Cultura

La errónea divulgación de los libros

            Desde 1980 la Cámara Nacional de la Industria Editorial (CANIEM) y algunas instituciones federales han distribuido cada 12 de noviembre, Día Nacional del Libro, una edición conmemorativa de carácter gratuito, que se reparte masivamente, sobre todo a través de las librerías y las instituciones públicas de Cultura.

            En términos generales, la idea ha sido ejemplar y, para ser congruentes, han elegido obras de autores mexicanos o de temas relacionados con nuestro país. Como era de esperarse, el primer libro que circuló en esta serie hace 42 años fue una antología de Sor Juan Inés de la Cruz, cuya fecha de nacimiento da lugar a esta celebración editorial.

            Sin embargo, ha habido uno que otro desatino en la selección y lo señalo como parte de la ausencia de perspectiva en cuanto a política cultural en que se incurre por ceder a caprichos y personalismos.

La errónea divulgación de los libros

            Un ejemplo es lo ocurrido en 2012, cuando el libro elegido fue Cumpleaños, de Carlos Fuentes. Cuando leí por primera vez esta novela corta a los 19 años de edad tuve cinco intentos para avanzar en la lectura y ya un tanto frustrado opté por seguirme de largo, pasando la vista por las páginas sin una verdadera comprensión del texto. Asumí que era yo muy joven, con muchísimo todavía que aprender, y que seguramente años después podría entenderla con la misma fluidez que otros cinco libros del mismo autor que me habían encantado y no me habían causado ningún tipo de conflicto de lectura.

            Emprendí la relectura unos diez años después y seguí en las mismas. Bien avanzado en la treintena hice otro intento, con la misma nulidad de avance. Al tener la mencionada edición conmemorativa en las manos ya a mis 48 años de edad me esforcé en comprenderlo, considerando que tanto mi capacidad lectora como mi cultura general eran mayores que en los intentos previos. El avance no fue mucho. Sin embargo, recurrí a un ensayo sobre Fuentes, escrito por el poeta y ensayista Manuel Durán e incluido en el libro Tríptico mexicano y al fin pude obtener claves para poder desentrañar, aunque fuese en parte, esa compleja noveleta.

            Manuel Durán asevera que en esta obra Fuentes le hizo un mínimo de concesiones al lector y que para su comprensión justa se requiere tomar muchas notas. consultar enciclopedias y resolver acertijos. Yo diría en estos tiempos que habría que leerla con una biblioteca enorme alrededor y a la vez con acceso a internet. Puede parecer muy extraño que una novela tan breve pueda ofrecer esa dificultad tan grande, pero propongo a quien lo dude que intente leerla. Eso explica que varios críticos, entre ellos Emmanuel Carballo, la consideren una novela fallida dentro de la vasta obra del reconocido escritor mexicano.    

            ¿Por qué entonces seleccionarla para su divulgación masiva? Supongo que se trató de una ocurrencia de algún funcionario ya que Carlos Fuentes había fallecido en abril de 2012 y su cumpleaños era el 11 de noviembre, justo un día antes del Día Nacional del Libro. Se le dio prioridad a la persona por encima de la función, a la fama por encima del deber, al título por encima del contenido. Se hubiera podido satisfacer todos esos criterios, con una antología de cuentos o de fragmentos de novelas del propio autor que fueran accesibles. El resultado hubiera contribuido a una mejor apreciación de su obra y no a un desperdicio de papel y tinta por la barrera que dicho texto representa.

La errónea divulgación de los libros

            Otro caso es el del libro Cuentos mexicanos inolvidables, una selección hecha por Edmundo Valadés y cuyo tomo 2 inicia con el titulado “La mujer sentada”, de Sergio Magaña. Es precisamente esa inclusión y ese inicio el que quiero destacar en aquel libro conmemorativo de 1994. Ese relato es valioso y no se le puede reprochar nada ni en su estructuración ni en su prosa ni en su efectividad narrativa. El problema es que el tema no parece ser idóneo para estas décadas de violencia que vive México, por el pasaje del atroz castigo que dos adultos mayores imponen a una mujer, forzándola a sentarse sobre un madero colocado verticalmente y bien afilado en la punta.

            Quizá concedería yo que ese cuento se encontrara páginas más adelante y no al mero inicio, pero parece una inconsciente perversidad que lo hayan elegido para que reciba al lector, sea porque lo violento del texto lo incite a seguir leyendo o le haga abandonar la lectura del libro. Esto no tendría importancia si se tratara de una publicación convencional, pero en este caso el propósito es la divulgación a fin de fomentar la lectura, más aun cuando tantos lectores noveles tienen a interpretar de manera didáctica los textos, como si sus finales fueran moralejas.

            Por razones similares a las anteriores justifico la petición que me hicieron algunos promotores de lectura en cuanto a no leer en público cierto texto de otro de estos libros conmemorativos. Para ellos ese escrito era demasiado vulgar en su obscenidad y escatología, a pesar de provenir de uno de los escritores mexicanos más reconocidos. No era un asunto de moral sino de racionalidad para no procurar obstáculos en la promoción lectora que terminen espantando al público al que se desea motivar.  

            Reitero que la crítica a los textos de referencia es sólo por su empleo con fines de motivación, que equivale a darse un balazo en el pie. Más que nada, mi intención es señalar ese tipo de política cultural que pierde de vista su objetivo y se dedica a satisfacer asuntos personales.

Jorge Cortés Ancona

Licenciado en Derecho, con Maestría en Cultura y Literatura Contemporáneas de Hispanoamérica. Es egresado del Doctorado en Literatura de la Universidad de Sevilla con una tesis sobre teatro y boxeo, y cuenta con un DEA (equivalente de maestría) de la misma institución. Ha impartido clases y cursos en diversas instituciones educativas y culturales sobre literatura e historia de las artes visuales. Ha escrito numerosos artículos y entrevistas sobre temas culturales y figura en varias antologías de poesía.

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