Cultura

Cosas que aún se usan en los hogares yucatecos: en pleno Siglo XXI

            El paso de los años ha permitido a las personas de más de cuatro décadas conocer cosas que si bien es cierto antes eran imprescindibles en nuestros hogares cuando niños, y que ahora en el siglo de las telecomunicaciones y de los adelantos tecnológicos, aún permanecen y son de utilidad, si no de diario, sí se usan de vez en cuando. Para muchos, caros y caras lectoras jóvenes, algunos artículos que se mencionarán a continuación les parecerán desconocido.

            No es necesario haber tenido cuna de pueblo, pero sí en muchos casos, el haber vivido en alguna de las populosas colonias de nuestra ciudad (hay que recordar que en los años sesenta a ochenta, aproximadamente, eran muy pocos los fraccionamientos que se podían encontrar en nuestra ciudad) permitió hacer uso de algunos artículos que hoy son adorno en algunos hogares, pero que para otras personas tienen una gran utilidad.

Cosas que aún se usan en los hogares yucatecos en pleno Siglo XXI

            El aseo personal ha sido siempre un tema de mucho cuidado y que siempre se ha practicado, siempre ha existido el manicure y el pedicure, pero pocas personas de edad temprana (niños y jóvenes y alguno que otro adulto perdido) recordamos que siempre había en el baño de nuestros hogares (popularmente le llamábamos casa) una piedra que servía para quitar las callosidades de los pies, la famosa piedra pómez, en muchas oportunidades se podía traer cuando se iba a la playa o bien se podía comprar en el mercado. Este artículo ha caído en desuso pero está seguro el de la letra que habrá algunos hogares, como en el del que lo cuenta, que aún conserva una de ellas.

            Otra de las costumbres que aún es posible que se conserven en algunos hogares yucatecos es el uso de floreros, en la época de la infancia/adolescencia del que esto escribe, recuerda que en la sala y comedor siempre había uno de estos, por lo general de cristal y lo curioso del caso es que en muchas ocasiones las flores que la ornaban no eran naturales, ya sea de plástico, de muy buena calidad (la mamá del de la letra las compraba con la fayuquera del rumbo) o bien las tejían. Para que éstas lucieran erguidas, era común clavarlas en arena, por lo general cada visita al puerto era casi obligación regresar con una bolsita de arena, para el fin antes descrito. Posteriormente se empezó a usar plastilina para suplir la arena y ya con el tiempo el uso de los floreros cayó en desuso y los ramitos de plástico o tejidas quedan en el recuerdo. Pero en casa del de la letra siempre hay uno pequeño con una que otra varita para seguir con la costumbre.

            Siempre los yucatecos y más aun las yucatecas saben que no hay nada mejor que unas cuantas hojas de naranja, echas en infusión para calmar aquellos malestares de “los nervios y en ocasiones se usaba para el susto. El té o infusión de azahar se sigue usando y solo basta salir al patio (ya que en la mayoría de los hogares yucatecos hay un árbol de naranja o en casa de la vecina) y arrancar algunas hojas. La leyenda urbana menciona que es muy efectivo, tanto como los huaches comen un bolillo cuando tienen un gran susto.

            Ya que estamos en el patio recolectando hojas (hemos hecho un viaje diacrónico y nos encontramos en la época de recolectores), si se tiene la fortuna de tener una mata (árbol) de ciricote, las hojas se usan, entre otras cosas, para lavar sartenes y ollas. Esta práctica el de la letra manifiesta que en muchas ocasiones vio como su mamá (dep) lavaba esos enseres domésticos, ayudado no con fab o detergente, sino con un poco de ceniza que previamente había recogido del anafre.

            Ya que nos estamos refiriendo al anafre, el día de hoy se usan asadores o parrillas para cocinar al carbón, en aquellos años de los sesenta y setenta, en la mayoría de las casas yucatecas (meridanas y del interior) había siempre en el patio un anafre que servía para que nuestras mamás, auxiliado con una parrilla que sostenía la carne o las piezas del pollo, asaran la carne para la comida. Este pequeño asador constaba de dos partes que al unirlas atrapaban en medio la carne a cocinar y cuando se cocía una parte se podía voltear. Estos asadores se podían conseguir (comprar) en el mercado. Regresando al anafre, éste se alimentaba con algunas piezas de carbón, éstos se compraba en la tienda de la esquina y se podía comprar por latas (siempre eran latas de chile jalapeño lavadas). Pero no crean mis caros y caras lectoras que se encendía de inmediato, noooo, tardaba un poco o en el mayor de los casos, un mucho y veíamos a nuestra mamá-cocinera abanicar con un pedazo de periódico o con un abanico elaborado de palma que se usaba para este fin. La clave para que se encendiera rápido el carbón era meterle unas bolitas de papel para tratar de encender el carbón y también se le ponía algo que de manera inmediata hacía que el carbón se pusiera de color rojo, el prende rápido. Pequeñas bolitas de papel que estaban impregnadas con petróleo. Estas también se conseguían en las tiendas.

            Una vez asado el pollo (casi siempre era para asar pollo y comerlo el domingo) o bien el poc chuc o carne asada, el resto del carbón se acumulaba en la parte inferior del anafre y ahí estaba hasta que había la necesidad de usarlo con la hoja de ciricote para su uso en el lavado de ollas y sartenes. Era una garantía que se le quitara el cochambre y quedaran casi como nuevas.

            Ya que nos referimos al carbón usado como medio para cocinar, hay que mencionar que éste (el carbón)  aún se sigue usando en algunos hogares yucatecos con una doble función. La primera, como desodorante en las neveras o refrigeradores, poniendo un pedazo de carbón, se menciona y asegura que hace que los malos olores de algunos alimentos desaparezcan dentro del mismo, con el tiempo y el paso de los Avones y Stanhomes y otros más, este pedazo de carbón se fue olvidando. Ahora por lo general se usan pequeñas latitas de marcas diversas. Pero el que esto escribe siempre tiene un pedazo de carbón en el refri para evitar los malos olores. El otro uso que se le da al carbón, leyenda urbana o no, pero el que esto cuenta fue testigo de escucha que muchas personas le comentaron que cuando un alacrán los picaba, sus mamás les daban para mascar un pedazo de carbón y evitar que se entumiera su lengua. El que haya pasado por esta experiencia seguro recordará solo el piquete y la boca negra por el carbón.

            Es seguro que en algunas casas de las abuelas de edad avanzada o de los sesenta y más sea común observar en las mesitas o debajo de algún florero o del teléfono fijo alguna carpetita tejida. Es posible que hoy día se puedan conseguir en alguna de las muchas tiendas chinas que se encuentran en nuestra ciudad, elaboradas de plástico u otro material semejante. Las carpetitas son un derivado de los manteles grandes tejidos que acostumbraban tejer nuestras mamás y abuelas, el de la letra recuerda que su madre tenía la costumbre de tejer grandes manteles y carpetitas, por lo general era para algún obsequio o para y uso doméstico. Ella (la mamá del de la tinta) acostumbraba ir a casa de una maestra que vivía por el rumbo del Cabrío, de nombre doña Casilda, para tejer y aprender nuevas puntadas. Seguro en la casa de alguna cara y caro lector aún conservan alguna carpetita o mantelito tejido.

Cosas que aún se usan en los hogares yucatecos en pleno Siglo XXI

            Algo que ya no es común observar en los hogares de las parejas o matrimonios jóvenes, es el de colgar en las paredes de su sala y comedor alguna fotografía de alguno de los integrantes de la familia. El que esto escribe recuerda que durante casi toda su infancia y adolescencia era común ver en las salas de las casas de amigos y familiares, grandes fotografías a color o blanco y negro de los niños de la familia,  era común el retrato de caritas”, por lo general eran seis(6) poses que se acostumbraba y se podía captar (el fotógrafo)  algunas de las reacciones de los nenés, risa, molestia, llanto, alguno que otro “pucherito”. Por lo general se acudía a uno de los estudios de fama de la ciudad para tomarlas. No podía faltar la fotografía de la pareja casada, de alguna fotografía familiar en Navidad u otra ocasión, colgaban todas en un marco vistoso.

            Ahhh y aquellas fotografías que se tomaban cuando la niña cumplía quince años. Era todo un orgullo, foto de gran tamaño y con un marco de superlujo, el que esto cuenta recuerda que en casa de la mamá de una compañera de la escuela, en su sala se encuentra una fotografía de ella cuando cumplió 15 años. Huelga decir que los cambios en la actualidad son patentes. Con el paso del tiempo los marcos con cristal, pasaron de moda y se comenzó a usar cajones de madera o aglomerado para sostener las fotos que se pegaban. El de la letra tiene en la pared de su escalera, algunas fotografías rescatadas de sus ancestros, todas en muy buen estado y en sus marcos y con cristal. Algunas de estas fotografías son de principios del siglo XX.  Esos recuerdos son muy bonitos.

            Seguramente mis caros y caras lectoras aún conservan en sus hogares alguno de los puntos tratados en la nota o bien, continúan usando algo que hace algunos años era algo común y ahora resulta un poco raro.

            Carpe diem

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