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Aumentan la población y las haciendas (25)

Al cierre del 1900, Yucatán tenía 310,746 habitantes, 13,658 más de los que había en 1895. El Estado contaba entonces con 2,510 fincas rústicas, 192 más que un lustro antes. (1). En esas fincas rústicas trajinaban indígenas mayas, a los que pronto se sumarían yaquis y posteriormente coreanos, así como trabajadores de otras latitudes.

La inmigración forzada de los yaquis se veía como un factor favorable para la agricultura yucateca. En 1900 se difundió la noticia de que el Ministro de Fomento y el ingeniero Manuel de Arrigunaga y Gutiérrez habían firmado un contrato sobre el particular.

La integración de los yaquis en las haciendas se presentaba a la opinión publica de manera romántica, como una especie de cuento de hadas, pues se aseguraba que aquellos recibirían única y exclusivamente la benéfica y civilizadora influencia de sus amos, a fin de que rescatarlos de su salvajismo; su captura se justificaba porque le hacían la guerra al gobierno porfirista.

            […] El contrato referido tiene por objeto, y como principal punto de mira, proporcionar trabajo en las haciendas de los dos Estados de nuestra península, a los indios yaquis que han caído o caigan prisioneros en la campaña de pacificación que el Gobierno se ha visto obligado a emprender a causa de la actitud hostil por los émulos del sanguinario Tetabiate.

            Se han puesto en el contrato condiciones que redundan en beneficio de los rebeldes, siendo la principal de ellas la de que sean instruidos por los hacendados. Con tal motivo, se crearán en las fincas Escuelas nocturnas en las que los niños indígenas obtendrán conocimientos sobre Geografía, Historia, Aritmética, Idioma castellano, etc.

            Este proceder del gobierno, obedece sin duda a la convicción firme y plena que tiene de que los yaquis hacen armas contra él tan sólo por la ignorancia crasa en que se encuentran sumidos desde hace buen número de años, desconociendo por completo los beneficios de la civilización, que rechazan.

            Trabajando y recibiendo enseñanzas, bañando sus almas en las aguas lustrales de la ciencia, irán poco a poco amoldándose a las costumbres y usos de los puntos civilizados, y así podrán conseguirse de una manera lenta quizá pero segura, llegar sin grandes sacrificios ni inauditos esfuerzos a la meta de las aspiraciones de nuestro Gobierno: lanzar al palenque de la lucha por la vida honrada y laboriosa, a esos miembros enfermos de la gran familia nacional, que con su trabajo aumentarán la riqueza pública y olvidarán, ya regenerados, su inconducente actitud de hoy que está costando vidas, y muy preciosas algunas, a nuestra patria mexicana […] (2)

Se añadía que ya habían llegado 250 yaquis, en su mayoría mujeres y niños, los cuales habían sido instalados en la hacienda Tankuché del Estado de Campeche. Se trataba de viudas que las fuerzas federales habían capturado luego de los combates registrados en Mazacoba. Recuérdese que la política del gobierno federal para con los indios yaquis consistía en desmembrar las familias como castigo por su insurrección. El redactor de la nota que nos ocupa, quizá para conjurar el desencanto de algunos lectores, en el sentido de que las mujeres poco servirían para los trabajos rudos de las haciendas, se apresuró a apuntar que lo más seguro era que en un día no muy lejano, también se traerían hombres yaquis a la península.

            […] Ahora bien, estas mujeres, atendiendo a los informes exactos que poseemos, podemos asegurar a nuestros lectores que, para ciertos trabajos de campo, son casi tan fuertes y animosas como los varones.

            Entre las que se encuentran actualmente en la citada finca, las hay que hacen diariamente hasta dos mecates de chapeo (trabajo a que principalmente se les ha dedicado) en planteles de henequén.

            Otras hacen un mecate y medio cada día, y las que menos uno, mostrando el estímulo de ganar la mayor cantidad posible. Usan para sus labores de campo el mismo traje y las alpargatas de nuestras campesinas, y se cubren la cabeza con un sombrero de anchas alas.

            Van muy gustosas al trabajo, no conocen la pereza y son muy obedientes y sumisas y de magnífico carácter. Trabajan dando al viento las alegres canciones que en su lengua aprendieron, y después de las tareas cotidianas, vuelven retozando y con la más viva alegría retratada en los semblantes, a sus humildes viviendas […] (3)

La promesa de que pronto llegaría más obra de mano insurrecta se cumplió pronto, pues días después se supo que el domingo 17 de junio, el vapor mexicano “Porfirio Díaz”, que había atracado en Progreso procedente de Tampico, había traído a 80 jornaleros yaquis destinados […] a las colonias que la Compañía Colonizadora tiene en la costa Oriental del Estado. Dichos individuos siguieron su viaje a bordo del vapor “Ibero”, de la referida Compañía […] (4) A finales de octubre se aseguró que pronto el gobierno federal remitiría más yaquis a Yucatán, pues ya había capturado a cerca de mil y los había concentrado en Guaymas, antes de asignarles un nuevo destino. (5) (Continuará) 

Referencias

(1).- 1895-1900. (1900, 20 de noviembre). La Revista de Mérida, p. 2.

(2).- En pro de la agricultura yucateca / Importante inmigración. (1900, 7 de junio). La Revista de Mérida, p. 1.

(3).- Íbid.

(4).- Jornaleros Yaquis. (1900, 20 de junio). La Revista de Mérida, p. 2.

(5).- Más yaquis para Yucatán. (1900, 23 de octubre). La Revista de Mérida, p. 2.

Para saber más sobre los yaquis en Yucatán, recomendamos la lectura de Padilla Ramos, Raquel. (2011). Los irredentos parias. Los yaquis, Madero y Pino Suárez en las elecciones de Yucatán, 1911. México: INAH, Historia, Serie Logos, 212 pp.

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