Cultura

“Delirio Teatral 2022”, digno exponente de nuestro glorioso Teatro Regional Yucateco

El Teatro Regional es uno de los amores más profundos de nuestro pueblo, es una antigua y entrañable tradición con raíces que llegan a niveles insospechados en el alma de todas las clases sociales. Nuestro Teatro Regional tiene un poder de convocatoria que no tiene comparación alguna con ningún otro espectáculo. El Haanal Pixán, es una tradición que nos llega desde el fondo de los tiempos, es un legado de nuestra cultura madre, la cultura maya. En todos los hogares yucatecos, poner el altar para recordar a los Fieles Difuntos, es una actividad que une profundamente a las familias yucatecas a su alrededor. La mesa de Haanal Pixán es un símbolo de la yucataneidad en el que, el sincretismo se vuelca a plenitud y se combinan y confunden la cosmogonía maya con las tradiciones cristianas, que nos llegaron de allende los mares. Hoy, sólidamente fundidas, le dan sentido al ser y sentir de todos los yucatecos. La combinación de estas dos raíces entrañables, tiene que dar como resultado un evento capaz de reunir a una multitud, en una cantidad poco común, y que muy pocas causas son capaces de reunir.

“Delirio Teatral”, es una representación festiva creada hace más de treinta y cinco años por entrañables figuras de nuestro teatro vernáculo, entre los que se encuentran Lord Albert, Rubén Chacón, Tomás Ceballos y otras personas más que escapan la memoria. La popular actividad nace en el seno del CEDART, cuando estaba ubicado en la Avenida Colón, en la casona de Don Juan Campos Casares. Después se traslada al Parque de Santa Lucía, a la Casa de la Cultura y, con el paso de los años, se ha ido convirtiendo en un evento esperado cada año, y poco a poco va tomando visos de tradición. Ahora, en nuestros tiempos actuales, es un evento que convoca a verdaderas multitudes, que se vuelcan a las calles del Centro Histórico, desde Santa Ana hasta la Plaza Grande, y que, en el derrotero del paseo concurren ataviados para la ocasión, de manera festiva e ingeniosa. Así, al paso de las calesas, (lamentablemente eléctricas) vimos brujas, calaveras, tanto mestizas como catrinas, y todos los personajes que la imaginación pueda evocar y que eran apropiados para tal ocasión.

El Teatro Regional, es una actividad que ha fascinado a mi alma desde la infancia. Los dorados recuerdos de los hermanos Herrera Bates, son motivo de profunda alegría que llena mi espíritu de un regocijo que no tiene comparación con nada que se le parezca ni ligeramente. Por muchos, verdaderamente muchos años, he seguido la ruta del Teatro Regional, gozando cada una de las innovaciones que las figuras que han ido surgiendo le han puesto. Pero lo más importante, el Teatro Regional conserva ahora, y conservará siempre, (eso espero) su calidad de ser un espejo de la sociedad yucateca y sus más caras tradiciones. Desde luego, el Teatro Regional de cada época tiene su propio lenguaje, y así debe ser. Ahora no se habla cómo se hablaba en tiempos de Don Héctor Herrera Escalante, ni en el de los hermanos Herrera Bates, ni de Cholo, y muy pronto ni de Dzereco y Nohoch. La sociedad yucateca está en un cambio constante, el que nuestro teatro vernáculo ha de marchar al ritmo que esa realidad le marque.

Pues para mi sorpresa, y también gran alegría, este año he sido convocado a participar en “Delirio Teatral 2022”, divertida y amena comedia de nuestro entrañable Teatro Regional. Y de golpe y porrazo me encuentro en un alto escenario, ante la monumental fachada de la Catedral de San Ildefonso, caracterizando a un viejo sordo, pero que compone lo que medio oye, de la manera más inoportuna que uno se pueda imaginar, pero que con sus irreverentes interpretaciones arranca la risa del respetable. Nunca me soñé alternando con verdaderos monstruos de nuestro teatro, como Mario III, Pixculín, Candita, X’Pet, Doña Chela, Cheto y lo más granado de nuestro querido teatro tradicional yucateco. Celebro el privilegio de haber vuelto a alternar con una reina de nuestra escena, como lo es la gran Bertha Merodio, capaz de asumir el personaje más difícil que uno pueda imaginar y salir airosa de la empresa. Alternar también con Narda Acevedo, Betty Yáñez, Andrea Herrera, Asunción Haas, Octavio Ayil, el querido José Luis Almeida, Juan Carlos Argáez, fue una experiencia enriquecedora y maravillosa. Descubrir en Miss Possy, el maravilloso arte del transformismo y la versatilidad. Mi admiración y respeto por los jóvenes alumnos de la Escuela de Teatro de la ESAY, Nelli Castro y Samuel Rodarte, dieron ejemplo de disciplina, puntualidad y compromiso en su desempeño. ¡Bravo muchachos!

Alicia García Rosado, X’Pet, supo arrastrar la pluma con una generosa dosis de gracia y amenidad, y nos dio una dramaturgia maravillosa, hilarante, como los grandes que dejaron huella, como Fernando Mediz Bolio o Álvaro Brito. La mano suave, pero firme, de Tomás Ceballos, supo pulsar el timón y nos condujo a puerto seguro, de principio a fin de la puesta. Y el público meridano, ese generoso público meridano, que se volcó a la Plaza Grande, que se rio con las gracias, disparates y picardías de la obra; que coreó las canciones; que animó en todo momento; es el actor principal y el mantenedor de la vida que alienta en el Teatro Regional. Los jóvenes integrantes del Ballet Folclórico “Jaguares”, llenó del arte de la danza los intermedios con gran versatilidad. Y los que no se ven, el asistente de dirección, Alejandro Ortega, los encargados de la parte técnica, del sonido, de las luces, de los efectos, para ellos ¡Aplauso de pie! Los personajes de la obra no hubieran tenido el impacto que tuvieron, sin el mágico maquillaje de Carlos Madera Echeverría que, además, es un gran bailarín.

La puesta toda fue un acierto total. El numerosísimo público que abarrotó la Plaza Grande se fue con el alma rebosante de alegría, la alegría natural que levanta y levantará siempre, nuestro entrañable Teatro Regional Yucateco.

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