fue sin duda alguna Andrea Palma, de quien Edmundo Báez escribió en el magazine Cinema Reporter:” Andrea es melancolía,  melancolía profunda e inagotable.”

 Este año, 2022, Andrea Palma cumple 35 años de haber fallecido, recordarla en este momento es, para mí, de suma importancia, y creo que lo es también para sus admiradores y para el Cine Mexicano.

 Hace 22 años terminé una biografía sobre ella, hoy reproduzco un fragmento de este trabajo en Homenaje a quien fue la primera estrella del cine sonoro mexicano.

LA  MUJER DEL PUERTO

La mujer del puerto (1933). Cartel Filmoteca de la UNAM.

Este su primer rol en el cine, está  envuelto en un halo de sofisticación muy de la época.

 La filmación de La mujer del puerto significa el inicio de la parafernalia propia de una estrella. Andrea impuso las pestañas postizas y otros asuntos relacionados con el maquillaje, así como también supervisó el vestuario que confeccionaba su amiga Emma Roldán. Esta actitud se repetiría años después con María Félix, cuando exigió un camerino propio durante la filmación. Otro de los recursos que introdujo la Palma fue poner un espejo en frente de la escena que se filma, para poderse observar. Esto, según su propio testimonio, se lo copió a Marlene Dietrich.

“- Cuando mi película se estrenó, tuve una de las emociones más grandes de mi vida. En El Universal existía una escritora –firmaba Cube Bonifant- con quien yo siempre estaba de acuerdo en sus crónicas de películas extranjeras. Desde muy chiquilla compartía sus opiniones sobre cine. Por ello esperé con ansia sus líneas. Al día siguiente me trajeron El Universal Ilustrado a mi cama. Me dije: “lo que ella señale es cierto. Abría y cerraba el diario sin atreverme a leer sus juicios.” 1

  Realmente era Cube Bonifant, la ex actriz del cine mudo mexicano quién escribía las críticas de cine, pero firmaba con el seudónimo de Luz Alba, homónimo de la después conocida directora de teatro y actriz que dirigiera la mítica Salomé de Oscar Wilde interpretada por María Douglas.

LA CRITICA DE LUZ ALBA

La mujer del puerto (1933). Still 1

 He aquí la crítica que con tanta ansia esperó y leyó Andrea:

La Mujer del Puerto

 Es la primera película nacional que verdaderamente merece el calificativo de excelente, o por lo menos puede aplicársele a una parte de ella.

 Mejor dicho, sólo tiene verdaderas cualidades artísticas una etapa del film.

 Los primeros rollos, que vienen a ser las medias suelas que trataron de ponerle al cuento de Maupassant, son algo tan falso y afectado como todo lo que sale de los cerebros cinematográficos nacionales. Ni se logra hacer ambiente, ni pintar caracteres, ni ahondar problemas, ni nada. Salvo, claro está echar a perder celuloide, que es, hasta la fecha, lo que mejor han hecho nuestros cineastas.

 El principio del film es sencillamente malo. Se trata de una cátedra de besos que, desgraciadamente, los cinematófilos no podrán aprovechar, porque tienen mejor escuela en el cine norteamericano. Las escenas subsiguientes son totalmente inútiles y vulgares; de ellas si destacan la fotografía y la actriz.

 La muerte del padre, el carnaval, el entierro, resultan tan postizos como las tragedias cómicas que realiza Chano Urueta.

 Cuando verdaderamente comienza la cinta es donde principia el relato de Maupassant. ¿Por qué no hicieron toda la película exclusivamente sobre el material del cuento? ¿Por ventura les pareció poco?

 ­Ahí es que nuestros genios cinematográficos deben haber opinado que de un pequeño cuento de seis o siete hojas no puede hacerse una cinta. Además, se sintieron con el talento suficiente para remendar al mejor cuentista francés, y por eso le agregaron una parte completamente estúpida y aún modificaron el propio cuento, sobre todo en el final, de una delicadeza inaccesible, sin duda para el adaptador.

La mujer del puerto (1933). Lobby card Filmoteca de la UNAM.

 ¿Por qué ese afán incomprensible de corregir, sin talento, lo que está  escrito con talento? ¿No es ya demasiada tragedia lo que ocurre entre Francisca Duclos y su hermano Celestino – en la cinta Rosario y Alberto Venegas – sino que todavía hay que arrimarle otra?

 La labor de Boytler (¿o será del codirector Raphael Sevilla?) es nula en la parte agregada al cuento. Su trabajo no está más arriba que el de los demás directores, que se caracteriza siempre por su falta de rigor. Pero en cuanto comienza la narración en el puerto, Boytler es otro. Tres, cuatro escenas bastan para darse cuenta de que se trata de un director y no de un ensayista. El misterio de semejante cambio, que puede explicarse, quizá por el hecho de que el primero no tenía asiento en que apoyarse y después sí, es cosa que no nos interesa profundizar.

 Sus dotes de director están por encima de toda duda. Se ve que conoce el uso y el valor de cada uno de los elementos que integran la impresión de una cinta. En la mayoría de las escenas (nos referimos exclusivamente a la segunda etapa del film, única digna de tomarse en consideración) se adivina la presencia de un sujeto que sabe convertir en realidad lo que es ficción (en eso consiste el arte cinematográfico) y valorizar las cualidades de la obra. Su reproducción del  ambiente que pinta Maupassant está  llena de vigor. Puede decirse que toda esa parte constituye los primeros síntomas de vida que da el cine nacional. ­Y naturalmente que tenía que ser extranjero el que viniera a enseñar a los nacionales cómo se hacen películas! magnífica lección para los que a todo trance pretenden sostener un patrioterismo cinematográfico, frecuentemente basado en la estupidez y en la ignorancia.

La mujer del puerto (1933). Still 2.

 Por primera vez no se recita en un film mexicano y el diálogo se habla de corrido. Y por primera vez, también, surge una verdadera actriz. Andrea Palma tiene figura y talento para el cine. No se comprende por qué se empeña en imitar a Marlene Dietrich. Andrea Palma no necesita hacerlo. Vale artísticamente, mucho más que la Vélez y la Dolores del Río, que valen poco, e infinitamente más que las actrices del cine nacional. ¿Para que imitar a nadie? Tiene figura interesante; es expresiva de ademán fácil, habla bien. En una sola película se ha puesto en el primer lugar de las actrices. ¿A qué pretender, entonces, parecerse a Marlene dentro y fuera del cine?

 Todos los actores que trabajan en las escenas hechas en Veracruz están manejados por Boytler, en forma poco acostumbrada en el cine nacional. En fin, que esa parte de la cinta a que venimos refiriéndonos es lo primero decente que se hace en el país (al Departamento de Diversiones también le pareció decente el espectáculo y no prohibió que lo vieran juntos hombres y mujeres, quizá porque son los temas y exposiciones poco escabrosos los que le parecían inmorales), desde el punto de vista literario y técnico.»2

Realmente la cinta causó conmoción en el público aficionado al cine, los periodistas de la fuente y los críticos especializados. Y en el centro de todo esto se encontraba Andrea.

 A finales de la década de los cuarenta, Andrea le contó al periodista cinematográfico Enrique Rosado, que realmente La mujer del Puerto eran dos cuentos “pegados”, el primer correspondía a uno del naturalista Eça de Queirós y narraba la historia del hombre que trabaja haciendo un féretro al que le pone especial interés en su factura. Al morir, ese féretro es para albergar su cuerpo. Esa era la razón por la que la película parece estar “empatada”…Andrea lo recordaba muy bien, ya que su segunda película, un año después, estaría basada en una obra de Eça de Queirós: El primo Basilio.

 EL MITO DE LA MUJER DEL PUERTO

Anuncio de la Casa Andrea, la sombrería de Guadalupe Bracho. Periódico El Universal.

 Tanto se ha repetido lo que Monsiváis escribió en los años sesenta, que he llegado a pensar que el concepto “Andrea Palma la Dietrich tropical” o “Andrea Palma la Dietrich mexicana”, se ha tornado provinciano. Hoy a más de setenta años de La mujer del puerto, el comparativo resulta por gastado, de mal gusto: vulgar.

 Andrea Palma es simplemente Andrea Palma, fiel a si misma; con su propia sofisticación. Producto de su imaginario o sea, de eso que llaman estilo y ahora –aunque mal aplicado- concepto. La prueba está en que a cierta edad renunció a ser estrella para poder seguir siendo -a pesar de si misma- una de las primeras grandes Divas del cine sonoro en Ibero América.

 Es importante reconocer que gracias a la existencia en el cine mexicano de Andrea Palma, es posible el que Dolores de Río y María Félix hayan logrado el encumbramiento de estrellas, ya que Andrea cimentó mejor que ninguna de sus contemporáneas las bases para la creación y existencia de las estrellas de nuestro cine.  

UNA ESTRELLA DE VISOS INTERNACIONALES

  A raíz de La mujer del puerto, Andrea filmó seis cintas más en un periodo de cinco años: El primo Basilio (1934); Sor Juana Inés de la Cruz (1935); Ave sin rumbo (1937); Amapola del camino (1937); El señor alcalde (1938) y Una luz en mi camino (1938); pocas cintas para una actriz que gozaba del favor del público. Sin embargo, fueron suficientes para encumbrarla al rango de actriz internacional en el mercado de habla hispana.

EL PRIMO BASILIO

El primo Basilio (1935). Andrea Palma y Ramón Pereda.

  Con un tema un poco fuerte y “escabroso” para la época, su segunda cinta, hoy objeto de culto de sus fans, tuvo ciertos bemoles.  A partir de la siguiente nota nos iremos dando cuenta de los avatares por los que pasó la filmación de esta cinta:

 “Nos encontramos al director ruso Arcady Boytler, realizador de “La Mujer del Puerto”, y después de habernos dado la buena nueva de que su esposa, la bella cantante Lina Boytler, ya había recobrado su salud tras haberse sometido a una delicada operación quirúrgica, nos manifestó que posiblemente no dirigirá “El Primo Basilio” para Eurindia Films, sino “Celos” cinedrama de la escritora Diana Imar. En cuanto a “El Primo Basilio”, se nos informa que Carlitos de Nájera, probablemente sea el director y los artistas Andrea Palma, Domingo Soler, Roy D´Arcy, Joaquín Busquets, Natalia Ortiz y Adria Delhort.” 3

Hugo del mar comentó durante la filmación: “Andrea compró vestidos de 200 y 300 pesos para lucirlos en “El Primo Basilio”, y el que mejor le queda es uno de 30 pesos.”

Postal publicitaria de La Mujer del puerto (1933), autografiada por Andrea Palma y Domingo Soler.

 Andrea no filmó el final de la cinta, pues los productores no cumplieron con el contrato pagándole lo acordado. Enrique Rosado recuerda la anécdota que ella le contara durante alguna de las muchas noches en que cenaron juntos:

“-Andrea nunca terminó de filmar esta cinta, pues los productores no le pagaban y ella pensó que si los amenazaba con retirarse, se verían obligados a pagarle para que se pudiera terminar de filmar la cinta. Ella se los dijo y se retiró a su casa. Pasó el tiempo y nunca se comunicaron con ella. Un día vio anunciado el estreno de la cinta y esto le intrigó. ¿Y el final?, ¿Cómo le hicieron?

 Cuando vio la película entendió lo que hicieron estos mentecatos. Todo el parlamento final que Andrea decía a Ramón Pereda, lo resolvieron haciendo que Ramón leyera una carta cuyo contenido era todo el parlamento de Andrea.”

 Entre las reseñas que motivó la cinta reproduciremos la de Hortensia Elizondo, publicada en el periódico La Prensa de San Antonio, Texas:

“[…]Por principio de cuentas, diremos que la adaptación de Carlos de Nájera, que también dialogó y dirigió esta película, está muy acertada.  Procura el Sr. de Nájera apegarse al libro, tomando los momentos culminantes del argumento que forman el drama.  Hay defectos de continuidad, sí; las escenas son a veces demasiado cortas y, aunque esto en sí mismo no es un error, la repetición de las mismas, casi una tras otra, resta la fluidez requerida para el desarrollo de la trama, porque entonces se nos presenta un ‘sticcatto’ de situaciones.  En el cine, como en la música, se necesita la ‘liaison’ de las frases para obtener una melódica suavidad.

El periodista Roberto Cantú Robert entrevista a Andrea Palma por La mujer del puerto (1933).

El diálogo.

[…]Pudimos notar que el Sr. de Nájera tomó las palabras exactas de Queirós, hubo aquí y allá incorrecciones más de forma que de intención.  Por ejemplo, aquélla en que ‘Luisa’ (Andrea Palma), luchando interiormente ante su deseo de entregarse a Basilio y el de ser fiel a su marido, lo rechaza contra su voluntad y dice: ‘No, no.  Vete’.  Pero en seguida, sin dar tiempo a un punto y aparte siquiera, agrega: ‘Hasta mañana’.  […] La contradicción de ‘Vete.  Hasta mañana’, fue tan notable que el público lo recibió mal, y en esto deben fijarse los directores que incurren en distracciones semejantes, imperdonables desde todos puntos de vista.

(Durango, Dgo. 16/04/1903- México, D. F. 11/11/1987)

Fernando Muñoz Castillo

Escritor, hacedor de libros objeto, dramaturgo y director de teatro. investigador e historiador de teatro y cine. curador y museógrafo. periodista cultural. ha publicado varios libros.

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