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Deportes y otras diversiones (24)

Ciclismo

Semanas antes de la inauguración del velódromo, un grupo de amigos de Felipe Ibarra y de Regil organizaron dos fiestas en su honor en aquellas instalaciones:

            […] A las diez de la noche partieron de esta ciudad en el carrito “La Esmeralda” y se constituyeron en el amplio y elegante lugar mencionado, que, entre paréntesis, estaba primordialmente iluminado.

            El concierto del popular Chan Cil amenizó aquella simpática fiesta de la juventud, y entre alegres carcajadas y chistes de guante blanco, se pasaron horas deliciosas, cuatro horas de positiva expansión y alegría […] (1)

            […] Poco después de las siete de la mañana del domingo, más de veinte miembros del club ciclista “Águila”, se dieron cita en el ameno local del Velódromo Yucateco, en donde se regalaron con una sabrosa tamalada, chocolate, leche, cerveza, etc.

            La reunión, en que se respiró un ambiente de satisfacción y fraternidad, duró hasta las nueve.

            Nos informan que el próximo domingo, día fijado para la inauguración del Velódromo, su estimable y fino propietario Sr. D. Felipe Ibarra [y] de Regil, obsequiará también en el propio lugar, con una tamalada de quinientos tamales, cerveza helada, etc., a señoritas y caballeros de su amistad, que serán por él invitados […] (2)

El 3 de junio, un día antes de la inauguración, que sería presidida por el gobernador del Estado, se publicó el programa de las primeras seis carreras de bicicletas que registraría la historia del velódromo y que habían sido organizadas por el Club Ciclista Águila: en la primera, de fuerza, de dos kilómetros, competirían Adolfo Zavala, Raimundo Cámara, Miguel Loza V., Alfonso Peón, Ernesto Martínez H. y Juan A. Trejo; en la segunda, media fuerza, de un kilómetro, lo harían Alfonso Peón, Juan Tamayo, Ricardo Gutiérrez, Vicente Rendón y Miguel Loza V.; en la tercera de niños, de medio kilómetro, Juan Tejero, Gonzalo Zavala, Antonio Zaldívar, Alberto Vales Millet, Alfredo Zaldívar y Alfonso Zaldívar; en la cuarta, de velocidad, de tres kilómetros, Adolfo Zavala, Enrique Peón, Raimundo Cámara, Alfonso Peón, Miguel Loza V. y Fernando Rendón; en la quinta, de tandem, fuerza, de un kilómetro, Fernando Ponce y Vicente Rendón, Fernando Rendón y Ernesto Zavala; en la sexta y última, handicaper (carrera diferencial), de un kilómetro, tomarían parte todos los corredores inscritos. Un jurado integrado por varias damas conferiría los premios a los vencedores. El propietario del velódromo fletaría el tren de Mérida a Valladolid para que los interesados pudieran viajar gratis hasta las instalaciones el domingo por la tarde. (3)

Por fin llegó el esperado día 4 de junio y poco después de las cinco y media de la tarde comenzó aquella fiesta con los acordes de la Banda de música del estado y el entusiasmo de la multitud presente que había utilizado el citado tren y también coches particulares para llegar a Chuminópolis. El programa originalmente publicado sufrió algunas modificaciones de última hora:

            […] En la primera carrera, tomaron parte los jóvenes Adolfo Zavala, Raimundo Cámara y Miguel Loza V., habiendo resultado vencedor el joven Zavala que recibió medalla de oro.

            En la segunda carrera, en la que tomaron parte los jóvenes Alfonso Peón y Ricardo Gutiérrez, salió vencedor el joven Peón.

            En la tercera carrera de niños, en que se vio correr a los niños Juan Tejero, Gonzalo Zavala y Alberto Valles Millet, venció el niño Zavala.

            En la cuarta carrera (velocidad), en que compitieron los jóvenes Adolfo Zavala y Raimundo Cámara éste obtuvo el premio.

            Tomaron parte en la carrera de “Tandem” los jóvenes Fernando Ponce C. y Vicente Rendón, y Fernando Rendón y Ernesto Zavala. Para éstos fue desgraciada la carrera, porque se les zafó un pedal, y obtuvieron el premio los dos primeros.

            Hubo después una carrera especial, en que tomaron parte los mismos de la carrera de “tandem”, pero por separado, y en esa suerte obtuvo el triunfo el joven Fernando Rendón.

            En el handicaper o carrera diferencial, en la que tomó parte el mayor número de ciclistas presentes, resultó triunfador el joven Adolfo Zavala, en medio de los vítores de la numerosa concurrencia que lo declaró champión de nuestros ciclistas.

            Terminada cada carrera y oído el fallo de la comisión computadora, cada vencedor recibió una medalla de oro que le fue prendida por la mano pura y virginal de algunas de las distinguidas damas que, componiendo el jurado, ocupaban el airoso kiosko levantado en el centro del “Velódromo”.

            Tal jurado fue constituido por las Sritas. Cámara Vales, Vales Millet, Lolita Bolio Cantarell, Pilar Cámara Zaldívar, Castillo Zavala e Ibarra y de Regil.

            La concurrencia selecta y numerosísima que acudió al Velódromo, estuvo muy divertida y quedó satisfecha del éxito de aquella fiesta, la cual fue preparada con todo el entusiasmo apetecible […] (4)

La única nota discordante fue que la Empresa de Tranvías, que seguramente vio en el velódromo una amenazante competencia para los Recreos de Itzimná, se negó a proporcionar los carros para transportar del centro a Chuminópolis y viceversa, a la gran concurrencia.

            […] No hay quien ignore lo que pasó allá, desde las 7 de la noche hasta las 8 ó 9. Hubo gran trifulca, mueras a la Empresa de Tranvías, destrozos en algunos de sus carros, uno de los cuales fue conducido hasta la Plaza principal, a despecho de su conductor, y otras cosas por el estilo que exasperaron el ánimo de más de 500 personas que impacientes aguardaban un carro para venir a la ciudad.

Los detalles de este asunto son vergonzosos y mejor es no darlos a conocer […] (5)

Finalmente consignaremos que apenas veinte días después de su apertura se inauguraron las tertulias en el velódromo, para regocijo de quienes tenían acceso a ellas:

            […] En la serie de nuestras diversiones clásicas tiene que figurar como una de las más agradables y dignas de recordarse siempre, la selecta y elegantísima tertulia del lunes último que se verificó en el “Velódromo Yucateco” y que, de acuerdo con el apreciable propietario de ese establecimiento, fue correctamente organizada por el Club ciclista “Águila”.

            Una noche espléndidamente serena en que el cielo, pabellón magnífico salpicado de estrellas, cubría la ciudad; un local amplio y ameno (el Velódromo) engastado en el verde exuberante follaje del campo, una selectísima concurrencia formada de familias honorables y distinguidas y de caballeros de la sociedad, y un programa musical con el mejor gusto combinado y desempeñado por numerosa orquesta, dócil a la batuta magistral del reputado artista Pepe Cuevas y a la ejercitada de su hermano Justo, he ahí lo que, en resumen, dio halagadores matices a la reunión del lunes.

            ¿Qué corazón no palpitó, qué nervios no se estremecieron, al vibrar en el aire las caprichosas armonías de “Pique Dame” y “Bandidos alegres” de Suppé, los retozones compases del valsista alemán Waldteufel, los artísticamente ligeros de “To the Fairest” de  José Cuevas, y sobre todo y más que nada, los fragmentos de la siempre felicísima composición imitativa de Bizet, “Carmen” y de la delicada gavota de Arditi “L´Ingénue”? Todos los pechos palpitaron en aquella audición, todos se abrasaron en el entusiasmo por el arte musical.

            ¡Dichosos los que pueden asistir a menudo a reuniones de ese género!

            Fuera de la parte musical, los Sres. Norberto Otero y Ramón Aldana [Santa María] recitaron composiciones en verso: el primero un fragmento del drama de Echegaray En el puño de la espada y la famosa poesía La palmada [*] que honra a la musa portorriqueña; y el segundo, un poemita (original) dedicado al Club Ciclista, y el entonado y tirteico Boedromion del insigne bardo veracruzano D. Salvador Díaz Mirón.

            Para hacer más grata la fiesta, derrocharon fineza, cortesía y obsequiosidad el Sr. Presidente, el Secretario y algunos miembros del Club Ciclista, y el señor propietario del “Velódromo” […] (6)

En resumen, el ciclismo como deporte aparentemente había entrado en una pausa, pero la bicicleta como vehículo de traslado continuaría su marcha imparable. (7) (Continuará)

Referencias

(1).- Festejos a un amigo. (1899, 25 de mayo). El Eco del Comercio, p. 2.

(2).- En el Velódromo. (1899, 30 de mayo). El Eco del Comercio, p. 3.

(3).- La inauguración de mañana. (1899, 3 de junio). El Eco del Comercio, p. 3.

(4).- La inauguración del Velódromo. (1899, 6 de junio). El Eco del Comercio, p. 3.

(5).- Íbid.

(*) El autor es Manuel Zeno Gandía.

(6).- La tertulia del Club Ciclista “Águila”. (1899, 29 de junio). El Eco del Comercio, p. 2; véase el programa musical completo en: La Tertulia en el Velódromo. (1899, 24 de junio). El Eco del Comercio, p. 3.

(7).- Recomendamos ampliamente la lectura de Zapata Bello, Gabriel. (2019). Solo de movimiento fue su alma. La bicicleta y el ciclismo en Yucatán 1876-1971. USA: Ibukku, 184 pp., una investigación exhaustiva sobre estos temas.

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