CulturaEspeciales

Dinámica callejera (27)

A finales del siglo XIX y principios del XX, las arterias de Mérida no solo registraban el parsimonioso desplazamiento de transeúntes, bicicletas, carretillas, carretas, coches y carritos del tranvía, sino también los pregones de vendedores callejeros, la presencia de personajes extravagantes, defraudadores, los juegos de niños y el relajo de los jóvenes.

La idea del progreso de nuestras élites las llevaba a censurar ciertas costumbres yucatecas, que se consideraban malas, como las de llevar serenata pero con canciones obscenas (1), adiestrar equinos en calles céntricas (2), quemar chile seco en el patio de los hogares, que casi asfixiaba a los vecinos o por lo menos los hacía despertar sobresaltados (3), imprimir invitaciones en hojas sueltas y distribuirlas para asistir a bailes en casas de mala nota (4) y ocupar con asientos las banquetas de las casas, seguramente para tomar el fresco (5).

Hay constancia de varios juegos cuyos protagonistas principales eran infantes, si bien desde la perspectiva de los adultos no estaban exentos de riesgos tanto físicos como sociales, puesto que los mantenían fuera de las aulas.

Aro y trompo

            […] Hoy día es la diversión de los niños y consiste en ir rodando un aro, siendo ya tanta la afición que a ese juego tienen que no hay uno que no tenga su aro. En el suburbio de Mejorada, con motivos de los zunchos de goma, han tenido la idea de forrar el aro con trapo y como entra la competencia suele haber su disgustito.

            Todos quieren tener su aro nuevo y para eso ocurren a las fábricas o a las estaciones de ferrocarriles. El martes en la noche un niño Mendiburo, para tener su aro, pidió permiso a los encargados de la bodega en construcción en el cruzamiento de la calle 50 con la 49, y quiso arrancarlo de un barril lleno de ladrillo refractario; pero tan mala suerte tuvo, que al desprenderlo, el barril le majó los pies. Acudieron todos los trabajadores a los gritos del pobre niño, quien, por fortuna, no recibió más que un buen susto.

            El juego de los aros es tan peligroso como el del trompo, pues bien puede suceder que entretenidos los niños en rodarlos, no se fijen en las carretillas, coches, etc., que en buen número transitan por el rumbo de la Mejorada, y sufran desgracias de consideración […] (6)

Papalotes

            […] Todas las tardes se reúnen en la plaza de San Juan un número considerable de muchachos a empinar papalotes. Como en ese juego hay lo que se llama “dar pasacolas” y los muchachos atan a las de sus respectivos papalotes media lunas o cuchillas filosas, lo cual está evitado por una disposición de policía, los agentes de ésta deben procurar que los chicos de la plaza de San Juan y los de cualquier otro sitio, no infrinjan esa disposición que, como se comprende, tiende a prevenir los daños y perjuicios que el uso de las medias lunas puede ocasionar aun a los transeúntes […] (7)

Canicas

            […] Este juego está causando gran perjuicio a los pequeños. Su desarrollo es alarmante y no es extraño ver a grupos de niños, con sus libros debajo del brazo, jugando bolitas durante horas enteras, en lugar de ir a clase.

            Bueno sería que se fijaran en eso los agentes del orden público […] (8)

Personajes singulares

Por su color de piel y su estrafalario comportamiento, era prácticamente imposible que ella pasara desapercibida. Él también se hacía notar, aunque en su caso se debía más a su desaliño y a su prédica apocalíptica. Ambos tenían algo en común: eran extranjeros y, al parecer, sujetos de algún desorden mental. Si bien la mayoría de quienes se topaban con ellos en la calle se divertían con sus extravagancias, la mayoría trataba de evitarlos por precaución o por temor.

            La negra Guillermina

            […] Así se denomina a una antillana, amiga de pendencias, escándalos y líos que, en diversas ocasiones ha figurado en campañas de policía, en robos, etc., que le han abierto las puertas del Hospital. Gusta de vociferar en la vía pública sin ningún miramiento a la moral y así suelta su lengua que es una maravilla, vomitando un torrente de palabras obscenas cuando alguien le causa enojo.

            El jueves, por algo semejante a lo dicho, se quejó contra la negra Guillermina ante la inspección de policía, el Sr. Andrés Peniche.

            Si es cierto, como se dice, que Guillermina fue expulsada de La Habana por su conducta escandalosa, no sería malo que aquí se le aplicara la misma ley […] (9)

            Jesús, El Mesías

            […] Todos conocen a un individuo llamado Jesús que andaba por las calles recitando extrañas historias y haciéndose llamar el Mesías sin ser en realidad más que un pobre buhonero originario de Guatemala que había encontrado su “modus vivendi” y el modo de divertir al prójimo. Hacía algún tiempo que el Mesías había desaparecido de Mérida y no se hubiera dado cuenta de su existencia uno de nuestros reporteros si no es por el lamentable percance ocurrido al célebre Jesús.

            Al medio día de ayer como a las doce y cuarto, pasaba por la esquina de “El Degollado”, calle 60 Sur, bien alcoholizado según las X que iba trazando, cuando una carretilla lo atropelló arrojándolo al lodo. Jesús se levantó lastimosamente, bañado de lodo de tal suerte que a cierta distancia no podía distinguirse si se trataba de un ejemplar de la raza humana, pues más parecía un trasgo, con el rostro y todo el cuerpo cubierto por el fango.

            Algunas personas acudieron a auxiliar a Jesús que presentaba una lesión en las piernas que manaba sangre, y otra en un ojo. Como no podía tenerse en pie, más por la acción del “habanero” que por la herida, la policía auxiliada por un individuo, lo condujo a la Central, seguramente para pasarlo al Hospital.

            El Mesías llevaba un bulto que contenía algo de su ambulante comercio y que también estaba cubierto de lodo […] (10)

Defraudadores

Los periódicos alertaron sobre “dos o tres” sujetos de origen español, recién llegados a Mérida, que traían “medio chiflada” a “media humanidad” con sus aparatos de espiritismo:

            […] Estos individuos sacan el dinero a los incautos y los explotan a su sabor, haciéndoles creer que se pueden comunicar con sus antepasados, y como se abusa de esa manera de la ignorancia, sería bueno que la autoridad tomase cartas en el asunto […] (11)

Finalmente consignaremos que algunos jóvenes, con el fin de hacerse notar, desfogar su energía o simplemente enchinchar al prójimo, metían relajo en las plazas, donde se esperaba que se comportaran de manera educada, según los estándares de entonces.

            […] Con mucho disgusto hemos visto que en las noches, principalmente las de retreta, gran número de muchachos amigos de la bola, se dan cita en el paseo central de la plaza “Independencia”, con el fin de correr, gritar, empujarse, jugar al “toro”, en una palabra, de formar el gran escándalo, con lo que mortifican a la gente que acude a esa sección de la plaza.

            Nuestras damas sufren no pocas molestias con las incorrecciones de aquellos muchachos, pues cuando emprenden una carrera se olvidan de que están en un centro de recreo, a donde acuden señoritas, señoras, caballeros, etc., y pasan por entre ellos, atropellándolos y causándoles otras mortificaciones con semejante manera de proceder.

            Llamamos la atención a la policía sobre este particular, para que ahuyente a esos muchachos, de la plaza “Independencia” […] (12) (Continuará)

Referencias

(1).- Trovadores nocturnos. (1899, 30 de marzo). El Eco del Comercio, p. 2.

(2).- Propio y ageno (sic). (1899, 26 de noviembre). El Eco del Comercio, p. 2.

(3).- Malas costumbres. (1900, 16 de enero). El Eco del Comercio, p. 2.

(4).- Anuncio insolente. (1900, 20 de mayo). La Revista de Mérida, p. 2.

(5).- Mala costumbre. (1903, 31 de octubre). El Eco del Comercio, p. 2.

(6).- El juego de los aros. (1903, 9 de abril). El Eco del Comercio, p. 2.

(7).- Un juego peligroso y prohibido. (1903, 2 de abril). El Eco del Comercio, p. 2.

(8).- Juego de canicas. (1903, 16 de diciembre). El Eco del Comercio, p. 2.

(9).- La Negra Guillermina. (1903, 7 de junio). El Eco del Comercio, p. 2.

(10).- El Mesías atropellado, enlodado, herido y conducido al hospital. (1903, 19 de junio). El Eco del Comercio, p. 2.

(11).- Espiritismo. (1903, 24 de octubre). El Eco del Comercio, p. 2.

(12).- Chicuelos díscolos en la plaza “Independencia”. (1903, 30 de junio). El Eco del Comercio, p. 2.

Deja un comentario

Mira también
Cerrar
Botón volver arriba
error: Este contenido está protegido. Gracias.