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Los viejos relojes de la ciudad

Los viejos relojes de la ciudad

Los mayas no requirieron de relojes para conocer la hora. Con la luz del sol se guiaban para saber la hora y además, siendo muy ordenados en sus cosas, sabían la hora de sus comidas, de sus ejercicios militares y en fin, de todo lo que requería alguna puntualidad. Raza sabia sin duda.

Con los españoles llegaron los primeros relojes, de arena o de complicados mecanismos que no resultaban tan puntuales como el sol que alumbraba a los mayas.

Los siglos coloniales

Con los siglos coloniales se incrementó el uso del reloj, pero no tanto como lo es hoy. Se dice que en la catedral existía un reloj de arena al que recurrían los meridanos para saber la hora. Es más, don Justo Sierra O’ Reilly ha escrito que el reloj catedralicio indicó el tiempo en que estuvo encerrado en el gran templo el gobernador José Campero, quien salió del edificio rumbo a su muerte unas horas después de haberse introducido en él por misterioso mandato, a las doce de la noche.

Más tarde llegaron los relojes públicos de pared, el más famoso en su tiempo, fue uno de la catedral que se le había encargado construir a un ingeniero guatemalteco que habitaba en Mérida a fines del siglo XVII o principios del XVIII. El tal reloj era una obra maestra de construcción, pues sonaba bellamente las campanadas a las horas precisas, con campanadas que podríamos llamar celestiales por su armonía. Lamentablemente el dicho ingeniero tuvo que regresar a Guatemala y nadie supo componer el gran reloj al descomponerse, por lo que lo retiraron de sus servicios y tomó su lugar uno ingles en la torre derecha de la misma Catedral y que hasta ahora existe, aunque sin servir para nada pues nunca nadie se encargó de componerlo cuando se necesitaba.

Ya proseguiremos hablando de los viejos relojes meridanos en otras entregas.

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