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Los circos sin animales… ¿Serán lo mismo?

Los circos sin animales... ¿Serán lo mismo?

Eran los años cuarenta de la centuria pasada: circos de diversas nacionalidades iban y venían a Mérida todo el tiempo. Un espectáculo popular y emocionante que lo mismo divertía a chicos que a grandes y generalmente se quedaban una buena temporada por acá.

Y no era cosa nueva, pues ya desde el siglo XIX actuaban en nuestra ciudad con sus estupendos artistas y un cúmulo de animales que gustaban y asombraban a los chiquitines. Pero regresemos a los años cuarenta, cuando nosotros, pequeños aún, acudíamos con nuestros padres a disfrutar abiertamente del circo.

Recuerdo entre los animales más populares a Truxon, que llevaba el sobre nombre de «el gorila caballero», pues lo era, acaso mucho más que algunos que presumen serlo. Truxon se comportaba con seriedad en la compañía de su domador, al que realmente no lo necesitaba. Era amigable, juguetón, y nos hacía reír a todos los espectadores. También traía aquel circo, cuyo nombre he olvidado, a Fany, una vieja y mansa elefanta que, quiérase o no, asustaba a los pequeños. También estaban los infalibles payasos, para la chiquillería: me acuerdo de Rabanito, que hacía reír hasta las piedras.

Una temeraria actuación

Por 1946 o 47 llegó a Mérida el Circo Atayde -excelente en verdad, y se alojó en los terrenos de la Casa del Pueblo. Ahí conocimos a los leones «en persona» y sobra decir que producían el temor entre el público (Qué tal si se escapa uno, se decía con el Jesús en los labios) y el Atayde se trajo también a un motociclista que se introducía en una especie de jaula a la que llamaban «el globo de la muerte» y ya dentro, se ponía a maniobrar su vehículo, erizando a todos. ¡Había que verlo!

Con los años, se ha venido comentando que existe la posibilidad de que eliminen a los animales del elenco del circo. Por una parte, se perdería una buena parte del espectáculo, pero por otra, se daría libertad a los sufridos animales, hoy, lejos de su habitad.

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