Opiniones

Cuba, más de cincuenta años callejera

A más de cincuenta años de vivir en la revolución castrista, el pueblo cubano sigue viviendo en condiciones inaceptables desde el punto de vista humano, pues viven dificultades que no pidieron, y por el contrario, les prometieron que serían erradicadas. La justificación a la paupérrima situación de un amplio sector de la población cubana, la han acurrucado, los políticos, en el “criminal bloqueo norteamericano impuesto al heroico pueblo cubano”.

Vista desde afuera, Cuba resulta ser un lugar donde la vida se ha convertido en una triste lucha diaria por conseguir lo que sea para alimentarse, vestirse o esparcir el espíritu. Y el sentimiento de tristeza se radicaliza cuando encontramos que en nuestra pequeña Mérida, cualquier ciudadano, sea del sur o del norte, entra a un supermercado y construye, en un carrito del super, una montaña con todo tipo de mercancías, mercancías para satisfacer las necesidades de toda la escala de una familia, es decir, desde las de un niño de pecho hasta las de un viejecito en silla de ruedas.

¿El pueblo cubano ha pedido, pide, vivir de esa manera? ¡Por supuesto, que no! La realidad social de Cuba, es lo que es, por determinaciones políticas inaceptables, como la de “la dignidad del pueblo cubano es inclaudicable”. ¡Por Dios!, esa es una postura netamente individual, que pone sobre lenguas de fuego a una población entera. Quiero decir, por una ideología de gobierno se provocan una serie de carencias poblacionales, que por supuesto, no las tienen los mandatarios. Por ejemplo, los apagones de la luz eléctrica son un sufrimiento diario, pero junto con ellos se pueden comprar plantas eléctricas portátiles, que son imposible de adquirir por el común de la sociedad, pero que con toda seguridad, prestan servicio en los domicilios de los dirigentes del gobierno revolucionario. Adjunto a ese ejemplo, vendrían el de la adquisición de alimentos y otros muchos más.

En ese contexto, no me imagino a un familiar de Diaz Canel, haciendo cola para ver si logra conseguir un muslo de pollo, o caminando por la ciudad tratando de comprar una botella de aceite para freír alimentos. Sin duda, ellos no viven esa realidad diaria.

El sufrimiento y el sacrificio del “heroico pueblo cubano”, se ha convertido en un mecanismo ideológico que suple o tapa las deficiencias de los gobernantes revolucionarios, quienes, a través de esas palabras, han recibido y siguen recibiendo toneladas de ayuda del exterior. Y en ese orden de cosas, hay una pregunta que se hace el pueblo cubano: “¿Chico, de que vives?” “¡De la fe!”. Esta última palabra significa, de un familiar en el exterior.

Cuba, como isla, tiene en su extenso mar un potencial alimenticio para su población. Entonces, ¿por qué no se ha hecho un Plan Nacional de pesca para consumo interno? Son capaces de decir los gobernantes que no tienen una flota pesquera o insumos para redes o construcción de barcos para tal tarea. Pero nos encontramos una Cuba que marcha en carretas tiradas por mulas, o poblaciones enteras usando leña para cocinar. Entonces, esto me hace recordar, que los navegantes españoles construían en pocos días, carabelas para continuar sus hazañas marítimas. En la realidad de la vida cubana, construir naves de ese tipo, no sería desmesurado, más bien resultaría una posible solución a la escasez de alimentos.

¿Por qué en lugar de tener a los ancianos, sentados a las puertas de sus casas, esperando el momento de ir a buscar los alimentos que les corresponde por la libreta, no organizan Granjas Gerontológicas? La tercera edad tendría en este tipo de lugares, ejercitación acorde a su edad, actividad física y mental, y alimentos para ellos y la población.

Todos los humanos quieren comprar algo, ¡lo que sea! Si algún producto es barato en el mundo, es el plástico. ¿Por qué no fundar el palacio del utensilio plástico? Además, el país que produce enorme cantidad de esos productos, es China, país amigo de Cuba.

Estas cosas nunca serán posibles, porque la mentalidad del político está mediatizada por la ideología y las prioridades revolucionarias, y de allí, no salen, aunque a la población de hoy, le valen un bledo.

Por otro lado, la ayuda del exterior se ha convertido en un modus operandi y un modus vivendi de los representantes de la revolución.

La manera de ser del gobierno cubano, se ha convertido, en toda la población cubana, en la cultura del lamento y la queja, para despertar crudos sentimiento, y obtener ayuda de quien sea.

Siendo visitante a la isla, uno recibe una andanada de peticiones, “un dólar, algo para comer, un lápiz labial, lo que le sobre y no se quiera llevar de regreso a su país, o un momento de placer sexual por un puñado de divisas”.

Lo cierto, lo obvio y evidente, es que muchas de esas peticiones, son inerciales. Viendo bien las cosas, muchas de las necesidades no parecen reales, porque el sobre peso físico, niega que no haya comida, la ropa diaria, los lentes, el tinte de cabello, los tenis, las camisetas de marca, niegan todas las carencias que la población dice tener. En ese contexto, dirigencia nacional y población, tienen la misma verbosidad.

Es real, en Cuba, uno no puede cruzar la calle para llegar al Oxxo y comprar Sabritas, chetos, galletas de canela, soles o de limón. Uno no puede ir a la tiendita de la esquina y salir con el tomate, el chile, la cebolla, el ajo, la harina, el azúcar, unos huevos, y todo lo necesario para la comida del día.

La revolución cubana necesita evolucionar. La Era Cibernética, así lo demanda. De otro modo, de un celular podrá venir la nueva revolución.

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