Cultura

Julio Mejía Salazar. Apuntes Biográficos

Julio Mejía Salazar. Apuntes Biográficos

            La Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Yucatán celebra su aniversario número 195 de intensa y exitosa actividad académica, y la Universidad el centenario de su creación por el gobernador socialista de Yucatán, Felipe Carrillo Puerto.

            En este extraordinario marco universitario, agradezco cumplidamente a estas instituciones, y al Director de Derecho, Dr. Carlos Alberto Macedonio Hernández, por la invitación a estar aquí en la presentación del libro “Julio Mejía Salazar. Biografía”, de la autoría del Lic. Felipe Escalante Ceballos y de quien les habla.

            La obra se debe principalmente al Lic. Escalante Ceballos, quien tuvo una larga convivencia con el Lic. Julio Mejía Salazar. Registró, para fortuna de la historia de la abogacía en Yucatán, diversas anécdotas, que constituyen la parte relevante del libro que nos reúne en este recinto universitario. La producción libresca se debe a la sociedad “Compañía Editorial de la Península”, y al principal editor yucateco, Lic. Gaspar Gómez Chacón.

            El libro contiene treinta y dos textos del Lic. Escalante Ceballos, un anexo fotográfico, y unos apuntes biográficos del Lic. Mejía Salazar, y se redactó, apuntó el Lic. Escalante Ceballos, “como un reconocimiento al que en su época fue considerado el mejor litigante de Yucatán –y, según estimo, también fue el mejor en todo el sureste de nuestro país- don Julio Mejía Salazar”.

            De los Apuntes, proporciona ahora los siguientes datos:

            Abogado y Notario Público

            Don Julio Mejía Salazar ejerció la profesión durante más de siete décadas, a partir de su graduación como abogado en 1941, y hasta su fallecimiento en 2012. 

            Además, desde el 25 de mayo de 1951 y hasta su fallecimiento, se desempeñó como Notario Público, Titular de la Notaría Pública Número 39 del Estado. Ejerció la fe pública con estricto apego a la ley, sin ninguna mancha, durante más de sesenta años, y constituye ejemplo para las nuevas generaciones de fedatario públicos.

            Por su destacada trayectoria como litigante, no sólo en la rama penal, fue distinguido por el Poder Público, al entregarle la primera Medalla al Mérito Jurídico “Rafael Matos Escobedo”, en 2009, cuyo objeto es “otorgar un justo reconocimiento a los profesionales del Derecho, que hayan realizado aportaciones trascendentes en los campos de la docencia o de la investigación jurídica, en el ámbito legislativo o jurisdiccional o en el ejercicio cotidiano del derecho, que constituyan un ejemplo para las personas dedicadas al estudio y práctica de la ciencia jurídico”.

            En el dictamen unánime de la comisión dictaminadora se expresó: “Su talento jurídico y experiencia acumulada a lo largo de los años de intenso estudio y aplicación en los tribunales nacionales, conocido por su excelencia litigiosa en el Foro Yucateco, le permite el dominio de las distintas áreas de aplicación del Derecho. Y es, sin duda, distinguido penalista yucateco de los siglos XX y XXI”.

            Y para el otorgamiento se tuvo en cuenta que “es una persona intachable, con una trayectoria notable en la ciencia del Derecho, tanto como litigante y como Notario, y por sus aportaciones jurídicas a la sociedad civil”.

            Ese día, como en otros más, fue un hombre feliz, satisfecho con su labor de defensa de los derechos de muchas personas, y reconocido también por la sociedad yucateca.

            El jurista yucateco Rafael Matos Escobedo (1893-1967) se desempeñó como Ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, y D. Julio gozó de su amistad, como apuntó el día de la condecoración:

            – “Acepto la Medalla, porque además lleva el nombre de un destacado jurista yucateco, Rafael Matos Escobedo, con quien tuve encuentros profesionales, él como Ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, y yo como abogado litigante; y también otros encuentros cordiales, ambos como amigos y paisanos, en mi Bufete Jurídico, que en más de una ocasión, distinguió con su presencia”.

            En la década de los años sesenta del siglo pasado fue integrante de los prestigiosos despachos jurídicos de los Abogados Carlos Cámara Gómez en esta ciudad de Mérida y Antonio Guerra Leal, de la ciudad de México, Distrito Federal.

            Durante su ejercicio profesional como Abogado, fue tal su reconocimiento que asesoró legalmente a los Gobernadores del estado de Yucatán: José González Beytia (1946-1951); Agustín Franco Aguilar (1958-1964); Luís Torres Mesías (1964-1970); Carlos Loret de Mola Mediz (1970-1976); Graciliano Alpuche Pinzón (1982-1984); y Víctor Manuel Cervera Pacheco, en los períodos (1984-1988 y 1995-2001).

            D. Julio nunca quiso aceptar un cargo público, prefirió la independencia del profesional del Derecho.

            Sin embargo, se desempeñó durante 24 años, durante el período de 1964 a 1988, como Secretario de la Comisión Electoral del Estado, entidad que se ocupaba de la organización de las elecciones locales. Coordinó, así, las elecciones de los gobernadores Carlos Loret de Mola Mediz, Francisco Luna Kan, Graciliano Alpuche Pinzón y Víctor Manzanilla Schaffer.

            Después de la reforma constitucional al artículo 105 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos que introdujo en el constitucionalismo mexicano, las acciones de inconstitucionalidad y las controversias constitucionales, en el periodo gubernamental de Yucatán, 1995 a 2001, el Lic. Mejía Salazar intervino sagaz e inteligentemente en una de las primeras Controversias Constitucionales que atendió la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

            Fue la planteada por el  alcalde de Mérida  en contra del Poder Ejecutivo estatal, por un asunto de recursos públicos federales que se entregaban a los ayuntamientos. La Corte le dio la razón al Ejecutivo y no al ayuntamiento de Mérida. El abogado del Ejecutivo del Estado fue D. Julio Mejía Salazar.

            D. Julio atendía su clientela y amigos en su acreditado Bufete Jurídico, ubicado en el cruce de las calles 61 y 66, en el centro de la ciudad de Mérida, todos los días, con excepción de los sábados. Desde el viernes por la tarde, viajaba a Tekax, en donde fomentaba un rancho. Al retornar el domingo, acudía por la noche a su despacho para preparar los asuntos de la semana que iniciaba. 

            Su Bufete Jurídico estaba estratégicamente ubicado en el centro de la ciudad, ya que, como se recuerda, en el costado norte del edificio conocido como El Ateneo Peninsular, funcionaban los juzgados de primera instancia, civiles y familiares, y el Tribunal Superior de Justicia. Las oficinas del Catastro y del registro Público de la Propiedad del estado, que se ubicaban en la parte superior del edificio del Bazar García Rejón. No tan distantes del centro, estaban los juzgados penales, en donde funcionaba también la Penitenciaría Juárez.

            Acudía a su Bufete Jurídico, en busca de su asesoría legal, toda clase de personas: jueces, abogados, magistrados, amigos, gobernadores y exmandatarios, diputados, políticos, servidores públicos, campesinos, obreros. A todos los trató igual, a los poderosos y a los olvidados por el poder. Su capacidad e inteligencia siempre estuvo al servicio de quien solicitó de su asistencia legal.

            Algunos datos familiares

            D. Julio nació en esta ciudad de Mérida, Yucatán, el 9 de agosto de 1915 y falleció el 17 de mayo de 2012, a la edad de 96 años. Sus padres fueron los señores Eusebio Mejía Orozco y Damiana Salazar Aguilar, y sus hermanos fueron Eusebio, maestra Aída, Francisco, maestra María Jesús, y Dr. Ignacio Mejía Salazar.

            Contrajo matrimonio con Doña Margarita Cáceres Gómez, quien falleció en 2000, procreando siete hijos: Abogada Luz Margarita, Abogado Julio y Abogado Jorge Eusebio (ya fallecidos), Contadora Pública. Patricia Elizabeth, Profesora María Guadalupe, Arquitecta Aída Gabriela, y Contadora Pública. María Sofía.

            Realizó sus estudios de educación primaria en las Escuelas “Jesús García” e “Hidalgo”; de educación secundaria en la Escuela “Adolfo Cisneros Cámara”; de bachillerato en el “Instituto Literario del Sureste”; y sus estudios profesionales en la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad de Yucatán.

            Se tituló como Abogado, sustentando examen los días 16 y 17 de enero de 1941, presentando el tema “Breve estudio jurídico encaminado a hacer pronta la tramitación de los juicios”, siendo sus sinodales los Abogados Max Peniche Vallado, Carlos Cámara Gómez, Pastor Bautista Novelo, Hernán Canto Echeverría y Manuel Castillo Solís.

            La Patente de Notario Público de Yucatán, titular de la Notaría número 39 del estado, es de fecha 24 de mayo de 1951, otorgada por el gobernador Profesor José González Beytia, y por el Secretario General de Gobierno, Licenciado Mauro Cetina Ferráez. Quedó registrada ante el Consejo de Notarios de Yucatán el 24 de los propios mes y año, siendo Secretario de éste el Lic. Carlos Pérez García.

            D. Julio era un lector convencido. No sólo de textos jurídicos; siempre recomendaba leer las resoluciones de la Corte, dictadas durante la 5ª Época, cuya colección engalanaba los muros de su Bufete Jurídico. Era reconocida su atracción por la historia nacional. Era uno de los abogados yucatecos que mejor había examinado la obra gubernamental del presidente Porfirio Díaz.

            Otra característica de D. Julio era su buen humor. Una vez le dijo al Lic. Escalante Ceballos, luego de la lectura del primer libro de éste, “Adobado con achiote” (2003): “Pilo, ayer en el monte, en el rancho, a las 12 de la noche me estaba carcajeando de tus pendejadas”.

            Su larga y relevante trayectoria profesional de litigios, destacadamente en materia penal, generó interesantes, curiosas, ejemplares anécdotas, que son relatadas por el abogado Felipe Escalante Ceballos, y que constituyen la parte sustantiva del presente libro, que ahora nos dispondremos a escuchar y recordar.

            D. Julio, un gran hombre, falleció hace ya diez años. El Foro yucateco aún no tiene, en este inicio de la tercera década del siglo XXI, a otro distinguido abogado penalista como lo fue el Lic. Julio Mejía Salazar, a quien siempre se le recuerda con respeto, aprecio y admiración.

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