Bienestar Espiritual

“Dos o más reunidos en mi nombre”

(San Mateo 18:20)

¡OREMOS AL SEÑOR! ¡SEÑOR, TRN PIEDAD!

Padre Bendito: ¡Feliz despertar de toda Tu creación y de todos Tus hijos!

Levantadas nuestras manos en alto, unimos nuestra plegaria matinal ante el bendito oriente, donde el sol, apenas se atreve a lanzar sus albores al occidente. Nuestro equipo de ORACIÓN DE MADRUGADORES hoy levanta sus manos a ejemplo de Moisés, con el fin de clamar con su potente voz y hacerla llegar al mismo Cielo donde Tú habitas y desde donde Tú presides para mantener ese equilibrio cósmico. Nuestras manos se cansan y, es por ello que hemos decidido hacer UN EQUIPO FRATERNAL que nos ayude a sostener nuestros brazos en alto para lograr la victoria contra nuestros enemigos, esas huestes de maldad que infestan nuestra atmósfera e impiden bloquearnos ese acceso hacia Ti. Pero por fortuna sabemos que, aunque ellos estén en contra nuestra, nosotros podemos estar seguros que llegarán a Ti, porque el Espíritu Santo nos recuerda: “Hijitos, ustedes son de Dios y los han vencido, porque MAYOR ES EL QUE ESTÁ EN USTEDES, que el que está en el mundo” (1ª. de San Juan 4:4).

Tenemos la certeza de que, así como Moisés en la lucha que libraba el ejército israelita contra las tribus de Amalec, oraba clamando con sus manos en alto y, cada vez que se cansaba y bajaba los brazos, los enemigos vencían a Su ejército. Atinada y sabiamente invitó a que Aarón y Hus le ayudaran a mantener sus brazos en alto hasta la puesta del sol y así alcanzar la victoria. (Éxodo 17: 11-13). Nosotros nos proponemos a ser ejemplos de oración incesante y ferviente invitando a nuestro equipo de oración para que nos apoye a mantener el ritmo y a no bajar nuestras manos hasta NO VER QUE LA LLUVIA DE LA GRACIA SE DERRAMA EN TODOS NOSOTROS. En esta ferviente plegaria Te suplicamos que bendigas a nuestro objetivo de tener como meta: S. M. A. (Salvar a muchas almas), porque clamando es como la lluvia de Tu Gran Bondad cae sobre todos nosotros, nos imprime la alegría de la salvación y nuestra vida adquiere una trascendencia nunca antes imaginada y la alegría salvadora y liberadora llega a muchos corazones que agradecidos se lanzan a la conquista de todos sus ideales en honor de Tu Voluntad Santísima.

Padre Santísimo: ¡Hoy vamos a luchar porque sea nuestra propia familia quien nos levante los brazos, pero si no hay respuesta, seremos los propios amigos que nos avocaremos esta noble tarea, porque nuestra misión de colaborar contigo es impostergable!

Padre Santísimo: ¡Bendito y alabado seas! Amén.

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