Cultura

Paloma Zarzoza Romero

Paloma Zarzoza Romero
Paloma Zarzoza Romero

Paloma Zarzoza Romero es una joven yucateca que un día, sin decir “agua va”, agarró sus bártulos y se fue. Lo hizo porque quiere ser bailarina y cuando se tiene una decisión de tal naturaleza, los horizontes locales se achican, y entonces, se buscan otros campos.

Era mi alumna. Le daba clases individuales durante horas y horas por la mañana, y por las tardes en Chasse, academia de las maestras Alejandrina Blanco y Melissa Vega.

El trabajo personalizado lo realizábamos porque para conseguir un buen nivel técnico en el ballet, mientras menos alumnos se tenga en un grupo, tanto mejor; y si se tiene clase individual de dos horas diarias, excelente.

Trabajamos músculo por músculo, utilizando las  habilidades de cada uno de ellos para los movimientos del conjunto de ejercicios de la técnica clásica.

“Los glúteos para tal, el sartorio para aquello, el desarrollo de las pantorrillas por tal o cual”. “Hay que tener mucho cuidado con el tendón de Aquiles y respeto absoluto por las rodillas, porque si una de estas partes se daña, el futuro puede ser nefasto”, eran las indicaciones que Paloma recibía constantemente. Este meticuloso trabajo fue interrumpido por el Covid-19 y estábamos  en la etapa final de ese azote universal,  cuando supe que se había ido para Monterrey. Me pareció plausible su decisión. En esa ciudad, el ballet ha tenido, en el corto plazo, un desarrollo ejemplar, tanto o mejor que el de la propia Ciudad de México. Han sido varias  yucatecas y  yucatecos que han ido a parar en ese lugar buscando una buena alternativa en el ballet. Recuerdo a Aldo Santiago, Reveriano Camil, Martha Paola Canales.  Y últimamente, Aniuska Camacho, quien últimamente  nos regala  galas de ballet, acompañada de las alumnas de la academia de su señora madre, Aniuska Pérez Santana de Camacho.

Las distintas escuelas de ballet de la ciudad, han educado  una buena cantidad de estudiantes talentosas que han estado fuera de la entidad, dando muestras de sus amplias posibilidades en el arte coreográfico. Con todas ellas, ya se podría hacer una excelente compañía de ballet, pero el problema es que los directores de cultura en vez de tener el éter de  la artes en las paredes cerebrales, tienen el colesterol que produce tanto kastakán, panuchos, cochinita pibil o pibes que consumen a menudo.

Y no está mal que la cultura para ellos  sean esas mortales viandas, lo malo es que no hagan el intento de ver las bondades nutricionales al espíritu de una dieta basada en las bellas artes. 

Paloma me hizo llegar una fotografía de su imagen en clase y un documento que la acredita de muy bien, en el trabajo técnico. Me ha parecido importante compartirla ambas cosas, con el público lector de nuestro periódico digital estamosaqui.mx.

Deja un comentario

Botón volver arriba
error: Este contenido está protegido. Gracias.