Cultura

El Cordón

El Cordón
Grupo The Electric Flag.

En aquel departamento de la ciudad de México, ubicado en Chicago 23 colonia Nápoles, se encontraba sentado en circulo en el suelo un grupo de jóvenes escuchando música. En un principio, cada quien iba por su lado. Las mentes se abrían. Cuando el grupo «The Electric Flag» lanzó al aire “Killing floor”, inundó aquel pequeño espacio, literalmente visualizaron las ondas auditivas de tal grandiosa melodía. Música multicolor. Los sonidos casi se podían tocar con las manos. El requinto de Mike Bloomfield hizo que uno de ellos levitara hasta el techo, mirándose así mismo y al grupo. Desprendimiento trascendental. Entre todos incurrían pensamientos filosóficos. Ellos eran diferentes. El resto eran simples mortales.

Dentro de la especie de fuegos artificiales que miraban en aquel pequeño cuarto, después de mucha palabrería, hablando de todo y de nada, sí, pero no, llegaron a la conclusión de que el mexicano era tan estúpido que no era capaz de amar. Salieron a la calle. Avenida Insurgentes Sur. Los frondosos árboles que la adornaban eran escudriñados, llegando a observar incluso las gruesas raíces debajo de la tierra. Comprobaron a si mismos la gran fraternidad entre ellos. Sentados en un puente peatonal miraban a las miles de personas que caminaban por la calles. Gente acompañada y, sin embargo, solitaria, sin saber en realidad a donde pertenecían. En el puente, ellos se sentían unos gigantes y los de abajo eran tan chiquititos.

Los cinco viajeros de la neblina morada (de ese color miraban a la monstruosa Ciudad) abordaron un autobús. Yo soy él, como tú eres yo, todos vamos juntos. Las puertas de la percepción, abiertas de par en par, observaban incluso el correr de la sangre en las venas. Sube al autobús un obrero en huelga y da un discurso revolucionario. Ellos saben que es falso. El chofer tiene cara de caballo. Es un caballo. En otras palabras, sube un joven y a los pocos minutos comienza a sufrir terribles convulsiones. Ataque de epilepsia, el muchacho, en sus estertores, intentaba agarrarse del cordón de plata que salía de su cabeza y que lo ataba a la vida. Feroz lucha por atraparlo. A punto de darse por vencido, el joven capturó el cordón y recuperó el conocimiento y, en medio de una deslumbrante luz, regresó a la vida. Los muchachos del departamento, con los ojos desorbitados, se preguntaron al unísono: ¿Vieron ustedes lo mismo que yo? Y asintieron.

“El cordón de plata es, según la filosofía hindú, lo que nos une a la vida y es invisible”.

P.D. Los psiquiatras dicen que más de una persona no puede tener la misma alucinación.

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