Cultura

Sed de amar, un melodrama de gran profundidad

Daniel y Diego descubren cuantas cosas tienen en común.

El colectivo “Versus Teatro” está celebrando diez años de fructífera existencia. Para ello ha organizado a lo largo de este año el estreno de varias obras de la autoría de su director, Wilberth Piña. Para culminar esta venturosa celebración, el pasado sábado, en el Foro Alternativo “Rubén Chacón”, tuvimos la oportunidad de atestiguar el estreno de un profundo melodrama titulado “Sed de amar y otras enfermedades congénitas”. La obra es esencialmente humana hasta el tuétano, nos presenta a dos seres tomados directamente de la vida real, cómo lo podríamos ser usted o yo. Dos seres a los que, un accidente totalmente fortuito pone en contacto y, de esa situación incidental, va surgiendo un diálogo que fluye con asperezas, desacuerdos, controversias, y que, al final, los lleva a descubrir cuántas cosas tienen en común, y los lleva a tomar un nuevo camino, ahora juntos, y dejando fuera de su nueva realidad al tercer personaje de la historia, el que nunca aparece en la escena, pero es el que define muchas cosas de la cruda historia que se narra en la obra.

Wilberth Piña, gusta de jugar con claves en sus dramaturgias, y esta obra no es la excepción. En ésta, nos presenta la letra D como eje central de los personajes: Daniel, Diego y Dante. Cada uno tiene su vida propia, Daniel y Dante llevan una relación de pareja. Diego, cae en la trama de forma totalmente accidental: Un leve accidente automovilístico, en el que se lesiona una pierna. Daniel, Wilberth Piña, que es un hombre bueno y sensible, se siente profundamente responsable del hecho, y trata por todos los medios de aliviar el dolor de Diego, Alfonso Espinosa; lo lleva a su casa, trata de curarlo, pero Diego ha mal interpretado la cosas y se da una situación tensa y ríspida. A lo largo de los diálogos, nos vamos enterando de que Diego es un sexoservidor, y cree que Daniel está requiriendo sus servicios, plantea sus condiciones, establece tarifas y demás. Daniel le señala lo confundido que está. Es su cumpleaños, y tiene preparada una cena para compartir con su pareja, Dante. En ese momento, llega al celular de Daniel un mensaje de Dante en el que le anuncia que da por terminada la relación, pues ha encontrado a alguien del que se ha enamorado. La noticia deja a Daniel totalmente abrumado.

Daniel y Diego se van conociendo.

Diego se turba al ver el estado de Daniel, y entre ellos se entabla un diálogo en el que se van revelando sus vidas y, sin darse cuenta, entre ellos va naciendo una corriente de afecto. Daniel, llorando, le dice a Diego: – Siéntate, come, ya está servido. Diego le dice: – Él está feliz, y tú aquí llorando por alguien que no vale la pena. Diego va relatando cómo entró al mundo de la prostitución: – Un coche se detuvo en la calle obscura; así empecé. Daniel medita: – Un golpe de realidad nos abre los ojos. Ni siquiera estoy seguro de amar a Dante. Ambos llegan a una conclusión profunda: – La necesidad de amar es congénita. Diego dice con alegría: – Para la garganta, el vino; para el corazón, también. A través de su plática se van dando cuenta de que Diego es por quien Dante ha dejado a Daniel. Pero a ninguno de los dos le importa ya Dante. Daniel invita a Diego a vivir con él. Diego, toma el retrato de Dante sobre una mesita, lo pone boca abajo, y se van juntos. Es Dante el que ha quedado fuera de la vida de los dos.

Los diálogos escritos por Wilberth, son en un rico lenguaje coloquial. Por momentos son muy intensos, en otros, son más relajados, siempre son directos. Hay escenas de gran intensidad. Otro acierto de Wilberth es la elección de la música de fondo, ésta es de Federico Chopin, no podía ser de otro modo. Los Estudios, Preludios y Valses Rápidos, viene como anillo al dedo para ilustrar las pasiones desatadas entre los protagonistas. Wilberth construye muy bien sus personajes. Daniel, es sensible, bueno, cordial. Diego, está endurecido por la vida que lleva; el mundo de la prostitución, no es un mundo cordial, y tiene que aprender a defenderse. El que pega el primer zarpazo, pega dos veces. Pero en el fondo de esa su dureza aparente, hay un alma sensible. Wilberth, construye magistralmente el personaje de Dante. Nunca aparece en escena, pero su presencia es una constante sensible.

La iluminación de Manuel Araiza, puso a las escenas los ambientes necesarios para transmitir el mensaje preciso que se busca. La asistencia técnica de David Navarro pone lo suyo para el buen logro de la puesta.

“Sed de amar y otras enfermedades congénitas”, es un digno colofón del décimo aniversario de “Versus Teatro”. Todavía habrá más funciones de esta obra. ¡No se la deben perder, porque vale la pena verla!

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