Opiniones

¿Qué encontramos en la marcha del 13/11/22?

Marcha Mérida INE

La primera cosa que me llamó poderosamente la atención de la marcha realizada en CDMX, el 13-11/22, fue el grado de enajenación de algunos de los participantes, quienes al ser entrevistados por algunos medios de comunicación,  hablaron de un México inexiste. Por ejemplo, una señora alta, de voz gruesa y empresaria, dijo que “nos quieren quitar la navidad, nos quieren impedir acudir a la iglesia, a los oficios religiosos”. ¡Dios, Mío!, me dije, dónde sucede eso, en qué lugar se ha intentado tal cosa, que, además, de ser ciertas estas palabras, los jerarcas de la iglesia ya hubieran pegado el grito cielo. Por el contrario, la iglesia sí apoyó explícitamente la marcha del domingo.

Las palabras de la mamá de Claudio X. González no tenían nada que ver con la manifestación, ni su contenido en defensa del INE, pero sí describieron el grado de resentimiento humano que habita en la señora, al decirle al presidente “’pata rajada’, ni los zapatos más caros te van a quitar lo ‘pata rajada’”. ¿A quiénes en nuestros país se les llama así? Obviamente a los indios, a los huarachudos, a quienes se les agrietaba la piel de los talones de sus pies. Esas palabras sí fueron un verdadero insulto al Pueblo de México, al del pasado y del presente. Pero para quienes apoyan a Claudio Xicontencatl, deben ser justas y precisas.

En todo ello encontramos el grado de enajenación que nos quieren vender. Esa condición la encontramos en Denise Dresser, en López Dóriga, Loret de Mola, en el payaso Brozo y toda la constelación de opositores a la Cuarta Transformación.

Hoy, un periódico local encabeza su primera página con el titular “Despertar Ciudadano”. No había leído en años un título tan fuera de la realidad. En ese sentido, tan enajenado. ¿Por qué? Porque el Pueblo mexicano esta más vivaracho que nunca. Ya no le dan atole con el dedo.

Una marcha convocada por políticos y empresarios vengativos, por haber perdido sus privilegios, que lograron reunir a cientos de personas, no tiene nada de despertar del Pueblo, porque  TODO el despertar de la ciudadanía estaría del lado de López Obrador y no del lado de los convocantes a la marcha del domingo.

El eslogan «El INE NO SE TOCA» no  es muy afortunado, pues contiene un sentido de propiedad absoluta. Y eso es peligroso, porque el INE no pertenece a los consejeros de ese instituto, no lo costean ellos, ni tampoco los manifestantes, lo costeamos todos los que generamos impuestos con nuestras compras. Luego, entonces, es tocable, es penetrable y modificable. 

Esas palabras del eslogan elevaron al INE al nivel de la santidad que se vive en el Vaticano. Quiero decir, la figura  papal, pues una vez elegido el Papa es irremovible e intocable. Con ese extremismo están cuidando al INE. Estas palabras equivalen a los anuncios puestos en lugares exclusivos de ciertas empresas, como «prohibido el paso», en el caso de las cocinas de restaurantes exclusivos. O el «prohibido tocar», expuesto en cierta tiendas que venden productos  para reducidos grupos de consumidores.

“México está ‘polarizado’”, decían, y decían una verdadera desmesura, porque somos 126 millones de seres que caminamos sobre la tierra mexicana. Y de esa cifra, solo unos miles hacen estas romerías, mientras la otra enorme cantidad está en sus viviendas haciendo lo mejor con sus propias historias y viviendo sus particulares intereses.

¿Qué se reunieron miles en la marcha? Son hasta poquitos, si pensamos en la cantidad de militantes del PRIAN, y que no se unieron a esta diatriba del empresario Claudio Xicotencatl, quien, por cierto, guarda un enorme parecido con su señora madre.

Aquí en Mérida, bastión del panismo, nos encontramos con que no hubo participación masiva. Solamente un grupo de ciudadanos se reunió frente al local del INE ubicado en las cercanías del parque de la Colonia México.

En conclusión: No pasa nada, porque esos grupos de agitadores sociales no logran rebasar lo que han reunido antaño y hogaño, a pesar de ser tres partidos políticos y un grupo empresarial que se jacta de enorme capacidad de convocatoria.

El INE se debe adecuar según las propuestas del presidente de la república.

De acuerdo con el historial de José Woldenberg, de Ciro Murayama y Lorenzo Córdova Vianello, ellos son los propietarios de esa institución, de la que no han salido desde su fundación. ¿No cuando una cosa es así, se le llama dictadura? Y hay que escuchar a Córdova Vianello llamarse, desparpajadamente, demócrata.

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